Uno más uno…. ¡Pichín!
Hola a todos,
Según pienso en cómo presentarme en mi primer post del blog me estoy dando cuenta de que me apetece muchísimo escribir sobre mi hija. No estaba seguro de ser capaz de contar cosas atractivas y me daba un poco de miedo caer en algo manido y ñoño. Pero la verdad es que da igual: no dejo de ser el típico padre baboso por su retoño. Habrá que asumirlo sin complejos y disfrutar con ello.
El secreto puede estar en transmitir mi propia visión de su mundo y las cosas que se me pasan por la cabeza. Puede que sean obvias o que ayuden a alguien que se encuentre con una situación similar. No lo sé, ya se verá.
Desde que apareció por casa mi pequeña de dos años –te lo remarca en cuanto puede con dos deditos medio retorcidos- se ha creado un universo paralelo en casa. Podría estar horas y horas observando cómo se las maneja para sobrevivir en un mundo hecho para adultos y sorprendiéndome a cada rato con las nuevas cosas que va haciendo. De ella os voy a hablar a partir de ahora. Por cierto, la llamamos Pichín.
La culpa es de José Luis López Vázquez
No os culpo por haberme puesto verde: me lo merezco por ponerle ese apodo a mi hija. Tengo que reconocer que este asunto se nos fue de las manos. Todo empezó por una gracia, como suelen empezar estar cosas. Me divertía la película “¡Cómo está el servicio!”. La conoceréis todos.
Es esa dirigida por Mariano Ozores –un mago del humor- y protagonizada por Gracita Morales y José Luis López Vázquez. Pues bien, en el film, López Vázquez, que tiene cuatro novias a la vez, las lleva a ver una obra en las afueras de la ciudad para sacarlas los cuartos.
El pícaro, para no meter la pata, las llama a todas Pichurri. Que si Pichurri cómo te quiero, que si Pichurri te adoro y así toda la película.
Pues a mi hija lo mismo: Pichurri, por aquí, Pichurri por allí….hasta que le empezó a hacer gracia a más gente.
La cosa comenzó a desvariar en La Pichu, Pichurrita,….. hasta que se ha quedado estancado, de momento, en Pichín.
Pero lo peor de todo es que además nos hemos acostumbrado a silbar al llegar a casa y claro, imaginaos la escenita. Uno que entra por la puerta gritando ‘Pichín’, ‘Pichín, pfiiiiiiiiiiipfuuu, ‘Pichín. Y de repente aparece, doblando por el pasillo, una cosita pequeña, a la carrera, moviendo el culillo de lado a lado y con andares de pato mareado, hasta que se te agarra a las rodillas. A mí se me cae la baba, pero la verdad es que más de un vecino ha debido pensar que tenemos perro.
¿Y vosotros? ¿Cómo llamáis a vuestros hijos? ¿Por su nombre o por algún incomprensible mote?




