La misteriosa desaparición de las abejas
En el número de mayo de QUO, un interesantísimo reportaje titulado Sin rastro y que firma Vicente Fernández, nos presenta algunas misteriosas desapariciones. Entre ellas, la de las abejas estadounidenses. Que no sólo pasa en EEUU, sino en amplias zonas de Europa, Norteamérica y Asia. Sólo en España, se estima que pueden acabar desapareciendo más de un millón de colmenas debido al “desorden del colapso de la colonia”: los machos recolectores no recolectan, ni se alimentan, y mueren.
Cuando se empezó a hablar de esta última panzootia (como las pandemias, pero en animales, en este caso la especie Apis melifera), comenzaron a surgir todo tipo de especulaciones. Como era de esperar, una de las “causas” apuntadas era el cambio climático. Aunque es cierto que la vida de las colmenas está ligada a la de las flores –y viceversa–, y que en periodos de sequía habrá menos flores.. (etcétera), lo cierto es que el fenómeno es muy rápido para estar ligado al clima. Tampoco parecía que tuviera que ver con la contaminación de los espacios naturales, aunque también sea un factor de riesgo para muchas especies. (Y en Córdoba, por ejemplo, usan precisamente colmenas de abejas para medir la contaminación, por lo sensibles que son).
Dos acusaciones cobraron fuerza, ligadas a dos de los miedos más irracionales que se mueven por la sociedad moderna últimamente: los transgénicos y los móviles>. En el primer caso, se decía que algunas sustancias ligadas a esos cultivos transgénicos que se están extendiendo eran letales para las abejas. No parece el caso, porque la desaparición de las colonias apícolas se daba en zonas sin transgénicos, y por otro lado, había otras con mucha agricultura transgénica en las que no pasaba nada. Lo mismo sucedía con las pretendidamente malignas radiaciones de los teléfonos. ¿Por qué ahora, si los móviles se usan desde hace años?
Al final, como comentaba Vicente Fernández, se ha encontrado al culpable: un hongo unicelular, el Nosema ceranae, que afecta al sistema digestivo y mata a la abeja por desnutrición. La buena noticia, apuntaban desde el Centro Regional Apícola de Marchamalo (Guadalajara), es que hay medicamentos que podrán sanar a las abejas de esta plaga (lo contaba Araceli Acosta el otro día en el ABC).

