El ‘celo’ humano en primavera
Llegó la primavera y con ella la época de celo de algunos mamíferos, aves, reptiles, etc. Aunque no la de todos, porque por ejemplo para los ciervos llega en otoño, con la “berrea”. Las hormonas se ponen a tope y la procreación también. En cambio, los humanos somos diferentes, porque nuestras madres protohomínidas hicieron una gran revolución igualitaria, independizándose de sus hormonas y adquiriendo una capacidad permanente, y no cíclica, para la respuesta sexual. 
Desde entonces la respuesta sexual femenina, es provocada por estímulos sensoriales o fantasías, pasando de sólo ser deseadas a desear. La sexualidad transcendió lo meramente procreativo y desde entonces desapareció el “celo” en la mujer.
Después, cada vez que una cultura ha querido reprimir la sexualidad, ha reprimido también a la mujer, protagonista de esta tremenda revolución fisiológica e igualitaria. Pero en la evolución siempre quedan vestigios. Y, en la primavera, algo ocurre que altera nuestros ritmos circadianos. El aumento de las horas de luz disminuye la melatonina, aumenta la serotonina, incide sobre el hipotálamo y la hipófisis, y los deseos se revolucionan.
Aunque hay a quien le sobra la primavera, o porque está “salido” todo el año, o porque está tan “apagado”, que ni primavera, ni parches de testosterona, ni nada. No sé vosotros…



