El bricolaje: amores y desamores
Cuando me enfrento a la más mínima obra en casa (léase colgar un cuadro, poner una balda o montar un mueble sueco) empiezan también mis trámites de divorcio. Y es que, es fundamental saber utilizar la taladradora eléctrica para ser realmente autosuficiente en esta vida. Eso y tener la fuerza bruta de un toro para acarrear las cajas de muebles desmontados y transportarlas al coche, donde comprobarás, con horror, que no caben por mucho que lo intentes… Pero volvamos a lo que nos ocupa: ¿vosotr@s también discutís cada vez que hay que hacer algo en casa? ¿o sois de es@s afortunad@s que tienen una pareja amante del bricolaje, que se pelea con quien sea por montar una buena estantería de mil baldas y doscientos mil tornillos? Está claro que no hay término medio, o desesperad@ porque no hace nada en casa y aborrece la decoración, o desesperad@ porque es un@ fanátic@ del montaje y se pasa el día cabilando a ver qué puede destripar. Yo, confieso, soy de las primeras. Mi maridito no se acerca a la caja de herramientas ni para buscar una chincheta cuando les quiere poner a los niños en su cuarto un horrible póster de la Liga. Y no es que yo sea precisamente de las que consultan a su pareja cada vez que hay que comprar sábanas; pero me gustaría que se interesara, aunque fuera fingido, cuando vamos a elegir un mueble. Sobre todo, cuando se trata de nuestra cama. Pero no hay manera, tengo que resignarme y aceptarle tal y como es… En cuanto al mundo de la decoración y el bricolaje, me encuentro sola ante el peligro. Y vosotr@s ¿tenéis problemas a la hora de decidir en pareja qué os gusta y qué no? ¿todavía no habéis comprado el sofá de casa por indecisión de uno de los miembros de la familia? Contadselo a Dora…
