El ventarrón de la energía eólica
Un reciente informe de la Academia Nacional de las Ciencias de EE.UU. destaca las bondades de la energía eólica como fuente de energía de futuro a nivel planetario.
El informe señala que la energía eólica fue la modalidad que más creció en los Estados Unidos en 2008 (42% de la nueva potencia instalada), aunque tan sólo supone el 2% de la energía consumida en ese país. El estudio valora las posibilidades de la energía eólica en otros países del mundo, destacando las potencialidades de esta modalidad en China, Rusia o India, que podrían así ir sustituyendo el porcentaje actual de energía producida por centrales térmicas de carbón y reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera. Y también las posibilidades que ofrecen los parque eólicos marinos.
En Europa, la Comisión Europea aprobó a finales de 2008, el ambicioso Plan 20-20-20, esto es, la obtención en el año 2020 de un 20% de reducción de emisiones de CO2, un 20% de energías renovables en el consumo final y un ahorro del 20% en el consumo energético.
En relación con la energía eólica, la consecución de este objetivo debería suponer la existencia de una red eléctrica integrada; de manera que la falta de producción eólica en unos países se compensase con la obtenida en otros, en función de la situación meteorológica existente en un momento dado. En España el 16% de la potencia eléctrica instalada tiene origen eólico, pero el consumo final de este tipo de energía es tan sólo del 10%. Térmicas, ciclo combinado y nuclear acaparan aún el 70% de la energía eléctrica que consumimos.
La energía eólica precisa de zonas con vientos regulares y no excesivamente fuertes. Nuestras latitudes medias se encuentran en el “pasillo” de los vientos del oeste que reúnen esas características. Aunque no debemos convertir una fuente energética importante en exclusiva. La buena planificación energética –que sigue faltando en Europa y en España ¡¡¡- debe apostar por la diversificación de las fuentes y la garantía de suministro.

EL PARAGUAS