Archivo de August, 2009

August 21, 2009

Ciao!

Ciao no es una despedida del blog, aunque entra dentro de las posibilidades que los amigos de Crecer acaben despidiéndome por lo poco que escribo. Es la última moda de Pichín, despedirse a lo italiano.

No sabemos de dónde lo ha sacado, pero cada vez que se despide de alguien estas últimas semanas le dedica un espectacular “¡Ciaaao!” Alargando las ‘aes’ como si fuera Sofía Loren. Me encanta.

sofia_loren.jpgHasta ahora he preferido no enumerar las cosas que me fascinan de mi hija y del resto de los niños a los tres años para no aburrir al personal.  Pero una de las principales es su capacidad para absorber toda la información que le rodea. Valga como ejemplo este post o cualquiera de los casos que seguro habéis tenido con vuestros retoños. Pero lo que más gracia me hace es como esa información sale de ellos después distorsionada y adaptada a su mundo. Si lo recordáis, a mí me parecía memorable el concurso de televisión de los ‘Gallifantes’ que es el mejor ejemplo de lo que trato de contar.

Pues bien, el otro día se acerca Pichín y me suelta:

- “Papá, a Joselito le han hecho mucha pupa. Unos hombre malos le cogieron y le hicieron daño y claro, luego se murió con heridas con sangre y mucho dolor”.

Yo me quedé preocupado por lo que hubiera podido ver mi hija. Después de preguntar un poco y pensar que la niña había visto un telediario o uno de los ‘agradables’ magazines que nos dedica la TV por las tardes, descubrimos que en el bautizo de su prima, a la pequeña la había secuestrado su abuela “la pseudo-beata” y le había puesto la cabeza como un bombo con sus historias para no dormir sobre la Biblia. Resulta que Joselito era Jesusito, que Jesusito era Jesucristo, y  los señores malos eran los romanos.

En casa somos católicos pero más bien poco practicantes, y la verdad, nos hubiera gustado que nuestra hija se hubiera enterado de la historia de la Iglesia de otra manera y cuando fuese algo más consciente. En fin, corrimos un tupido velo y a esperar a cuándo Pichín vuelva a acordarse de la historia y que Dios nos pille confesados cuando le dé por preguntarme por algún misterio de la Santísima Trinidad. Ciao.

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August 6, 2009

Los niños de agosto

Se acabaron nuestras merecidas vacaciones. Hemos vuelto a Madrid después de días de playa, cine de verano y heladitos en el paseo marítimo. Prefiero no entrar en detalles para no deprimirme más. La vuelta al trabajo está cada vez más cercana y hay que ir mentalizándose.

Aunque para ser sinceros el regreso a la gran ciudad no es tan traumático si se hace en agosto. Por eso soy de los que siempre se pide el mes de julio en el trabajo. Mis compañeros me preguntan por qué lo hago, pero prefiero no decirles el verdadero motivo.

pichin.jpgY es que para mí, Madrid, en pleno estío, es una gozada: se puede circular con el coche sin problemas ni atascos, comprar con tranquilidad y visitar lugares que durante el resto del año están imposibles porque están atestados de gente. Bueno, históricamente se podía, porque los excelentísimos alcaldes de Madrid nos lo llevan poniendo difícil desde la época de Álvarez del Manzano que puso de moda hacer agujeros y obras en casi todas las calles de la ciudad, y este año no es una excepción.

A lo que iba… que Madrid en agosto es una gozada para los padres, pero desde que Pichín está con nosotros, estoy descubriendo que los niños no lo pasan tan bien ni disfrutan de esta situación.

Al calor que te obliga a ir buscando cada esquina con una sombra, hay que unirle que los niños de la ciudad se han marchado de vacaciones. El parque normalemente atestado de pequeñas fieras en el que casi hay que pedir la vez para tirarse del tobogán, ahora parece un solar. Ante esta situación es una pena ver cómo Pichín se acerca cada día oteando y con cierta expectación a ver si hay niños conocidos jugando esa tarde. En épocas de cole, sale disparada toda contenta cien metros antes de llegar a los columpios  y ahora se acerca hasta allí cabizbaja  y con cierto aire de resignación.

Pichín se tiene que conformar con lo que hay debido a la escasa y “movida” afluencia infantil. Es decir, cada día hay, como quien dice, un nuevo compañero de juegos porque o los que quedan se marchan de vacaciones, o los que llegan están tan desubicados como ella.

Así que los pocos padres que quedamos en la ciudad deambulamos de parque en parque buscando compañía para sus aburridos hijos y una buena sombra donde soportar los ratos que pasamos intentando hacer más llevadera esta soledad.

Estos días me están sirviendo para confirmar la capacidad de socialización que tienen los enanos y en cómo el niño al que acaban de conocer, parece que ha sido su compañero de juegos de toda la vida.

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