Otra Tierra es posible
Llegó… porque tenía que llegar, el anuncio de un planeta extrasolar que puede ser parecido a la Tierra. Tiene un diámetro que es vez y media el de nuestro planeta, y orbita cerca de una estrella enana roja, más pequeña y fría que nuestro Sol; de modo que, según los investigadores que lo han descubierto, podría tener temperaturas similaras a las terrestres y, quién sabe, agua líquida.
Cuando se comenzaron a descubrir los exoplanetas, mediante métodos indirectos porque no es posible -aún- observar un planeta que orbita en torno a otra estrella, hace más o menos quince años, todos los astrónomos pensaron que un día se conseguiría encontrar un planeta más parecido a la Tierra que esos primeros, del tamaño de Júpiter y orbitando muy cerca de esas estrellas. Esos Júpiteres calientes son ahora legión: más de doscientos en los catálogos (véase, por ejemplo, la Enciclopedia de los Planetas Extrasolares que mantiene Jean Schneider, del Observatorio de París).
A la izda., arriba, la recreación del exoplaneta en relación a la estrella enana. Y abajo, la auténtica imágen tomada por los investigadores.
Esta Tierra-2 orbita en torno a una estrella denominada Gliese 581 (un nombre de catálogo), a unos 20,5 años-luz del Sol, en la dirección de la constelación de Libra. Se le conocen ya tres planetas, y éste, descubierto por un equipo internacional (suizos, franceses y portugueses) con el telescopio de 3,6 m del Observatorio de la Silla, en Chile, del ESO (Observatorio Europeo Austral, una organización europea en la que ya está incluida España como miembro de todo derecho), tarda sólo 13 días en dar una vuelta a su sol frío y pequeño.
Sin duda, vendrán otros descubrimientos sorprendentes. Y queda cercano el día en que obtendremos más evidencias de esos planetas extrasolares, quizá para saber si realmente tienen agua líquida o, quién sabe, si incluso albergan vida.

EL CAZAFANTASMAS
Ahora que la NASA está pensando en volver a la Luna, o visitar por primera vez Marte. Este descubrimiento abre la puerta, de momento en tería, a una gran aventura. Como explorar personalmente esa Tierra-2. Porque, con la tecnología actual, embarcarse en un viaje de 41 años luz, entre ida y vuelta, requeriría varias generaciones humanas y los resultados de la investigación serían, a la vuelta de los astronautas, inservibles. ¿En qué clase de nave tendríamos que viajar para llegar a ese planeta en un tiempo razonablemente corto? Aunque imaginariamente podamos hacerlo de multitud de formas, me gustaría saber si existe, en la mente de los científicos actuales, alguna manera (científicamente creíble por supuesto) de recorrer esa distancia en una nave tripulada. Como podría un astronauta viajar hasta ese planeta, pasarse un determinado tiempo explorandolo, y regresar a la Tierra con los resultados para enseñarselos a la misma persona que le envió a buscarlos. Claro que todas estas reflexiones sirven solo si el planeta no está habitado, por criaturas inteligentes, porque si lo está tendríamos que averiguar cómo conseguir el “visado de entrada” antes de ir. También cabe la posibilidad de “pedirlo” allí mismo pero eso podría ser “ilegal” según su legislación.
Teniendo en cuenta la enorme cantidad de formulaciones teóricas que han hecho sobre el tema las películas de ficción-ciencia, el debate promete durar muchisimos años y ser muy interesante. Don Javier, me gustaría conocer su opinión sobre el tema.
Un saludo.
Comentario por Miguel — Abril 27, 2007 @ 2:52 pm
Me parece, Miguel, que la especulación sobre un posible viaje es simplemente eso: especulación. No tenemos tecnología capaz de asegurar un entorno autosostenible (una minibiosfera) para un viaje que duraría siglos… ni modo de conseguir que la tripulación no muriera en el intento (lo más probable). Por supuesto, lo del visado de entrada en el planeta sería casi lo de menos, en comparación con la idea de convencer a un equipo de astronautas que se monten en una nave y vayan procreando de camino para asegurar que alguien llegue (en efecto, tampoco es posible la hibernación como en las películas de ciencia ficción, porque nadie sabe cómo volver a despertar vivo a un hibernado).
En fin. Deberíamos pensar, por otro lado, que de aquí a unos cuantos años encontraremos más evidencias sobre ese planeta, y posiblemente algún otro similar más cerca. Desde luego, mucho antes de imaginar siquiera un viaje a ninguno de esos destinos, lo más razonable sería investigarlos con nuevos métodos que irán apareciendo en el futuro. Llegado el caso, claro, sería más sencillo, seguro y barato mandar un robot que no hacer el paripé de montar una especie de arca de Noé espacial…
Pero, claro, ya decía que cualquier cosa sobre este tema son puras especulaciónes, así que… ¿te animas, Miguel, a imaginar una historia de un viaje de esos?
Comentario por Javier Armentia — Abril 29, 2007 @ 7:57 pm