En esta época del año el litoral mediterráneo español está en alerta. Comienza la temporada de riesgo de lluvias torrenciales y sus secuelas. Hay incluso cierta psicosis en la población que se inquieta ante un posible aviso de lluvias fuertes. No es un fenómeno nuevo ni desconocido. En los meses de otoño es normal que se formen situaciones de fuerte inestabilidad en esta región y puedan desembocar en inundaciones, a veces catastróficas. Y para denominar a esta situación se ha popularizado un término: la gota fría.
En realidad la gota fría no es sinónimo de inundaciones (ni es solamente aquella canción que pongo arriba). Es tan sólo el nombre que un meteorólogo alemán dio a un tipo singular de situación meteorológica a comienzos del siglo XX y que se caracterizaba por la presencia de una bolsa de aire frío en las capas altas de la atmósfera, descolgada de su fuente original en el Polo Norte.
Pero no siempre el desarrollo de una gota fría suele provocar inundaciones. Pero otras veces ocurren y no han sido originadas por este fenómeno.
En otoño, la gota fría suele tener efectos pluviométricos muy destacados en la zona mediterránea, porque coincide con otro factor necesario: un mar cálido, que alcanza sus temperaturas más elevadas precisamente en los meses de septiembre y octubre. Y cuando se dan estas dos circunstancias la inestabilidad atmosférica es muy alta y suele derivar en lluvias muy cuantiosas.
Hay que recordar que en dos localidades del litoral mediterráneo español han caído más de 800 litros por metro cuadrado en un día, en este tipo de episodios: en Jávea (1957) y Oliva (1987). Datos que marcan record en toda Europa.
Confiemos que este otoño llueva con abundancia, como es normal en esta época del año, pero que lo haga con tranquilidad, sin sobresaltos. En España, en la última década han muerto más de 200 personas por inundaciones. El tema es importante. Por eso, a partir de ahora hay que estar un poco más atento de lo habitual a las alertas que se den desde la Administración para evitar efectos desastrosos a causa de las lluvias torrenciales.
Amigos, ved qué sufrimientos tenemos que pasar los redactores de QUO algunas veces para hacer nuestros reportajes. Esta vez estoy en Dubrovnik (Croacia) en la presentación de dos juegos de la PS3: Uncharted, El tesoro de Drake y Ratchet&Clank.
Sí, ya veréis que prometo contar con detalle (e imágenes) cómo trabajamos en estas ocasiones, pero paciencia: os doy un adelanto en el vídeo y os emplazo a verlo completo con el número del mes que viene, junto con un reportaje.
Lo que sí os adelanto es que iremos colgando aquí más vídeos de nuestras caras y nuestro trabajo diario en la redacción. Me voy a tronchar grabándolos.
Ocurre igual todos los años. En agosto, cuando uno mira los índices de audiencia televisiva, se sorprende al comprobar que los espacios dedicados a la información meteorológica ocupan los primeros lugares. No debe extrañarnos. Cuando se toman las vacaciones lo que menos nos gusta es que haga “mal tiempo”, por eso miramos con inquietud las noticias meteorológicas, confiando en que se nos anuncien las mejores previsiones. No es un fenómeno exclusivo de aquí. En todo el mundo occidental ocupa y preocupa la información del tiempo atmosférico.
La comunicación de las noticias meteorológicas es una cuestión importante… muy importante. Los pocos minutos que las mujeres y los hombres del tiempo ocupan la pantalla ocultan muchas horas previas de trabajo en equipo, que finalmente queda condensado en apenas dos o tres minutos.
Se ha avanzado mucho en esta cuestión. De la información de los pioneros Mariano y Fernando Medina, que pintaban a mano los mapas y los presentaban de forma magistral en una pizarra, hemos pasado a espacios del tiempo que se incluyen generalmente en los informativos diarios y que muestran imágenes y mapas con enorme profusión de medios técnicos. Ahí están los José Antonio Maldonado, Paco Montesdeoca (en la foto), Florenci Rey, Mario Picazo, Roberto Brasero, Elena Miñambres, Miriam Santamaría, entre otros… E incluso hay tenemos hombres del tiempo “virtuales” que pueden permanecer muchísimos minutos en antena sin despeinarse ¡ni afectarles el cansancio!
