Requiem por Brian
Éste era Brian, mi canario. Me lo regalaron mi hermano Rafael y sus hijos, Rafa y Manuel, cuando su antecesor, Mick, murió inesperadamente estando con ellos en Pelayos.

Cantaba como los ángeles. Yo tenía un vecino que me decía cada dos por tres: “Éste es un campeón”. Y lo era: te despertaba al amanecer si te olvidabas de taparlo por la noche con una vieja camiseta de rayas. Siguió siendo un prodigio incluso en competencia con dos ruidosos diamantes mandarines con los que compartió destinos durante unos meses en casa.
Estaba hecho a mis descuidos: noches de frío en la ventana, lluvia a veces, tres o cuatro días sin cambiarle el agua, ronqueras (sic), hasta caídas. Y a los descuidos de Durdi, al que también se le cayó la jaula un día y le quebró un alita que ya siempre se le quedó caída. Pero no protestaba. Daba sus buenos días, aguantaba nervioso las charlas de Yolanda, mi novia, y le contestaba en tono parecido.
Hace poco cambió sus amigos del pino de la casa anterior por mejores vistas, mejor terraza y algunos petirrojos. Lo disfrutaba agradecido. Pero pequé de confiado. Y un mal gato, un mal amigo –porque habían tomado el aire juntos alguna vez– lo sacó de su diminuta felicidad el martes y se lo llevó.
Después lo encontré. Tuve que enterrarlo en el jardín de abajo para bajar a verlo de vez en cuando. No eran ni 20 gramos de pajarito pero ahora, inesperadamente para mí, lo echo de menos. ¿Soy un blando? Pues soy un blando.
Iñaki de la Torre

SI EINSTEIN LEVANTARA LA CABEZA
…como dice la canción hay que pena me da que se me ha muerto el canario.
Comentario por ... — Octubre 28, 2006 @ 1:25 am
Espero que encuentres otro al que llamar Elvis
Comentario por getxu — Octubre 30, 2006 @ 1:26 pm