11
Dic

Una conversación. Un entrevistador y un entrevistado. Una fórmula tan antigua como la propia vida, algo inventado mucho antes que la misma televisión. En la prehistoria del medio ha habido una larga lista pero hoy en día sólo existe un oasis para el diálogo en TVE, “En noches como esta”. Juan Ramón Lucas nos invita, cada madrugada del jueves, a escuchar personas de ámbito popular que triunfan, o han triunfado, en la vida por realizar algo de provecho. Teniendo en cuenta lo fácil que es acostarse con cualquiera y contarlo en el programa de turno, poder disfrutar de la charla con alguien que tiene digna trayectoria es más que un lujo. Con la sola interrupción de una mesa. Juan Ramón debería cambiar la suya, en IKEA puede encontrar una más decente que la que tiene. La situación lo merece.
En noches como estas, pero hace dos décadas, la gran Julia Otero preguntaba sobre lo divino y lo humano a figuras de la talla de Anthony Quinn, Lorenzo Lamas, Isabel Pantoja, Tita Cervera y el Barón Thyssen, Lola Flores, Alfonso Guerra, Mariscal o Mario Conde. Y lo hacía desde “La luna”, también de noche, pero en mejor “prime time”. Julia sabía, como Juan Ramón, tratar lo profesional pero intercalando asuntos personales, desde el respeto y la cordialidad. El ambiente también resultaba intimista aunque el público ocupaba parte del plató. La audiencia estaba a la altura del programa, la cadena apostaba por ello. Lo mismo hizo con “La ronda”, “Un paseo por el tiempo” y, más recientemente, “Las cerezas”, de cierta repercusión.
Lucas elevó el nivel que había dejado por los suelos la sexóloga Lorena Berdún con el anterior programa de entrevistas de TVE, que heredó incluso el decorado. Quien entrevistó sin parar durante más de un lustro fue Joaquín Soler Serrano con aquel “A fondo” que dejó al archivo de TVE de los 70 y 80 centenares de testimonios de genios como Borges, Dalí o Miguel Delibes. Aportó su buen granito de arena Pedro Ruiz con “La noche abierta”. Es cosa de nocturnidades y lunas. Cada vez más menguantes pero en su soledad, cada vez más crecientes. Pese a los vampiros, queremos más “lunas” nuevas, disfrutar de las vivencias de Amaral, Rosa María Sardá o Charo López. De ellos aprendemos De otros que trincan por no contar nada, previo pago de su importe, nos queda la compasión.
23
Sep

Hoy nace este blog dedicado al mundo de la televisión, echando una retrospectiva a los personajes, programas y series del pasado para comprender mejor lo que se cuece en la actualidad del medio. Y para comenzar, la estrella de los espacios del corazón del momento, Belén Esteban. La ex de Jesulín rellena cada día muchas horas de programación debido a un inusitado éxito amparado especialmente en el pueblo llano. Y han sido muchas las voces que han criticado que se de un púlpito continuo a alguien que, en principio, sólo puede hablar de su vida privada. Pero lo cierto es que esto de que personajes ajenos al mundo televisivo hagan sus apariciones especiales no es nuevo. Recordemos que en los años 70 y 80, el doctor Rosado consiguió presentar programas y secciones en TVE cuando sólo existía una cadena y media en nuestro país. Incluso espacios infantiles. Aquel señor acabó en la cárcel por los consejos absurdos que proporcionaba en el “Fantástico” de José María íñigo. Conocidos son sus remedios acerca de la asfixia o el ahogamiento…
Quien vio en aquel presunto médico condiciones de comunicador estaba bastante equivocado. Lo mismo que aquel que permitió a Pedro Ruiz contratar de colaborador al boxeador Perico Fernández para comentar noticias de actualidad en el espacio de humor “Como Pedro por su casa”. Perico no sólo tenía problemas en la dicción. Tampoco destacaba por sus grandes conocimientos acerca de la política y la sociedad. Pero ocupó su lugar en el “prime-time” de la televisión pública. Y por si fuera poco, se metía a cantante. Llegó a interpretar el tema “Agujetas de color de rosa” (después convertido en la sintonía de una telenovela de los 90) en el programa de entrevistas “Estudio abierto” en su etapa de los 80. Y para caso inaduito estaría el de otro doctor, Alfonso Cabeza, que después dirigió un equipo de fútbol y en su periplo de polemista que arrasaba con todo, llegó a presentar una edición del espacio musical “Superstar” en 1984…
