Luces (y sombras) navideñas
Ya están aquí, desde hace unos días, las iluminaciones navideñas que entre ayuntamientos y comerciantes intentan rasgar la noche anunciando… anunciando ¿qué? ¿Que llegan las rebajas? ¿El solsticio? ¿La fiesta católica o la romana? En cualquier caso, lo que anuncian es que ya tenemos el auncio de Freixenet, el de la Lotería –este año sin calvo– y demás maravillas del fin del mundo que nos llega cada año por estas fechas. Y que todos, servidor el primero, optan por celebrar lo mejor posible, pues no iba a ser menos.
Pero lo de las luces parece excesivo: en Madrid, que ya comenzaron el 24 de noviembre –quien da primero, da dos veces–, han colocado 8 millones de bombillas. Una inversión de 3,2 millones de euros, más del doble del año pasado (lo leí en ElPais.com.)
En Barcelona, con eso de estar en Cataluña, donde hay una normativa de protección del cielo nocturno, se ha limitado la iluminación a un total de 168 horas en todo el periodo navideño. Conste que da para mucho, y al menos asegura que no seguirán encendidas toda la noche (como pasa en muchas localidades, donde las enchufan al alumbrado nocturno, y ahí están, a las 5 de la mañana como si hubiera alguien por las calles…).
En las 342 calles iluminadas de Barcelona, eso sí, se han instalado más bombillas de bajo consumo, y dicen que van a consumir un 20% menos que el año pasado. En Pamplona, donde vivo, ya el año pasado el ayuntamiento optó por poner luces de bajo consumo. Podrían haberse pasado a los LEDs, que consumen aún menos -y duran más (de esto me he enterado en la sección “Quién inventó” del QUO de diciembre… siempre aprende uno cosas nuevas).
En cualquier caso, seguimos derrochando energía con las luces de las ciudades, y ahora en estas fechas, más todavía. ¿Quién habló de eficiencia energética, de ahorro, de compromisos de Kyoto? Por más que se intenta, como lo hace la Asociación conta la Contaminación Lumínica Cel Fosc, promover el ahorro en estos temas, para que, entre otras cosas, se permita a los animales nocturnos vivir cerca de las ciudades, y a los amantes del cielo contemplar la Vía Láctea sin tenerse que ir a cientos de kilómetros de casa cada noche.
Estas navidades, regalémonos un buen apagón de farolas, árboles, colgantes y demás… ¿Hace?
Y como ejemplo de lo que NO se debe hacer si tienes una casa, aquí una sorprentente:

EL CAZAFANTASMAS
Odio la navidad y su maldito consumismo, estas fechas parece que invitan al derroche y también a la contaminación por lo que leo, tanto lumínica como acústica (vease villancicos; cantados, en supermercados, en politonos, sonitonos…)
Podrían usar LEDs como muy bien dice Javier Armentia, aunque para la acústica creo que será cuestión de regalarnos mp3 para que a villancicos repetitivos, oidos sordos -ya estoy invitando al consumismo…-. En fin, feliz navidad.
Comentario por Natalia — Diciembre 10, 2006 @ 12:19 am
Adoraba la navidad cuando era pequeña, cuanod aun creía en la fantasía y hacia de la ignorancia la mayor felicidad. Ahora la odio, tal vez por la nostalgía que aún conservo, por pensar que ya nada volverá a ser como antes, sin ese consumismo compulsivo. ¿Qué han sido de las bicis que se regalaban en navidad? Ahora regalan una minimoto ¿ y de los libros? para que, si un niño de 7 años ya va con su mp3… ya ni siquiera nos sentamos a oir música todos juntos, o pasamos con la familia los momentos especiales.. tal vez sea que he madurado y las cosas han cambiado para mi.. peor también el mundo ha cambiado, cada vez más inpersonal, más frío, más distante…
Comentario por Silvia — Diciembre 10, 2006 @ 10:25 pm
Con respecto a lo de las luces, todas las Navidades se ponen cientos de ellas en calles para que la gente las vea y se sorprenda (siempre y cuando ponen nuevas, que aquí en León ya llevamos años con las mismas), pero se mantienen continuas durante toda la noche, impidiendo dormir y descansar. Básicamente porque vivir en un piso con las luces brillando incasablemente produce unos efectos que se alejan bastante de la idea de beneficiosos: molestas jaquecas, desconcentración, imsomnio… Y también porque me parece ridículo que las luces que de verdad ilumninan la calle, las farolas, se apaguen e intercambien cada ciertas horas y éstas luces navideñas no se apaguen en toda la noche.
Otra cosa es en sí, la Navidad. Antes fiesta de respeto, en la cual, como bien cita Silvia, se cantaban canciones en familia y se estaba con ellos en torno a la mesa, qué menos pedir que hablando, y tratándose como personas, donde lo menos importante era el regalo ante la compañía. Ahora, entre Corte Inglés y compañía, todo ello se ha perdido. En la casa los únicos que quieren seguir celebrando las “antiguas” tradiciones son aquellos que pasan de 30, mientras que los jóvenes se aislan del mundo, con sus cascos enfundados repitiendo la misma música de siempre- en contra de los villancicos. Es cierto que esa música, en ciertos casos infernal,cantada por niños del coro llega hasta el punto de marear más la cabeza que las luces de Navidad de la ciudad, pero muchas veces se agradecería escuchar al menos uno, para recordar que, en vez de vivir en el mundo del consumismo, todavía seguimos en un mundo en el cual se mantiene una gota de esperanza para la Navidad.
Y por último comentar la actitud de las personas ante la Navidad. Es curioso que, al llegar estas fechas tan señaladas, a todos nos entren las prisas de cambiar para que, al final del año, que está tan cerca ya, miremos hacia atrás y podamos decir algunas de las obras buenas que tenemos. Antes nadie buscaba su propio beneficio en los últimos minutos, nadie apuraba para dar el kilo de arroz tan típico de ahora a la familia que lo necesite. Antes se daba en cualquier fecha, no necesitaba ser una fiesta como la Navidad para recordar a los vecinos que estaban sin polvorones ni lentejas.
En fin, debe ser cosa del consumismo, que nos vuelve locos.
Comentario por Donna — Diciembre 14, 2006 @ 8:37 pm