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La espada de Damocles

Tele 5 emite tres veces a la semana el espacio “G20” o lo que es lo mismo, la oportunidad de poner a caldo a todo aquel que pase por delante. Risto Mejide nació para la fama desde “Operación triunfo” y se le fue la mano en cuanto a críticas encarnizadas. Los pupilos de la Academia Musical le temían como si su futuro dependiese de aquellas valoraciones, excepto en las contadas acasiones en que se revelaron armados de valor. Risto dio el salto a presentador por esa carga de mala leche que ha demostrado rotundamente. Cae simpático el que es capaz de despellejar al rival si lo hace con una verborrea propia de un literato. Pero la nueva estrella mediática juega en un alambre muy fino que se puede romper, resultando cazado su cazador.
La ironía en TVE tuvo su máximo exponente en Alfredo Amestoy, un ácido periodista que analizaba la actualidad desde su palco incrustado en una pantalla de televisión de cartón. A través de programas como “Ver para creer”, “35 millones de españoles” o “Visto y no visto”, Alfredo satirizaba acerca de lo que había llamado la atención esa semana, los personajes que habían dado la nota, las declaraciones más sorprendentes y los momentos más curiosos de la programación. Pese a que en los años 70 no reinaba un clima de libertad a la hora de decir lo que se pensaba, Amestoy podía jugar con la actualidad sin dañar a nadie. Dominando la palabra, diciendo lo mismo que se dice en el “G20” pero desde un punto de vista menos hiriente. El ingenio de antes es superado por la inquina de ahora.
La veintena de protagonistas del momento a quienes poner en el disparadero de esa lista son sólo el ejemplo de aquellos con quienes no comulga el verdugo Risto. Sin la gracia (ni el flequillo) que Amestoy brindó al respetable público, el presentador del “G20” resulta difícil de seguir asiduamente. Es una simple curiosidad a quién va dirigido su dardo. No importa si ese día le cae mal Zapatero, Fernando Alonso o Curry Valenzuela. En otros tiempos, el medio sirvió para realzar el talento de quienes se lo merecían. Aquí, se estrujan las neuronas por buscar a la víctima más accesible. Con ese arma de doble filo de quienes se creen libertadores sociales para ganarse el cielo. Y el cielo es inalcanzable, como el objetivo de este programa.
