Nuestra portada de hace dos meses apostaba por la “re-capacitación” de deportistas anatómicamente discapacitados. Y ahora la justicia nos da la razón: Pistorius podrá correr entre los deportistas olímpicos en vez de medirse con los paralímpicos porque lo suyo no se considera “tecno-dopaje” como le achacaba la Federeación Internacional de Atletismo.
Pero hay un detalle interesante que publica el Diario de Yucatán que tampoco hay que perderse. ¿Quién financia tamaño litigio?
Iñaki de la Torre
La Sociedad Internacional de Medicina Sexual en la asamblea anual de la Asociación Americana de Urología ha definido que el mínimo que debe pasar entre la penetración vaginal y la eyaculación es de un minuto.
Esto me recuerda a un policía de mi pueblo, que hace tiempo me decía: “Se ha hecho usted un sexólogo muy famoso, pero yo no lo necesito. ¡Fíjese! Yo en un minuto ya he terminado”. ¿Y su mujer?, le pregunté. “A ella le encanta que termine pronto”. Posiblemente si yo fuera su mujer sentiría lo mismo, y si no hubiera relación, mejor.
¿Padecía este hombre eyaculación precoz? No existe lo que no está definido. La Sociedad Internacional de Medicina Sexual la define por debajo de un minuto. Otros más exigentes la han definido por debajo de 3 minutos. Otros, por debajo de 10 emboladas coitales.
Y Masters y Johnson lo concretan: si la mujer no llega al orgasmo en más del 50% de las veces, el hombre es un eyaculador precoz. ¿Y si la mujer es anorgásmica? ¿Y si la mujer, como es lo más frecuente, preferentemente llega al orgasmo con la estimulación del clítoris? Existe el eyaculador precoz, porque así se siente él, pero no existe la eyaculación precoz. Al menos para el policía de mi pueblo.
Un gustazo. Por varios sitios he leído historias sobre el nacimiento de este medio casi extraterrestre que es internet.
Aunque se ha repetido hasta la saciedad que Internet tiene su origen en un proyecto militar estadounidense para crear una red de ordenadores que uniera los centros de investigación dedicados a labores de defensa en la década de los 60 en los Estados Unidos y que pudiera seguir funcionando a pesar de que alguno de sus nodos fuera destruido por un hipotético ataque nuclear, los creadores de ARPANET, la red precursora de Internet, no tenían nada parecido en mente y llevan años intentando terminar con esta percepción.
Otro pasaje interesante es éste:
Robert Taylor, nombrado director de la IPTO en 1966, tuvo una brillante idea basada en las ideas propuestas por J. C. R. Licklider en un artículo llamado Man-Computer Symbiosis (aquí está en formato PDF junto con otro artículo de Licklider llamado The Computer as a Communication Device): ¿Por qué no conectar todos esos ordenadores entre si? Al construir una serie de enlaces electrónicos entre diferentes máquinas, los investigadores que estuvieran haciendo un trabajo similar en diferentes lugares del país podrían compartir recursos y resultados más facilmente y en lugar de gastar el dinero en media docena de caros ordenadores distribuidos por todo el país, la ARPA (Agencia para Proyectos de Investigación Avanzados, agencia de la que dependía la IPTO de Roberts; hoy en día se llama DARPA) podría concentrar sus recursos en un par de lugares instalando allí ordenadores muy potentes a los que todo el mundo tendría acceso mediante estos enlaces.
Aquí lo tenéis completo; da gusto leerlo.
Iñaki de la Torre
Hay zonas de nuestro planeta que no levantan cabeza. Se recuperan durante unos años de los efectos de algún desastre y de nuevo vuelven a sufrir sus dramáticas consecuencias. Son las denominadas “regiones-riesgo”, cuyo funcionamiento socio-económico viene determinado por el desarrollo frecuente de peligros de la naturaleza. Y hasta tal punto es la frecuencia de aparición de episodios catastróficos que no consiguen alcanzar niveles altos de desarrollo nunca.

Las recientes imágenes de los efectos del ciclón tropical Nargis en Myanmar nos han dejado paralizados. Más de decenas de miles de muertos y desaparecidos en unas pocas horas. En estos casos, uno siempre se pregunta como son capaces estos fenómenos de liquidar en pocas horas a un número de población igual al que existe en muchas ciudades de nuestro país. Las últimas noticias sobre este desastre se pueden encontrar en la página de Reliefweb que es una de las más completas que existen en el mundo para estos temas.
Como ocurre en estas zonas del sudeste asiático, si el paso de un ciclón barre la desembocadura de un gran río, los efectos se multiplican porque la inundación se extiende más y más. Es lo que ha ocurrido con el Nargis, que ha cruzado todas las “bocas” del Irawady, generando destrucción a su paso.
Myanmar apenas tiene una renta per capita de 270 dólares; ocupa el puesto 175 en la lista de países del Fondo Monetario Internacional. Un país-miseria, que difícilmente podrá mejorar sus condiciones con desastres naturales de estas características.
Y ¿qué me decís del terremoto de China esta noche?
Años enseñando técnicas de comunicación, para superar el miedo escénico y para hablar bien en público en la radio o en televisión, y ahora resulta que me faltaba transmitir la más importante: hacer un coito antes. ¡Vaya despiste como sexólogo!
Al menos, eso dice una investigación realizada por Stuart Brody, psicólogo de la Universidad de Paisley, en Escocia, que cuenta que nos dejemos de técnicas de comunicación, de relajación o respiratorias. Él tiene una solución mejor: un coito. Los resultados del estudio realizados con 22 varones y 24 mujeres, publicado en Biological Psychology, concluyen que aquellos que practicaron el coito con asiduidad fueron los menos estresados durante las pruebas de oratoria.
Stuart Brody aclara, por otra parte, que no se trata de un efecto agudo e inmediato. Es decir, no se refiere a la calma que se alcanza después del orgasmo, sino de efectos que se mantienen al menos durante una semana.
Bien es verdad que parece claro que la satisfacción sexual relaja. Pero de eso a convertirnos en magníficos conferenciantes con la práctica frecuente del coito va un trecho. No obstante, como tengo que hablar en público con frecuencia, le seguiré la pista al asunto.