La nueva Ley de Plazos permitirá a las mujeres recurrir al aborto libre en un plazo máximo de catorce semanas de gestación. ¿A favor? ¿En contra? La red ya está que arde.

Fernando Berlín es el creador de Radiocable.com, una pionera emisora de radio en la red. Ha recibido el premio Ondas y el del Club Internacional de Prensa.
La complejidad de este debate está relacionada con los múltiples asuntos que convergen: religiosos, científicos, sociológicos y de integración social.
Esos principios han cambiado a lo largo de la historia. Por tanto, hay poderosos argumentos en ambas direcciones: aborto sí, aborto no. Yo me inclino por aceptarlo, aunque con márgenes controlados por las leyes.
Mi planteamiento es el siguiente: abortar no es una experiencia positiva para nadie, pero la gente lo hace y, por tanto, debe contar con todas las garantías sanitarias, con límites bien marcados por la ley. Las ambigüedades son poco tranquilizadoras, pero también poco realistas. Una ley clara, cuyos plazos yo desconozco, nos permitiría saber quién está transgrediendo los acuerdos democráticos. Estos permiten que convivamos sin tensiones, al margen de consideraciones religiosas, más propias del individuo que del colectivo.
Otro debate realmente inquietante es el que tiene una vertiente más científica: ¿cuándo empieza la vida? Pero ante esta pregunta también se pueden plantear matices: que hay vida –actividad celular, por ejemplo–, ¿significa que hablamos de un ser humano?
Un punto de vista interesante es el que define al feto como ser cuando ya puede sobrevivir de forma autónoma, sin la madre. Esto genera un nuevo debate, porque la ciencia avanza y reduce cada vez más esos tiempos. Sin embargo, esa acepción dota a la madre de responsabilidad biológica con esa nueva vida, y por eso le da cierta autoridad para decidir sobre su continuidad, mientras se trata de su propio cuerpo, durante un tiempo determinado.

Nacho de la Fuente es uno de los bloggers más reconocidos en la red española.
Es periodista y coruñés. Su blog, La Huella Digital, fue galardonado en 2006 con el premio BOBs.
Ante todo hay que defender la vida. No se trata de una posición tanto religiosa como humanística, porque la sociedad debe proteger al ser más indefenso. Vivimos un tiempo muy individualista en el que los valores humanos también están en crisis.
Estos valores, hasta hace no mucho tiempo, eran considerados capitales. En mi opinión, solo en determinadas circunstancias, muy complejas –como violaciones, malformaciones del feto y problemas congénitos–, debiera ser aceptable el aborto, y en ese caso debe ser una decisión de los padres. Pero no puede ser un recurso para la contracepción.
Hoy, la libertad sexual es muy alta, y el nivel de información es elevado. Nunca hubo tanta como ahora, y de hecho, las parejas tienen medios que les permiten evitar los embarazos; previamente, incluso, gracias a la cirugía –la vasectomía, por ejemplo–, y que les permiten planificar si quieren tener hijos o no.
Por lo tanto, creo que hay que ser coherente con las consecuencias de un acto que conlleva tanta responsabilidad.
Porque hay un problema añadido. Se habla de la madre, de la defensa de la madre y de su situación, pero no se habla desde la perspectiva del ser humano que está en camino.
Finalmente, si hay un momento concreto en el que empieza la vida o no y cuál es, este es un debate más propio de los científicos que de la sociedad, porque en realidad, en este asunto, no es relevante. No se trata de definir el momento en que podemos catalogarlo como ser humano; siempre es un individuo en potencia.