Lagarto, lagarto
A la caza de noticias para nuestra sección de Pragmata Natura, acabo de tropezar con la prueba definitiva de que no todos los niños tienen el cerebro secuestrado por las multinacionales y su afán comercial. Nada de eso. 
Según cuenta su mamá, la pequeña Lily Capehart jamás se interesó por las Barbies. En lugar de dirigir sus afectos hacia esas falsas bellezas de plástico, la niña recurrió a la naturaleza, en la que encontró unos peculiares compañeros de juegos: los lagartos.
Desde los dos años se dedicó a perseguirlos y pronto, con mucho amor, aprendió a “hipnotizarlos”. Gracias a un ligero masaje en la pancita, los animales entran en un estado de trance (es decir, se están quietecitos) y la niña puede dar rienda suelta a su instinto artístico: los disfraza e inventa con ellos escenas dignas del mejor estilista.
Una suerte que papá sea fotógrafo y pueda inmortalizar los frutos de su ingenio. Y que mamá tenga mano para elaborar tarjetitas y camisetas con las imágenes. Así pueden compartir esta natural vena lúdica con todo el que desee darse un paseíto por su web de ventas.
Por supuesto, aseguran que los modelos han sido tratados en todo momento con la más exquisita consideración. Me queda la duda de si les pagarán derechos de imagen…
Pilar Gil




