Masaru Emoto nació en Yokohama (Japón) en 1943, según la Wikipedia. Desde 1999, cuando publicó por vez primera su libro “Los mensajes del agua” (editado en España por La Liebre de marzo), se le conoce como un doctor que ha demostrado que el agua pura cristaliza de forma diferente que el agua impura, pero que además bajo la influencia de palabras buenas el agua cristaliza de forma más pura que si se le ponen palabras que incitan al odio o a la violencia. Pasa lo mismo con la música: el agua con Mozart cristaliza en bellísimas formas exagonales, mientras que con Metallica la cosa es un sindiós… ¿Queréis más? Si tomamos agua estresada, de ciudad, y le rezamos bellas palabras o pensamientos de unidad y amor, el agua mejora. También podemos comprar el aparato que vende Emoto y que geometriza el agua. ¡¡La fuerza del pensamiento!!
Un buen mito es el que vende agua a precio de oro
Por ejemplo, el agua de Emoto sale a 140 dólares USA el litro (según contaban en El retorno de los charlatanes). Puedes comprar también sus libros y dvds, además de otros productos. (Algo curioso, ¿no valdría con enrollar un papelito que ponga AMOR en la boca del grifo?. También podríamos dejar un libro de poesías de amor en el contador del agua… que serviría exactamente para lo mismo).
El mito del agua geometrizadaLa historia del agua y la buena palabra de Emoto apareció en el documental pseudocientífico “¿Y tú que sabes?” (2006), que promocionaba también otras esotéricas formas de perder del dinero creyendo en angelitos y en el poder paranormal de la mente. Como suele pasar cuando se tiene una buena estrategia comercial, las televisiones españolas acogieron las historias del agua cristalizada sin ningún reparo. Lo mismo lo hicieron, como suele pasar, las revistas de lo paranormal (como Dsalud, que se dedica también a afirmar que el VIH no existe y otras barbaridades similares), o el inevitable Jiménez (ver vídeo en YouTube, donde un “escritor e ingeniero” llamado David Zurdo llega a afirmar que ha hecho experimentos en el CSIC… –lo dicho, no busquen la publicación científica–). También lo han acogido instituciones públicas que han patrocinado en congresos como los llamados Encuentros Internacionales de la Ecología del Agua (léase por ejemplo en Razón Crítica): el primero celebrado en Riópar, Albacete en 2005; el segundo en Ourense en 2006, donde también se celebró el año pasado el tercero). En ellos se exponen las sorprendentes teorías del Doctor Emoto (doctor realmente en medicinas alternativa por una desconocida universidad india, que vende títulos a 850 dólares).
Lo vuelven hacer por cuarta vez y sin que nadie se haya extrañado de cómo la pseudociencia es promocionada de esta manera, en la Expo Zaragoza 2008, del 22 al 24 de agosto, 40 euros la entrada. La fascinación por las afirmaciones indemostradas de Emoto ha llegado también al mundo del arte: el arquitecto Jean Nouvel y el cineasta Bigas Luna crearon para el IVAM valenciano un montaje laudatorio de los poderes de la palabra sobre el agua. En este país una Asociación de Amigos del Doctor Masaru Emoto, en la que está el colaborador de Emoto Goio Iturregui, coautor del libro Las fuentes del corazón, que promociona todos esos milagros acuáticos y monetarios.
Agua pura: la puritita verdad
Por supuesto, no busquen ninguna referencia científica de las tesis de Emoto: no existen, ni existen (lo cuentan, por ejemplo, en Cerebros No Lavados, ) Nunca ninguno de sus seguidores ha realizado una experimentación seria para demostrar que la forma en que se hiela el agua tenga que ver con los rezos, el buen rollito o la venta por Internet. Podemos imaginar que con el éxito de los dos siglos de vender agua y sólo agua de los homeópatas y lo bien que les va, Emoto estará convencido de seguir viviendo del agua geométrica.
En el fondo, lo que hay son ganas de tomar el pelo a la gente con unas fotos bonitas en las que se ha cristalizado -congelado, vamos…- el agua lentamente para que se formen preciosos cristales (lo puedes hacer en casa y verlo con un microscopio), y compararlo con agua sucia (las impurezas crean diferentes formas de cristalización) o bien mover un poco la muestra para evitar que se formen cristales grandes.