3
Feb

Antena 3 emite los Domingos por la noche un programa de sátira catódica llamado “La escobilla nacional”. Se trata de un caricato de los personajes del corazón y los colaboradores de espacios como “Sálvame” o “DEC”. Su presentador, Angel Llácer, conduce las riendas de esta locura con un magnífico toque colorido que inunda de luz la programación del último día de la semana. Las imitaciones son calcos de los originales. Susanna Grisso tomando un Actimel para calmarse, María Patiño histérica, Mercedes Milá enfadada o Karmele Marchante reclamando su participación en Eurovisión han sido sus mejores puntales.
“La escobilla” es nacional, como lo era la sección de muñegotes de “Pero ¿esto qué es?” en 1990. “Paridor nacional” trataba la actualidad política y artística con las réplicas en látex de Manuel Fraga, Joaquín Prat o Lola Flores. Canal Plus hizo una versión más ácida con sus guiñoles, que nacieron en el 95 como versión del “Spitting Image” que arrasaba en el Reino Unido y donde nadie era censurado. Desde la Reina de Inglaterra a Ronald Reagan eran pasto de burlas y chascarrillos. Las críticas a nuestros famosos también tuvieron un Rey, Gurruchaga en “Viaje con nosotros”, haciendo parodias de Jordi Pujol, Pilar Miró o la mítica de Victoria Prego y un pequeño Felipe González.
Pero para parodias, la de Constantino Romero, que también era nacional. Desde 1996, personajes como Estrellita la Moderna o Vanessa Puñales ironizaban acerca de todo lo que llamara la atención de los medios. Fuera la boda de Rociito o el Gobierno de Aznar, cantado en coplillas creadas por ocurrentes concursantes, tenía una puesta en escena de comedia musical cañí que caló en la audiencia. Siempre es sano reírnos de lo que pasa en la sociedad para no tomarnos la vida muy en serio. Ya nos toman mucho el pelo las batallas campales entre diarios de diferentes ideologías, inamovibles. Instauremos la sorna como deporte…deporte nacional, claro.
23
Dic

Llegaron de nuevo. Las Navidades. Para los teleadictos, estas fechas son especiales porque hay programas ambientados en esta temática tan sentimental. Desde pequeño, me crié con los espacios más queridos por los niños y que se adaptaban a esta época. En el “Un, dos, tres” había ediciones donde los mayores dejaban paso a los alumnos de colegio para participar en su mecánica. Y siempre ambientado en la típica estampa navideña de pinos cubiertos de nieve, pistas de hielo donde patinar y entrañables casitas de leña, como sacadas de un cuento de Andersen. Las azafatas vestían un look de mamá Noel y todo estaba bajo un ambiente de dulzura, regalos empaquetados, cantinelas y villancicos, que nos hacían soñar en un mundo sin problemas.
Mi nostalgia se ubica en los 80. En Navidades que abarcan desde los Payasos de la tele rodeados de árboles muy adornados hasta Charlie Brown y Snoopy en un capítulo especial. Pasando por Espinete y la grabación de un programa en el mismo “Barrio Sésamo”, Torrebruno en aquellos especiales de “Mazapán” por las mañanas, la bruja Avería cantando un villancico electrocutante, a los de “Si lo sé no vengo” entre pruebas hiperactivas o Constantino Romero entonando un “Oh, Blanca Navidad” en “El tiempo es oro”. Los cuentos de hadas de Shelley Duvall, que nos acercaban a los clásicos europeos. Las cortinillas de TVE adaptadas a tan tradicional fiesta, los deseos de paz y unidad familiar desde las series americanas. Capítulos con niños enfermos en hospitales y con moralejas que culminaban en abrazos y buen rollo, mensajes de cariño, cenando pavo y acogiendo al necesitado.
En el 2009, se conserva poco espíritu de entonces, tan familiar. Como si analizáramos el “Cuento de Navidad” de Charles Dickens, el fantasma de las navidades del pasado nos avisa que hay que cambiar el chip. Esforzarse en hacer una programación entretenida, adaptada a todos los públicos y hecha con dignidad. Tal vez el problema es que ya no somos los niños soñadores que veían a MIM en “Los sabios”, sino los adultos realistas con problemas en el día a día. Elizabeth Taylor contaba que dejó de creer en Papá Noel cuando era pequeñita y en un centro comercial, uno de ellos le pidió un autógrafo. Sólo Raphael parece saltar la barrera del tiempo como sacado de su especial de las Navidades de 1969. Comprensible sabiendo que ya hace 40 años nos decía aquello de “El camino que lleva a Belén…”. Ese camino se llama Tele5. Por favor, sálvenme… Muy feliz Navidad, queridos lectores.