March 25, 2009
A medida que pasan los meses Pichín se va convirtiendo en toda una señorita. Parece mentira que siendo tan pequeña tenga tan claro lo que quiere y lo que le gusta. Si se le mete una cosa entre ceja y ceja es complicado que se lo puedas quitar de la cabeza, y si lo consigues, su prodigiosa memoria para las cosas pequeñas te lo recordará pasadas unas semanas.
Lo último son las zapatillas de flores. Una especie de botas tipo All Stars decoradas con flores y puntos en distintos tonos verdes y rosas sobre un fondo cuadriculado, y rematadas con una tira de purpurina rosa en el talón. Contado así, la cosa pinta a horterada total, pero la verdad es que las zapatillas tienen su punto.
El caso es que Pichín, harta de ir día sí y día también con el uniforme azul y amarillo de Pipo´s ha decidido darle un toque de color a su atuendo y no hay quien le quite este calzado.
El tema no acaba ahí, como buena mujer que es, tiene claro qué quiere ponerse y cuándo es el momento de hacerlo. Más de una y de dos veces hemos transigido a la hora de vestirla para ahorrarnos la escenita, y muchas más hemos tenido que utilizar nuestra mejor mano izquierda para hacerla entrar en razón y que se vistiera como nosotros habíamos pensado.
March 8, 2009
Se nos ocurrió hace un par de semanas que sería bueno que la pequeña aprendiera a nadar. La idea es evitarle un infarto a mi suegra este verano cuando vayamos a la piscina.
Buscamos semanas atrás un lugar bueno-bonito-barato, como siempre. Lo localizamos en nuestro barrio. Todo nos salía a pedir de boca. Se trata del centro Bahía, en la calle Eugenio Sellés de Madrid (barrio de Arganzuela). Nos atendieron de maravilla, con todo tipo de explicaciones y ejemplos de cómo dan las clases. Tienen experiencia de muchos años enseñando a nadar a los pequeñajos, incluso cuando desde que tienen pocos meses de vida. Además, daba la casualidad de que a las 11 de la mañana los sábados tenían un hueco libre.
Pues nada, que el día D nos plantamos allí con la pequeña. Iba encantada, con su bañador, su gorro y unos escarpines feísimos que le habíamos comprado unos minutos antes. La dejamos en la piscina con su monitor y todo perfecto. Se pone la primera de la fila y se marcha directa a las escaleras para meterse en el agua.
Nosotros, igual que la mayoría de ‘padres primerizos’ en esto de la natación, nos quedamos comiéndonos el cristal que separa la sala de ‘visitas’ de la piscina. Y al fondo, Pichín. Que se agarra a la barandilla, que la pegan dos meneos caminos del agua, que se aferra al profesor, que comienza a poner mala cara. Y de repente…. empieza a berrear.
Ahí se acabó la película. La pobre Pichín se pasó 20 minutos llorando y gritando mi nombre y cuando pude recogerla se me tiró a los brazos sollozando.
No he podido resistirlo y después de que en los días siguientes ella misma me haya recordado que no quiere ir a “la piscina azul” la he borrado de las clases. Analizando lo que nos ha pasado, creo que definitivamente nos hemos precipitado. Por eso vamos a intentarlo otra vez después del verano, que por lo menos la enana llevará el rodaje hecho de la playa y la piscina.