El verano de Mariano Medina
Mañana, a las 15 horas, 7 minutos y 3 segundos comienza el verano astronómico. Nuestro querido Javier Armentia nos puede dar la explicación precisa de este detalle cronológico.
A efectos climáticos, el verano se ha tenido siempre como la estación del buen tiempo. Me vienen a la memoria las imágenes del genial Mariano Medina, en aquellos primeros años de la televisión en España, cuando nos hablaba de la importancia en esta época del año del “Anticiclón de las Azores” que ha llegado a hacerse familiar en nuestras vidas.
El verano es, en efecto, el momento del año con el tiempo más luminoso, soleado y caluroso, que aprovechamos, además, para disfrutar de las merecidas vacaciones en la playa, el campo o la montaña. Por eso, tiene tan buena fama en contra de otras estaciones de año como el otoño o el invierno, más inestables y frías.
Pero no todo son bondades en el verano ibérico. El verano es todo menos una estación tranquila, como se piensa. En julio y agosto, se producen olas de calor, que en la última década han ocasionado más de 1.500 muertos en nuestro país.
Agosto puede registrar tormentas importantes –ahí está el drama de Biescas para demostrarlo–. Y en el litoral mediterráneo, a comienzos de septiembre –todavía verano– no son raros los primeros diluvios de la temporada a causa de la popular “gota fría”. En Baleares son frecuentes las trombas marinas y los tornados en este momento del año.
Puede parecer, ésta, una visión catastrófica del verano, pero los hechos están ahí. El verano ibérico es caluroso, pero no tranquilo meteorológicamente hablando… Y si se cumplen las previsiones de los modelos climáticos parece que estos extremos van a ser más frecuentes cada vez.

En otras palabras, que entre mediados de junio y mediados de julio recibimos la mayor cantidad de radiación solar de todo el año. Y eso tiene su parte positiva: temperaturas más altas, caldeamiento de las aguas del mar que hace agradable el baño; pero también su lado negativo: debemos extremar el cuidado a la hora de tomar el sol.
Ojo, el calor mata. Y mata por exposición directa –golpes de calor– o por duración prolongada del mismo. Es una de las conclusiones que se han presentado en la reciente reunión científica sobre Riesgos Climáticos en el Mediterráneo (RIMARC). Y mata más que el frío. Lo vimos claramente en el citado verano de 2003. En Francia, más de 11.000 muertos; y en España –aunque nunca hubo un informe oficial al respecto– las víctimas se elevaron por encima del millar.