Genes hasta en la sopa
¿Preocupados por la edad con la que sus hijos o hijas comenzarán sus relaciones sexuales? Pues según un estudio de la Universidad de Oregón, publicado en Child development, que ha revisado el comportamiento de mil parejas de primos adolescentes, son sus genes los responsables, y no la influencia familiar, como tradicionalmente se pensaba.
¡Vamos!, que si alguna vez le comenzamos a dar importancia a la educación sexual, y la implantamos en serio en todo el sistema educativo, y no con charlas ocasionales, o en centros escolares, que se lo montan aisladamente, habría que hacerlo con un estudio genético previo para priorizar y poner más énfasis en los más predispuestos a tener conductas de riesgo. Ya lo dice Simon Blake, de la ONG especializada en educación sexual Brook Advisory Centre.
Ya sabemos la importancia de los genes, pero una vez más, resulta sorprendente la facilidad con la que se construyen titulares, que hacen de un estudio aislado, y contradictorio con otros muchos, casi una realidad definitiva. Y además se sacan conclusiones, para planificar la educación sexual, en este caso.
Los genes, la familia, los amigos, la sociedad, el tipo de educación sexual, los circunstancias, etcétera, etcétera. Todo influye en nuestra conducta sexual. Y hace que seamos una especie de puzle mucho más interesante que simples máquinas determinadas por los genes, según unos, o por los reflejos condicionados, según otros. De modo que la educación sexual ha de ser para todos y todas, y con todos los ingredientes necesarios para abarcar ese amplio espectro que, ¡menos mal!, somos.

EL CAZAFANTASMAS