Meteorólogos o geógrafos de formación demuestran a diario, con enorme rigor, la faceta más social de una ciencia compleja. Y lo hacen con gran dosis sencillez y entretenimiento. Nunca reciben nada a cambio; o mejor sí: las críticas de la gente cuando la información no coincide con lo realmente ocurrido. Pero asumen ese riesgo con enorme deportividad.
Me ha llamado la atención un titular de prensa: “Cuba se ríe de su punto G”. El contenido de la noticia llama la atención porque resulta sorprendente que en una dictadura y en medio de tanta escasez se traten los temas sexuales en un programa pionero de televisión de forma seria y a la vez relajada. Aparte de esto, el titular me sugiere el tema del punto G y la risa. Recuerdo que dando una conferencia, una participante me dijo: “A mí el punto G, solo me produce eso: je, je, je”.
¿Existe el punto G? Se puso de moda en 1982, cuando A.K. Ladas, B. Whipple y J.D. Perry popularizan el punto G, como una zona erógena, situada en la pared anterior de la vagina. Aunque anteriormente ya había sido descrita por Regnier De Graaf en 1672 y más tarde, en 1944, por Ernst Gräfenberg (por eso lo de la G). Y parece que también en el Kamasutra y en el Anangaranga.
Desde entonces, el punto G, como zona erógena, ha sido tema de debate. Igual que la eyaculación femenina, que parece tener el mismo origen. Lo que está claro es que se corresponde con la localización de las glándulas uretrales y periuretrales de Skene y con la existencia de una secreción proveniente de estas glándulas, de características bioquímicas parecidas a la secreción prostática, que a veces se expulsa en el momento del orgasmo femenino. Lo de “eyaculación femenina” lo dejaré en el terreno del debate semántico. Lo demás a criterio propio.
¿Cómo vais con vuestro punto G? ¿Es para vosotros una importante zona erógena?
Soy un gran periodista: voy a escribir sobre algo que pasó hace diez días y que ya habrán pensado muchos. Pero no tantos lo han dicho en público ni escrito porque suena a cultureta. Pero si no lo digo reviento.
Se murió el jugador del Sevilla Antonio Puerta. La misma mañana había pasado al otro barrio (como diría él) Francisco Umbral. Y –¿a que se ve venir?, os lo dije– el que más minutos de televisión y radio se llevó fue el futbolista. Que lo hagan las cadenas comerciales y premeditadamente jurgoleras, bien, aunque es una pena. Pero que TVE interrumpa su programación de la tarde para conectar durante unos minutos con el hospital donde había muerto el pobre chaval y por la noche nos calce un especial sobre lo mismo no tiene nombre. Eso no era lo prometido, señor presidente de la televisión del “liderazgo moral”.
En cambio, ¿alguien vio una conexión en directo o ha visto hasta la fecha un especial bien peinado sobre Umbral? ¿O sobre Ingmar Bergman o Antonioni, muertos un par de semanas antes? Me he metido en YouTube y he buscado los dos nombres: Umbral 212 vídeos – Puerta 1060 resultados.
Es una cuestión de atender a cosas que nos cambian la vida: un escritor o un cineasta son quienes nos ayudan a que la política y la economía (y muchas veces el periodismo) no nos aboquen al pensamiento único (que las casas son caras porque tienen que serlo, que la moral es ésta y ninguna otra, que el esoterismo es ciencia…). Un futbolista mete goles, cosa que, pasado el algarabío del primer momento, no sé qué más hace por la humanidad, aparte de entretenerla, cosa muy honrosa, por cierto.
Y habrá quien diga: “Es que a ti no te emocionará, pero para otros el fútbol es mucho más”. Eso es lo malo, que hay para quien el fútbol es mucho más. Son capaces de ir a trabajar sin dormir por velar a un futbolista, pero no de hacer cola, por ejemplo, para apuntar a su hijo a la Escuela Oficial de Idiomas, como ocurre en Madrid porque hay pocas plazas. Eso sí que le puede cambiar la vida a su hijo. En este ejemplo se concreta lo que digo.