Mrs Robinson vuelve a estar de moda
Simon & Garfunkel vuelven a estar de moda. Ha aparecido en Irlanda del Norte la “doble” del personaje de su canción Mrs. Robinson y también de la película El Graduado, la cual contaba la historia de una señora madura de la sociedad americana que seducía a un jovencito. Dejando aparte los problemas de corrupción acompañantes, es escandaloso el escándalo montado simplemente por las relaciones sexuales entre una mujer mayor y un joven, aunque sea la mujer de un primer ministro.
Claro, que es más escandaloso aún que esta señora, Iris Robinson, la esposa del primer ministro norirlandés, sea una devotísima cristiana protestante pentecostal y miembro del Tabernáculo Metropolitano de Belfast, y famosa por su fuerte personalidad y su tendencia a apelar a la Biblia para justificar su extremismo religioso y su puritanismo en las costumbres; y también su intensa homofobia.
Ahora que está tan de moda hablar de genes de la infidelidad, de neurotransmisores de la pasión amorosa, del vino tinto y el deseo sexual femenino, de la serotonina y la eyaculación, del gen de la eyaculación precoz, de la oxitocina y la fidelidad, de feromonas y deseo, etc., etc., cabría peguntarse si hay algún gen, algún neurotransmisor o algún otro factor externo o interno que determine que muchas personas extremadamente puritanas, incluso militantes fervorosos de la represión sexual, se desmadren en su vida privada, haciendo todo lo contrario de lo que tan apasionadamente predican.
Como hay tantos, sobre todo en las sociedades más puritanas, como Irlanda, donde tan elevada es la incidencia de casos de curas pederastas, no estaría mal hacer un estudio. Aunque parece cada vez más claro, que detrás de tantas fachadas puritanas, existe con mucha frecuencia una obsesión sexual compulsiva, que acaba poniendo a estas personas en una terrible contradicción entre lo que dicen y lo que hacen.

LA CAMA ELÁSTICA
Desde luego algo les ocurre. Yo creo que en el fondo están todos mucho más salidos que la media de los mortales
Comentario por ara — Enero 25, 2010 @ 12:28 pm
Yo marco una diferencia entre la represión, a la definiría como medidas sociales que delimitan al individuo en su comportamiento y que se rigen por la imagen que queremos proyectar y el control que vendría a ser lo mismo pero autoimpuesto por nuestra ética personal privada y que se rige por la imagen de lo que decidimos ser. La definición es genérica a características que tienen esta dualidad y creo que se ajusta a la sexualidad.
No se si existe correlación entre la presión de una y la expansión de la otra, si es así quizás deberíamos preguntarnos que mecanismos de homeostasis, es decir de equilibrio, tiene nuestro cerebro para no enfermar y para satisfacerse.
Conductas como el caso expuesto, mezclan comportamientos delictivos, supuestamente se utilizaron fondos públicos en “pago de favores sexuales” al joven, unido a una relación que tan sólo se podría decir que es “éticamente reprobable”, ya que era mayor de edad.
En estos casos es difícil llegar a juicios de valor, pero si nos centramos sólo en la relación sexual, hace que nos demos cuenta de la notoriedad de un comportamiento dependiendo del poder o de la repercusión social del implicado. Hay comportamientos antisociales y delictivos de mayor calibre que pasan sin atención mediática, ya que sólo importa lo que vende.
Comentario por F. Romero — Enero 25, 2010 @ 1:28 pm