Los antepasados del pene
Siempre se piensa que un macho es un ser vivo que tiene un pene pegado a su cuerpo. Y esto no es así. Existen muchos machos sin pene. Las tuátaras, que son reptiles primitivos parecidos a las iguanas, acoplan sus cloacas para la transmisión de semen. Los machos por tanto no poseen un aparato copulador o pene. Igual ocurre en las aves, pues salvo en las ratites (avestruces, ñandús, etc.), anátidas y unas pocas especies más, el grupo carece de órgano copulador.
Y en una especie, en la actualidad amenazada de extinción, el hipocampo o caballito de mar, es la hembra la que tiene una especie de pene (ovopositor) con el que inserta los huevos maduros dentro de la bolsa incubadora del macho, que queda así “embarazado”, y que luego parirá con “dolor”. Claro que otros machos, como muchos reptiles, tienen un pene doble.
Pero el pene, no siempre estuvo ahí. Aparece a través de la evolución, después de la aparición de la cópula, como un eficaz remedio contra la ineficiencia procreativa que supone dejar al azar la fusión de los óvulos y los espermatozoides, y el posterior desarrollo de los huevos fecundados.
Ahora parece que unos paleontólogos, John A. Long y otros dos colegas australianos, examinando a dos ejemplares adultos de Incisoscutum ritchiei, (orden de los artrodiros), concluyeron que ya en el Devónico, los machos artrodiros fertilizaban a las hembras manipulando su aleta pélvica para hacer llegar su esperma. Es decir, el precursor del pene, con casi 400 millones de años de antigüedad. ¡Qué invento más antiguo!

LA CAMA ELÁSTICA