La dieta del oso se acerca

Hace un par de números (madre, qué memoria) me tocó escribir un reportaje ciertamente futurista acerca de las posibilidades de tratar la obesidad emulando el metabolismo del oso en hibernación. En esos meses, el plantígrado quema toda su grasa sin moverse un pelo. La investigación principal que mencionabamos era norteamericana, como tantas veces nos ocurre en los artículos de ciencia puntera.

Pero cuál ha sido mi satisfacción al leer hoy en el correo una nota de prensa de la Universidad de Barcelona en la que cuentan cómo un grupo de investigadores suyos está siguiendo sus pasos, y lo ha publicado en la revista Clinical Nutritions. En realidad están viendo por qué el metabolismo del oso del Pirineo es capaz de estar tanto tiempo quieto sin que se destruya su masa muscular.

¿Por qué estudiar a los osos como modelo fisiológico? El ciclo vital de este mamífero de grandes dimensiones está marcado por la hibernación, y en el caso del oso pardo del Pirineo ésta suele iniciarse durante la segunda quincena de noviembre, y acabar entre marzo y abril. Durante el periodo de hibernación, el oso puede resistir hasta tres meses sin alimentos ni agua y reduce su metabolismo para adaptarlo a las condiciones límite. Además, el oso tiene un metabolismo bastante estable y conserva la temperatura corporal en situaciones extremas.

En general, la destrucción del tejido muscular (caquexia) es una señal de estrés metabólico, y en el caso de las personas va ligado a ciertas patologías (cáncer, sida) o bien a largos estadios de desnutrición, inmovilización, microgravedad, etc. Las principales vías de degradación de proteínas en las células son los lisosomas y los proteasomas, responsables de aproximadamente el 80 % de la actividad proteolítica. Pero en un sentido amplio, los mecanismos de degradación de las proteínas todavía no se conocen muy bien. «Comparado con lo que sabemos sobre la síntesis de proteínas, de los procesos sobre degradación todavía se sabe muy poco, y en especial de la regulación. Por eso, este potencial inhibidor del plasma de los osos hibernantes podría regular la proteólisis de forma natural, y esto podría tener una serie de implicaciones terapéuticas», apunta Argilés.

En fin, un gusto. Enhorabuena.

Iñaki de la Torre

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