Ya hemos comentado aquí, aunque de pasada, alguna ilusión óptica (aunque justo en este número de Quo sacan un reportaje muy llamativo sobre la cosa). Sorpresas de la forma en que nuestro cerebro procesa la información visual, la crea (o re-crea) y, en el camino, a veces nos hace creer que vemos cosas que no están ahí. Movimientos en formas que no se mueven, diferencias en direcciones, inclinaciones, tamaños o formas que no existen más que “dentro de nuestra cabeza”… Desde hace dos años se celebra el concurso de La Mejor Ilusión Óptica del Año, organizado por la Neural Correlate Society, una organización que promueve el estudio científico de las percepción sensorial y sus bases neurológicas. Su página (en inglés) merece una visita, no sólo para descubrir todo un museo de ilusiones curiosas, y a menudo sorprendentes, sino, también, para aprender mucho de cómo las neurociencias van aprendiendo a comprender la compleja percepción humana.
Sólo una imagen de muestra, la que ha resultado ganadora: La ilusión de la torre inclinada, de Frederick Kingdom (catedratico de Oftalmología de la Universidad McGill) y colaboradores. Mirad esta foto… ¿cuál de las dos torres inclinadas de Pisa parece más inclinada?
Pues se trata de la misma foto repetida… El porqué, aquí (en inglés), o explicado en castellano en Microsiervos.
Ella nos dio pistas por el tamaño de su pequeña pelvis de la importancia que para los protohomínidos y consecuentemente para nosotros tuvo y tiene la vinculación afectiva en los primeros años de nuestra vida, dada la necesidad de un mayor tiempo de cuidado parental, por lo prematuro de los partos.
Ahora parece que la Niña de Dikika, que vivió hace tres millones de años, estuvo llena de atenciones y mimos. Lo cual confirma la teoría que sitúa a nuestra especie como la más necesitada de contacto con nuestras figuras de apego, y luego con los demás, desde sus mismos orígenes. Como la especie más “sedienta” de piel.
Por eso desde el principio, nuestra sexualidad trascendió lo meramente procreativo y se convirtió en un potente motor de nuestra evolución. Y ya vemos que desde el principio también lo femenino tuvo un protagonismo definitivo.
Mayo es un mes de tormentas, no hace falta que lo diga yo. Pero éstas son además uno de los fenómenos atmosféricos más impresionantes de la ciencia climática. En pocas horas se forma una nube de enormes dimensiones –llegan a tener 10 km de desarrollo en la vertical–, repleta de agua y energía. Son increíbles: una muy intensa mueve tanta energía como la bomba atómica de Nagasaki. Y la luz de sus rayos serviría para iluminar durante dos días seguidos, la ciudad de Nueva York.
Estos días, en pocos minutos lluvias intensas y granizos causan inundaciones y destrozos importantes. En Madrid, más de 100 litros por metro cuadrado en unas horas el pasado domingo provocaron el caos en Barajas. Y el martes, de nuevo, inundaciones en los túneles de la M-30…
Como curiosidad, en todas las mitologías de los pueblos antiguos siempre existía una deidad que representa las tormentas. Las deidades más importantes de los panteones griegos y romanos tienen también su aspecto “tonante” como un aspecto más de su poder supremo.
Es el caso de Zeus Catabate, que desciende a la tierra con la apariencia de rayo y trueno. El escudo de Zeus es irrompible y tiene la cualidad de desprender los rayos que desencadenan tempestades. En la mitología germana Thor, es el dios del trueno y del relámpago; el sonido del trueno es producido por el golpe de su martillo o el estruendo de las ruedas de su carro conducido por cabras.
Por cierto, ¿has sido víctima de las últimas tormentas? Ojo, porque pueden llegar a matar animales.
Los astrofísicos nos contaban que casi toda la materia del Universo es oscura, no se puede ver porque no emite luz, aunque sus efectos están ahí, detectables en la propia distribución de la materia visible (la que está en forma de estrellas, nebubolsas, galaxias y cúmulos de galaxias). Lo cierto es que para entender cómo es la estructura de esa materia hace falta un “pegamento” que era invisible hasta ahora.
Ahora, con el Telescopio Espacial Hubble, la vemos, por paradójico que suene. Analizando las imágenes de un cúmulo de galaxias denominado ZwCL0024+1652, a unos 5.000 millones de años-luz de distancia. Se trata de un viejo conocido, porque ha sido abundantemente observado en los últimos años, por tratarse de una aglomeración de galaxias llamativa que funciona además como lente gravitacional de materia que está todavía más lejos que él. Además, ese racimo de galaxias presentaba evidencias de ser el resultado de una colisión enorme sucedida a lo largo de cientos de millones de años. El cúmulo emite en rayos X, evidenciando esos violentos procesos (que, cuando vemos las imágenes, apenas podemos imaginar, al ver todo tan aparentemente tranquilo).
La colisión produjo que el halo de materia oscura del cúmulo tuviera proporciones enormes. Y, precisamente, analizando cómo funciona esa materia en forma de lente, distorsionando las imágenes de lo que está detras, los astrónomos han podido detectar ese anillo de materia oscura. Superponiendo la imagen visible a ese mapa gravitatorio, vemos, así, la materia oscura. Como en esta sorprendentemente bella imagen que nos proporciona el Telescopio Espacial.
Esta semana, una articulista del diario La Verdad reincide con un discurso pretendidamente feminista en un modelo de relación sexual profundamente machista. Veamos algunas de sus sutilezas: “Ellos, que son como niños –no todos, no todos– necesitan sentir cosas gordas entre sus piernas, por eso se compran esas motos enormes y se sienten los reyes del mambo mientras las conducen a toda pastilla”. Pues feminismo no es ridiculizar lo masculino. ¿Qué diría la articulista si yo escribiera algo parecido pero al contrario?
Y hablando de la encuesta realizada por la Asociación Española de Andrología, en la que se afirma que «tres de cada diez mujeres desearía una vida sexual más satisfactoria», comenta: “¡Tres de cada diez! ¿Sólo tres se arman de valor y expresan públicamente que quieren más y mejor relaciones sexuales, que hace ya mucho que dejó de dolerles la cabeza o que nunca les dolió y que necesitan al tigre, al jaguar, al macho que las vuelva locas de placer y que no están dispuestas a fingir orgasmos para que ellos salgan por la puerta grande sin traje de luces?”.
Volvemos a lo de mujer frígida igual a hombre inexperto. Que no. Que reivindicar el placer sexual femenino puede ser muy feminista, pero dejarlo solamente en manos de un macho, por muy tigre que sea, es profundamente machista.