El OVNI más artístico de la historia
Muchos conocerán a Theo Jansen (en la foto) si digo que es el holandés que se dedica
a crear monstruosos bichos de tubos de plástico amarillo (¿esculturas cinéticas?) que se
mueven por las playas del Mar del Norte gracias al viento, y que salía
en un anuncio de coches alemanes.
El pasado lunes este físico-ingeniero-artista estuvo dando una conferencia en el Planetario
de Pamplona, y allí habló de otro proyecto que tuvo años antes, menos
conocido que sus Animaris, pero igualmente sorprendente. Entre la
provocación y el arte (¿no es el arte en el fondo provocación siempre?),
en 1979 montó un ovni inflado con Helio, y lo soltó en las afueras de
Delft (Holanda), para ver qué decía luego la gente. Lo cuenta en su
libro, y en los vídeos que grabó con su equipo.
Se trataba de un platillo de plástico negro de unos tres metros de diámetro, un estímulo
visual perfectamente identificado, que sobrevoló la ciudad
de Delft provocando el colapso de las centralitas de los servicios
policiales, bomberos y demás. La gente afirmó haber visto una nave
gigante, (”tan grande como el reactor nuclear” de la ciudad, afirma un
testigo). Otros hablaron de sus luces brillantes y parpadeantes, otros,
en fin, sintieron su olor, además de su sonido…
Se comprobaba, una vez más, que el público habla de las características
típicas de un ovni (las que nos han repetido los vendedores de platillos
volantes, como cuenta en su libro sobre ovnilandia Ricardo
Campo) independientemente de lo que vea.
Lo que me recuerda otro proyecto, no especialmente artístico, pero sí
analizando la misma sociología del fenómeno ovni, llevado a cabo antes
del ovni de Jansen. En diciembre de 1978, en torno a Irún, el proyecto
Iván consiguió crear una oleada ovni a partir de, simplemente, una serie
de llamadas a medios de comunicación durante las semanas previas y unas
luces de coche con unas baterías colocadas en una carretera en un monte
cercano a la villa. Félix Ares, uno de los responsables del proyecto, lo
contaba hace unos años en la publicación de la Sociedad para el
Avance del Pensamiento Crítico, entidad que preside actualmente.
Otro de los autores es el matemático J.M. Landart, autor de la bitácora
Tío Pretos, también contó la anécdota en su blog.
La historia de los platillos está sazonada de pruebas de que poco
importa lo que aparezca en el cielo (un ovni falso, una luz en un
monte…) porque mucha gente lo interpretará dentro del estereotipo del
folklore de los ovnis: una nave extraterrestre o algo así de extraño. El
5 de noviembre de 1990 se vio un ovni recorriendo casi media Europa, y
fue descrito, incluso por comandantes aéreos experimentados como una
enorme nave triangular. Se trataba de los fragmentos de un cohete
lanzador ruso que reentraban en la atmósfera. Ese fraude fue publicitado durante mucho tiempo como
un genuino e inexplicable caso de ovni por las revistas del
gremio de la pseudociencia. Por supuesto, quienes vendieron un misterio
que no era, nunca pidieron perdón por el error.
![]()

EL CAZAFANTASMAS