10
Ene

“Escenas de matrimonio” regresó hace unas semanas a Tele 5 cuando apenas ya nadie esperaba una posible nueva emisión. Desapareció meses antes debido al cansancio de unos espectadores ávidos de disfrutar de otros espacios de más calado social. Y es que los primeros puestos de audiencia eran para la serie de enfados maritales hasta que “Comando actualidad” o “Españoles por el mundo” empezaron a codearse con los triunfantes que reinan aún en la actualidad. La creación de José Luis Moreno no da más de sí, por muchas vueltas que le den. El resultado, por ahora, es tan bajo como el coste de sus risas enlatadas.
Pepa y Avelino, es decir, Marisa Porcel y Pepe Ruiz. Ellos fueron la clave del éxito de esta producción que nació dentro de aquel “Noche de fiesta” como las “matrimoniadas”. Los picos de audiencia eran tan altos dentro del show de lentejuelas y varietés como en su independencia ya en la privada. Pero nunca entendí que esos diálogos de teatrillo de Arniches pudieran llamar la atención de tantos millones de espectadores diarios. Me alegró más que Antena3 ofreciera tanta pasta a actores de toda la vida que siempre vivieron en el vértigo económico, estando a la altura de las mejores estrellas cinematográficas. Aunque el tiro les salió por la culata a los jefes de esta cadena y los actores han regresado a los tiras y aflojas de “Escenas”.
El mayor referente de esta producción lo encontraríamos en la maravillosa “Los Ropper”. Nacida a raíz del triunfo de los personajes de la británica “Un hombre en casa”, los vecinos (y caseros), George y Mildred, se lanzaban todo tipo de perlas verbales para demostrar que el peor estado vital es el casadero. Finalizando los 70, TVE emitía con gran calado popular esta comedia que llegó a adaptarse en Estados Unidos con igual repercusión. Incluso la pública haría una versión llamada “Diálogos de matrimonio” poco después. Los disparos de ingenio bajo la excusa de la convivencia transmitían el ardor temperamental de enfrentados caracteres y un poso de cariño bien oculto. El que ya no queda en ese desierto humorístico de “Escenas de matrimonio”.
26
Dic

Hay formatos televisivos que no muestran ni el más ápice intento de renovación con el tiempo y es el caso de los espectáculos de José Luis Moreno. Bien es cierto que la fórmula le funciona y se agarra a la máxima de que si al público le gusta por qué razón habría que cambiarlo. La última prueba la tuvimos en Nochebuena con “La noche de Paz”. De Paz Padilla, para rematar el chascarrillo. Y en esa velada interminable, todos los elementos propios de los programas del ex ventrílocuo, a los que nos tiene más que acostumbrados. Motivo de análisis para críticos de televisión y psicoanalistas. Woody Allen debería ir escribiendo el guión de “Un final made in Torrelodones”.
Las claves: una pareja de presentadores que no paren de hacer comentarios insulsos acerca del ligoteo, de los comportamientos sociales o de la rivalidad fémina-varón. Una sesión de artistas de primera fila en sus primeras cuatro horas y de cantantes de feria y copla en sus cuatro últimas. Unos humoristas veteranos alternando con otros de nueva generación y que entretengan al” respetable” mientras la gente espera el momento en el que el regidor alze la mano, y así mostrar sus mandíbulas hasta la desesperación. Ballets regionales, toques de revista de Colsada, alguna atracción visual y el desfile de cachas y modelos perfectos para envidia o regozijo de la mayoría. Mucha luz y algún premio que remate la jornada.
Pero José Luis Moreno lucía un mejor tostado en los 80, de marionetista de Monchito, Macario y Rockefeller. “Entre amigos” era mucho más modesto pero me quedo con los momentos donde los trozos de madera tallados aparecían sobreexcitados por la jamona de turno que había realizado su numerito minutos antes. Véase una Carmen Russo o una Sabrina pechugona ya en la etapa de transición de TVE a las Autonómicas. El bueno de José Luis es ventrílocuo de verdad, bueno de oficio, sin mover la boca, con ingenio y soltura, sin dar pie a la dubitación. Por eso no se entiende que se entregue a un bucle de programas tan exactos que da igual que se llame “Noche de fiesta” que “Risas y estrellas”, “Maravillas 10 y pico”, “Noche sensacional” o “Con la 1ª al 2003”. Debería llamarse “Nada nuevo que mostrar”.