Una mala racha
La pobre Pichín no está pasando una buena racha. A la pobrecilla se le está juntando todo, como se dice vulgarmente. La hemos quitado -por fin- el chupete y su pañito de dormir, un par de amigos del parque no bajan a jugar tanto como antes por motivos varios y, encima, ha empezado el ‘cole’ de mayores… vamos que su vida está hecha un lío en estos momentos.
Ya he comentado en alguna ocasión el tema del colegio. Solicitamos el colegio público que nos pilla a menos de 200 metros de casa, no entramos, nos pusieron en lista de espera y al final escolarizaron a la niña en uno que todavía no existe (no están ni los cimientos), para lo que Pichín tenía que pasarse el año de manera provisional en el colegio que habíamos solicitado en unas aulas provisionales… Un follón. Por eso mi mujer y yo decidimos que lo mejor era dejarla en la escuela infantil privada a la que iba y que tienen clases hasta los seis años.
Hablar de la nefasta gestión que ha hecho la Comunidad Autónoma de Madrid con la escolarización en el barrio del Planetario de Madrid llevaría mucho tiempo, pero valga resumirlo con un simple calificativo: penoso. Pero lo peor no es eso, es que cuando hablas con tus amigos o comocidos con hijos en edad escolar, vivan en el barrio donde vivan… ¡les pasa o ha pasado lo mismo! ¿Cómo puede haber tan pocas plazas de colegio para los niños de 3 años sobre todo en zonas nuevas?
Pues bien a todos estos líos colegiales, de los que hemos intentado que mi hija se enterara lo menos posible, hay que unirle que más de la mitad de los niños que iban con ella a clase en la guardería ya no están porque o bien han conseguido plaza en el cole público o concertado de turno o sus padres tienen posibles para pagar uno privado. Para más INRI, uno de los que falta es un tal Sergio. Un chaval rubiales y con las orejas asoplilladas por el que al parecer mi hija bebía los vientos porque ya son más de dos y de tres las veces que de repente le recuerda medio en suspiros.
A mí, la verdad, es que se me parte el alma, pero claro, así de dura es la vida. Si esto es así con tres años, no quiero ni pensar lo que va a ser cuando tenga catorce. En fin, las malas rachas pasan rápido.