A lo largo de la historia de la televisión hemos visto de presentadores y colaboradores a personajes nacidos de las revistas del corazón y de realitys shows. Cuando Rociíto comenzó a trabajar en el magazine más visto de las mañanas, “Día a día”, venía amparada por ser la hija de la inolvidable cantante Rocío Jurado y por la confianza de María Teresa Campos. Pero las aptitudes como presentadora de concursos o actriz eran más que dudosas. No por nacer de una estrella de la canción o de un presentador significa que los genes transmitan dotes de comunicación. Y es que la televisión es un campo que no se puede cerrar a ningún colectivo en concreto. ¿Por qué una señora o señor de la calle no va a poder colaborar en el medio si habla de lo que sabe?. Un abogado habla de leyes en “Espejo público”, un médico lo hace de enfermedades en el “Saber vivir” de “La mañana de la 1” y un cocinero habla de recetas para “España directo” porque a un determinado grupo de espectadores les interesa. Pues Belén Esteban habla de su parentela en los espacios rosas porque a la gente que lo ve le interesa. Ella habla de lo que sabe. No le quita el puesto a nadie porque sitio hay para casi todos. Eso sí, llegará el día en que presente “Informe semanal” para mostrarnos un repaso de los 7 días previos con las andanzas de Humberto, Víctor, Jesulinas, los padres de la Campa e incluso el chófer del diestro menos culto de nuestra piel de toro.
Y es que la Esteban ya es toda una figura del medio. Tal vez lo que más chirría es que cobre un buen pastón por hablar de su vida privada pero tiene el mismo derecho a hacerlo que famosos como Carmen Martínez Bordiú. O incluso más, puesto que muchos de esos famosos lo son por ser herederos de una saga que tal vez deberían avergonzarse de su pasado y cuyos ingresos se perciben a nuestra costa cuando menean las caderas en “Mira quién baila”. Otro ejemplo es Vicky Martín Berrocal, que acaba de presentar un concurso de nuevos talentos en “Castilla la Mancha TV” y aunque no sea lo mismo que si hablara de su vida privada, aquí sí le estaría quitando el puesto a presentadoras veteranas y preparadas cuando su fama se debe a ser la hija de un ganadero y exesposa de “El Cordobés”. Y cobra como todos, como Belén también. Y aquellos programas de televisión que tanto critican a la madre de Andreita seguro que se pasaban al lado contrario, a elevarla a los altares, si firmara un contrato para colaborar en sus programas y apvecharse del éxito que proporciona allí donde haga acto de presencia. Ella se mete en el bolsillo a quienes la rodean. Tal vez es el pecado comprensible de sus compañeros, que puedan compadecerse de ella al tenerla cerca y sentir su humanidad. Pero si Belén firmara un contrato para Antena 3 y empezara a comentar en “DEC” o “Espejo público”, ¿no se rendirían a sus pies los que ahora se posicionan en contra?. Al final, lo importante para la gente es si consigue un trabajo en tiempos de crisis, si se rebaja la hipoteca en la próxima revisión o si se consiguen avances para acabar con graves enfermedades. El resto es “pan y circo”, entretenimiento. Y Belén es entretenimiento, demasiado omnipresente pero cercana al pueblo, al público que visita el espacio y a quienes vemos “Sálvame” desde casa. Por cierto, felicidades a sus directivos por la sintonía del programa, mítica canción de Bibi Andersen, cuya interpretación de naúfraga desarrapada en el musical “Aplauso” de José Luis Uribarri no se ha ahogado en nuestra memoria. No puede ser más pegadiza y divertida. Eso es saber aprovechar un tema del pasado y es que yo, por las cosas del archivo… MA-TO!