Flores de papel pintado
Hay imágenes que se graban en la mente de un niño y que, pase el tiempo que pase, no se borran. Una de esas instantáneas que guardo en un recodito de mi mente es la de los estampados florales de papel pintado que cubrían los muros de la casa de mi infancia (más bien, un pisito situado en un extrarradio de la gran ciudad). Los motivos eran primorosos, y cada habitación contaba con los suyos propios ¡faltaría más! Ramas de lilas para el dormitorio de los abuelos, florecitas rosas tipo Liberty para el de las niñas, ramas verdes para mis padres y, como colofón, impresionantes copas doradas en el salón… No se libraba ni la cocina, que estaba revestida con un modelo plastificado con motivos gastronómicos. También recuerdo el día que, sin previo aviso, la moda dictó sentencia y condenó a muerte al decorado de mi infancia. Toda la familia se vistió para la tarea: camisetas viejas y vaqueros raídos para empapar las paredes con esponjas, reblandecer el papel y arrancar literalmente el decorado de nuestras paredes y vidas. En fin, yo pensé que nunca jamás el papel pintado volvería a formar parte de mi existencia y, mira tú por dónde, ahora regresa con fuerza para imponerse en la pasarela de la decoración. No sin estupor, he visto en estos últimos años como, poco a poco, tímidamente, ha ido haciéndose un huequito en las nuevas casas. Al principio era un simple cameo (un zócalo en el pasillo, la pared del cabecero, en un rincón del cuarto de los niños…) para convertirse, con mucho esfuerzo, en actor protagonista de numerosas habitaciones de la casa. Aunque, como no podía ser de otra forma en moda, sin volver a los extremos del pasado (no os asustéis). La clave está en saber combinar sabiamente los fastuosos nuevos estampados, entre los que no faltan brillos, dorados y cromados, con pintura en tonos más discretos. Las rayas, por supuesto, no podían faltar a esta cita, y campan a sus anchas por recibidores, pasillos y cuartos de baño. Yo, después de tanto tiempo sin él, no descarto hacerle un huequecito en mi vida. He descubierto un papel pintado maravilloso, con rosetones en rosa, blanco y plata que quedaría genial en el pasillo de casa. Además, quién soy yo para hurtarles a mis hijos un bonito telón de fondo para sus mejores recuerdos de la infancia… Bueno chicas, os dejo voy a ver si lío a mi chico para montar unas borriquetas y un tablero donde cortar y dar cola a las tiras de papel, que luego habrá que casar bien para que el estampado cuadre. ¡Una obra de arte y un pasatiempo que me trae muy buenos recuerdos!
