Resulta increíble la utilización partidista que se está haciendo del cambio climático. Uno comienza a estar un poco harto de que se manipule una ciencia –la climatología– y una cuestión –cambio climático- que requiere respeto, paciencia y prudencia. Cómo suele ocurrir, ni todo es tan malo como a veces se transmite, ni tampoco todo es mentira, como manifiestan algunas noticias recientes. 
La temperatura terrestre hay que analizarla con ciclos largos, como mínimo de 30 años, como recomienda la Organización Meteorológica Mundial. Por eso, cualquier valoración de las alteraciones en la evolución térmica que se refieran a un año o un lustro, no tienen valor científico. Es cierto que el cambio climático se ha convertido en un tema estrella de los medios de comunicación, pero sería exigible un poco de sensatez a la hora de publicar noticias sobre esta cuestión.
La temperatura terrestre sigue una tendencia clara al incremento desde los años ochenta del pasado siglo. Hay años en los que el incremento es más notable, coincidiendo con fases intensas de El Niño en el Pacífico, debido al calentamiento que experimenta la superficie del mar (p.e. 1997-1998); y otros en los que la temperatura terrestre puede no aumentar, coincidiendo por fases de La Niña en el mismo océano, como ocurre en estos momentos. Si además tienen lugar fases más o menos activas de radiación solar, los efectos se amplían.
La tendencia general de incremento térmico planetario de los últimos treinta años, de momento, se mantiene. Esto es lo preocupante. Análisis parciales e interesados sobre subidas o bajadas de temperatura anual es mejor no tenerlos en cuenta. Reitero que nos esperan dos décadas decisivas para que se confirmen –o no– las previsiones de los modelos climáticos. Mientras tanto, prudencia, paciencia y respeto a la ciencia, por favor.
Lo normal, coges el teléfono móvil para descargar una serie y, cuando te quieres dar cuenta, la operadora te reclama casi 15.000 euros por la broma. Efectivamente, Vodafone le ha pasado a un británico una factura de 11.000 libras por descargar cuatro capítulos de Friends.

La historia es un poco más compleja, fue la mujer del legítimo dueño de la línea la que empezó la descarga, poco después el tipo se fue de viaje a Alemania con el proceso en curso y Vodafone le “penalizó” con esa suma exagerada.
Si teníais alguna duda sobre los abusos que las compañías protagonizan con la excusa del roaming, aquí tenéis una prueba más de que no tiene demasiado sentido pagar de más por usar el móvil fuera de casa.
Pero la pregunta fundamental es otra: ¿de verdad queda alguien que todavía no haya visto todos los capítulos de Friends?
Ícaro Moyano
Hace unas semanas unos italianos han vuelto a “descubrir” el punto G. Esto del punto G es como el aeródromo de mi tierra, que fue inaugurado 8 veces. Fue descrito por Regnier De Graaf en 1672. En 1944 Ernst Gräfenberg y Robert L. Dickinson describieron una zona de sensación erógena localizada en la superficie suburetral de la pared anterior de la vagina. Por último, en 1982 A.K. Ladas, B. Whipple y J.D. Perry popularizan el punto G o de Gräfenberg como una zona erótica. 
Después, sendas investigaciones españolas (Pedro La Calle y Francisco Cabello, ambos sexólogos y profesores del Máster de Sexología de la Universidad de Almería) lo corroboran, como la próstata femenina, origen de la debatida eyaculación femenina. Los italianos han llegado tarde.
La semana pasada una encuesta de Sigma 2 relaciona la satisfacción sexual con las simpatías políticas. Los que no votan a los dos grandes partidos políticos, PP y PSOE son los más satisfechos, un 42%, frente al 31% de los que votan al PSOE, y un 29% de los que votan al PP. Pero lo más importante no son las diferencias ente las simpatías políticas, que son pocas.
Lo más llamativo, y lo que debería preocupar a los partidos, que se supone que trabajan por el bienestar de los ciudadanos, es que más de un 60% no tienen demasiado en una de las facetas más importantes de la vida: la sexualidad. De modo que el, tantas veces descubierto punto G parece poco eficaz, al menos por estos parajes patrios.