Septiembre 3, 2010

How much does your building weigh Mr. Foster?*

norman_foster

¿Cómo parecerse remotamente un poco a usted Mr. Foster? Es la pregunta que me gustaría hacerle después de ver el primer pase del documental que protagoniza este arquitecto británico. Porque refleja a un individuo optimista, inteligente, ordenado, que se ha hecho a sí mismo, en resumen, que no se pierde en lo superfluo. Ese lado humano de uno de los arquitectos más destacados del siglo XXI desmonta la idea preconcebida que el espectador podría haberse hecho de él. No en vano es, por ejemplo, el autor del puente más alto del planeta (el viaducto Millau, en Francia) o del aeropuerto más grande del mundo (Pekín).

La cinta –galardonada con el primer premio del Jurado en el Festival de cine de Docville– comienza con las hipnotizantes imágenes de un maratón de esquí de fondo entre cuyos participantes se distingue a Foster. Sin duda, es una forma bellísima de representar visualmente cómo el arquitecto nunca quiere renunciar a la poética en todo lo que hace. En ese mismo momento, la música de Joan Valent –que me ha recordado un poco a la Música Callada de Mompou– te envuelve y contribuye a hilar, sin caer en el aburrimiento, proyecto a proyecto y etapa a etapa de su vida, cómo se ha forjado a sí mismo, las amistades que le han influido, cómo se toma la vida, en fin, resulta ser una pastilla de optimismo en los tiempos que corren.

Este biopic, dirigido por Norberto López Amado y Carlos Carcas, resume con claridad meridiana quién es Norman Foster. No cuenta que hace nada ha renunciado a su título de lord para poder declarar sus impuestos en el extranjero. Porque se centra en esas «tiny things», las cosas pequeñas que mueven el mundo (lo defiende estos días en la Biennale de Venecia la única mujer premio Pitzker, Kazuyo Sejima). Apostilla que todo le inspira y que ha llegado a pensar que vé cosas que los otros no aprecian. Igual que no hay título de lord ni pompa ni boato, vemos el primer dibujo que hizo, de un avión, cómo cruzó bajo un arco de su Manchester natal y cambió su vida, de un mundo gris a otro lleno de vida, de aprendiz a arquitecto de éxito en ciernes. La voz en off del guionista, Deyan Sudjuc, nos hace deternernos en un detalle que puede parecer también pequeño: cómo viste Mr. Foster tiene que ver mucho en cómo es su arquitectura. Siempre elige un original estampado para sus camisas o un color impactante para su chaqueta.

Le vemos montando en bicicleta, entrenando para un maratón de esquí de fondo después de haber sido diagnósticado de cáncer (por cierto, contra la opinión de su médico, a los seis meses de quimios y radioterapia vistió el dorsal en la carrera) y, como no, pilotando su propio avión (único signo de ostentación quizá que aparece en imágenes porque de su entorno privado vemos poco cuando aparece jugando junto a su hijo en breves fotogramas). Tampoco queda satisfecho nuestro morbo y su esposa Elena Ochoa sólo aparece en los créditos, claro, es la productora del documental.

Aficionado a resguardarse del mundanal ruido en su ultraligero para disfrutar, simplemente, del silencio, nos explica detalles arquitectónicos de joyas como la torre Hearst de Nueva York o del viaducto de Millau, que aumentan su atractivo y el deseo de pillar un billete e ir a verlos al natural cuanto antes. Hay que hacer notar que aquí el espectador español echará en falta que el documantal no se detenga en ninguna realización del premio Pritzker (1999) en nuestro país. Por ejemplo, la torre Colserolla de Barcelona, el metro de Bilbao o la, más recientemente construida, la torre Caja Madrid que rasca imponente el cielo de la villa y corte.

Foster va más allá, además de lanzarnos un flash de optimismo y explicar cómo él ha salvado el tipo en todas las adversidades, financieras, de salud, etcétera, hace una llamada de atención a los políticos y quizá también a la sociedad actual, que han de estar atentos ante la imperiosa e inminente fuerza del gigante asiático. Para el ex lord, tenemos que cambiar de chip, aprender de ellos y saber garantizar una vida urbanita mejor, a través de la sostenibilidad. Así lo pretende llevar a cabo en su proyecto de Masdar City, de Abu Dhabi (Emiratos Árabes) que parece un mundo de ciencia ficción, sacado de algún cómic vintage. Tras hacer un recorrido a lo largo de 50 años de trayectoria, deja esa puerta abierta al futuro. A Foster o a sus trabajos seguramente se les pueden poner pegas pero la película es altamente recomendable.

* El documental se estrena el día 8 de octubre en los cines Verdi de Madrid y Barcelona. Previamente, el 24 de septiembre se presenta en el festival de San Sebastian. Más adelante recorrerá otras provincias.

Beatriz F. Brihuega

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