31
Ene

Hay programas de televisión que uno no sabe por qué se mantienen en la parrilla de emisión. Un caso de estudio sería el concurso “Tomar cero y a jugar”. Las tardes de Tele 5 llevan varios meses con este producto que no funciona en audiencia y tampoco tiene mayor repercusión. Sería mejor repetir series clásicas de la cadena o un zapping de lo más destacado de sus espacios antes que aguantar este singular juego que se queda a medias. Quiere ser un nuevo “Allá tú” pero con elementos que le hagan no tener que pagar derechos a otra productora.
Para colmo, la cadena decidió relegar a su primer presentador, Daniel Domenjó, para colocar al marido de Soledad Mallol en “Escenas de matrimonio”, David Venancio Muro. Un simpático actor que tiene el mismo futuro de showman que el que tuvo el prestigioso actor Pedro Osinaga en un experimento llamado “Todo queda en casa” a finales de los 80. Aquel concurso venía avalado por un formato americano que luego intentaron repescar con Joaquín Prat en “¿Cómo lo véis?” (94-95). Pese a que Osinaga mostraba toda su experiencia como actor, era inútil en programas de entretenimiento. Dos mundos más separados de lo que parece.
Precisamente, Joaquín Prat nos mandaba “a jugar”, como parte del título del producto que Tele 5 emite en la actualidad. Muchos son los casos de espacios que pueden tener buena base para triunfar pero que un inadecuado conductor o un formato pobre lo dilapidan por completo. Parece que la cadena de Vasile se lo cargará en breve, ya era hora. Contemplando una edición cualquiera de este concurso y sintiéndome el profesor que se venga del alumno que se ha portado mal, al darle la nota de evaluación, sólo puedo decirles a sus creadores: ¡Toma cero!.
26
Oct

Parece increíble que algunos productos televisivos duren tanto cuando su calidad es paupérrima, a la par que su audiencia, igual de pobre. Pero “El revientaprecios” sigue en antena. Tele 5 iniciaba en verano la emisión de este concurso que exprime, aún más, a los espectadores que se dejan llevar facilmente por los teléfonos de participación, con 806 remordimientos posteriores . Presentado por Miquel Serra, el reportero más querido de la Duquesa de Alba en “Aquí hay tomate”, con los aspavientos y subidas de tono hiperbólicas a los que nos tiene acostumbrados. Y con la participación de un trío de niños vestidos de rosa llamados “los Frigenti” y que roza, tanto en nomenclatura como en imagen estética, con los personajes de aquella película titulada “La parada de los monstruos” o como renovación de las “Trillizas de oro” que hacían los coros de Julio Iglesias en los 70.
La trama de este programa se basa en obtener un suculento premio (de una caravana a un coche, pasando por las entradas a un concierto) acertando el valor económico (tirado por los suelos) en una dura pugna por quién dará menos. Lo peor es la parafernalia que lo envuelve, con un coro góspel desperdiciado en canturrear en ese circo no ambulante donde todo es posible con tal de impedir hundirse sin flotador. En cualquier otro caso, con los resultados obtenidos, el programa no hubiera pasado de una cuarta emisión. Pero el hecho de que sea la misma productora de los exitosos “Sálvame” o “La noria”, impide quedar mal con sus dirigentes. Por eso, la aparición “espontánea” del trío de niños mimados del “pueblo de los malditos” y del presentador, en el programa de Jorge Javier. Todo sea por hacer promoción.
Pero si hablamos de cantidades y de intentar acertarlas, durante 5 años (desde 1988), Joaquín Prat llevó las riendas del concurso que más hizo soñar a los televidentes, “El precio justo”. Conseguir 40 millones de pesetas en premios era posible gracias a que TVE adaptó un vetusto formato americano que funcionó a las mil maravillas con elegancia, profesionalidad y por la simpatía de su inolvidable conductor. Ya quisieran los del “revientaprecios” mandar “A jugaaar!!!” a sus seguidores sin vaciarles el bolsillo. Con Joaquín bastaba mandar una carta a Prado del Rey, pero aquí prefieren facturar primero y regalar después. Un premio que será en todo o en parte, para aquel de los concursantes que, sin pasarse, más se aproxime a su desprecio justo. El que muestra la audiencia por el programa.