Acertar con los regalos de Navidad
No hay duda. Mi mujer me ha dado una lección estas Navidades. Por mucho que lo intente, por mucho que quiera…una mujer siempre será una mujer, y por eso no hay nadie mejor que una mujer para comprarle algo a otra.
El regalo del día de Navidad para Pichín no ha sido el set de maquillaje, ni los Cuentos de Caillou, ni un perrito al que no le falta detalle para parecer real. Tampoco creo que vaya a ser el patinete que la espera encerrado en un armario de casa a que lleguen Los Reyes Magos y que yo me empeñé en comprar.
El regalo de las Navidades -puede que estemos ante el regalo del Siglo- son una bailarinas plateadas con lazo y lentejuelas que un día mi mujer vio en H&M y que no dudó ni un segundo en comprar. Las mismas bailarinas que yo casi olvido en un cajón por la prisas de última hora antes de que llegara el Christkind a casa, el Niño Jesús que según la tradición germana trae los regalos el día de Nochebuena.
Cuando la pequeñaja abrió la caja se le iluminó la carita y dejó de hacerle caso a lo que tenía alrededor. Se las puso de inmediato y, aunque quedaban un par de paquetes por abrir, continuaba mirándolas de de soslayo a medida que terminaba de desenvolver los otros regalos.
Desde entonces por su cabeza no pasa la posibilidad de quitarse las bailarinas ni para ir a pisar charcos al parque. En realidad, y aunque me duela, tengo que reconocer que no supe valorarlas en su justa medidad como regalo para Pichín.
Cosas de la vida. En determinadas materias no cabe duda de que una Madre es una Madre y que aunque Padre no hay más que uno, no siempre tiene la razón.
Feliz Año a tod@s!





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