Cerca de 100 homosexuales represaliados por el franquismo podrían acogerse a la indemnización que reclaman al Gobierno. En 1970, la Ley de Vagos y Maleantes, que declaraba “en estado peligroso” al homosexual, cambió su nombre por el de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Seguían siendo “peligrosos”, pero el régimen planteó la cárcel como una rehabilitación. Había que “curar” a los gays en la cárcel.
Ahora los representantes de la homofobia más conservadora tienen como voces de primera línea profesionales que casi siempre coinciden en su dedicación clínica en la terapia de la homosexualidad, casi siempre con técnicas de modificación de la conducta, casi siempre con terapias de conversión, sobre todo en Estados Unidos, donde están reunidos en la Nacional Association for Research & Teraphy of Homosexuality.
Es decir, que siguen “curando” a los homosexuales. Eso a pesar de que en 1972 y 1973 la Asociación Psicológica Americana y la Asociación Psiquiátrica Americana dejó de considerar la homosexualidad como una enfermedad en sus manuales de diagnóstico.
Algunos de estos supuestos “curados”, han salido bastante escaldados de la experiencia. Y además, hay ya muchas investigaciones que apuntan a un posible origen biológico de la homosexualidad. Desde que en los 80 entre Günter Dörner intentó demostrar que la hipófisis de los homosexuales masculinos, se parece en su funcionamiento a una hipófisis femenina.
Más tarde los gays americemos, llevaban camisetas que decían: “Gracias por el gen, mamá”, siguiendo las investigaciones genéticas de Hammer. Después Simon LeVay se hizo célebre con sus investigaciones en el hipotálamo. Ninguna de ellas han sido concluyentes. Pero si, finalmente sí lo fueran, ¿quién indemnizaría a todos los “curados”? ¿Les dejaremos alguna vez vivir su vida en paz?
Se me saltan las lágrimas. Así es la mente retorcida de Dani y Óscar (maqueta) cuando se trata de hacer rabiar a David (maqueta). Lo que hay debajo del envoltorio es una Vespa de los 80. Unos desaprensivos…
Turiasaurius riodevensis era un enorme saurópodo (llegaba a tener unos 37 metros de longitud y hasta 48 toneladas de peso o el equivalente a ocho elefantes africanos), que vivía en la zona cercana a Riodeva, un pueblo de Teruel a orillas del río Turia, en donde los paleontólogos descubrieron en 2003, en uno de los más de 30 yacimientos encontrado, los fósiles de un este dinosaurio que habitó en esa región, entonces costera, entre el Jurásico y el Cretácico, hace unos 145 millones de años.
En los últimos años han aparecido esos “grandes dinosaurios de cola larga”, principalmente en Asia y África. El Turiasaurius ha sido el primero de los europeos, aunque ya se están descubriendo en otros lugares, como Portugal o Gran Bretaña. La semana pasada se publicaba en Science un artículo de los paleontólogos responsables del descubrimiento turolense: Rafael Royo-Torres, Alberto Cobos y Luis Alcalá, de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis.
Las imágenes que reconstruyen el monstruo no deben hacernos olvidar que estas “bestezuelas” eran hervíboras (aunque capaces de comerse diariamente el equivalente al césped de un estadio de fútbol). En la web de Territorio Dinopolis podemos bucear por ese apasionante patrimonio paleontológico aragonés. Y, los que se animen, hacer una visita, que Teruel también existe.
Da gusto cómo este equipo de investigación está vinculado a la divulgación de la ciencia y a un parque temático donde uno puede conocerlo todo sobre el fascinante mundo de los dinosaurios.