Quien tiene una casa, tiene un tesoro (y cada día más)
Hablaba ayer con una amiga mientras tomábamos café y me decía, casi con lágrimas en los ojos, que se había dado cuenta de que jamás de los jamases iba a tener una casa en propiedad (léase piso, adosado, apartamento, etc.). ¿El motivo? Acababa de saber a cuánto ascendía el precio del piso que quería, y había calculado la cuota de la hipoteca a pagar cada mes (1.800 euros). En consecuencia, cuando se gana exactamente eso, es imposible tener una casa. Bueno, ya sé que no os descubro ningún misterio, y que, seguro, más de un@ estáis en ese mismo caso, pero quiero que sepáis que eso pasa también aquí, en la redacción de esta revista. Seguro que much@s habréis imaginado que las personas que hacen una revista de decoración viven en pisos ideales decorados a la última y con todo lujo de detalles… ¡Pues nada más lejos de la realidad! Si hay una queja constante en la redacción esa es ¡tengo la casa hecha un asco! Y en su caso es más sangrante, porque se pasan la vida contemplando fotos de casas maravillosas, visitando tiendas de lo más fashion y descubriendo tendencias muy tentadoras en ferias y presentaciones de prensa. En resumen, no hay quien esté a la altura. Es como cuando vas a la peluquería y la estilista que te atiende te deja ideal, mientras que ella tiene el pelo hecho una pena. No hay refrán más cierto que ese de “en casa de herrero…” aquí los cuchillos de palo campan a sus anchas, y el que no vive de alquiler esté en medio de una reforma o quiere cambiarse de piso porque el suyo se le ha quedado pequeño. Os voy a contar un chisme que hace referencia a todo esto: cuando en el número 5 de la revista micasa +Práctica apareció publicado el salón de la directora de estilismo, una lectora escribió indignada; decía que esa birria de salón no podía pertenecer una persona que tiene ese cargo, y que su casa era mucho más bonita y más grande y luminosa que la de la mismísima directora de estilismo de la revista Micasa. En resumen, le pareció un auténtico bluff. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que mucha gente más debía tener idealizadas las casas de las personas que trabajan en la revista ¡Pues se siente, la realidad es otra! Los chicos y chicas que hacen esta revista tienen casas normales, con todas sus carencias y virtudes ¡qué también hay auténticas monadas! No vaya a ser que algun@ se me enfade… La moraleja es que no hay que mitificar nada ni a nadie, luego llegan las decepciones, y aquí, como en cualquier otra oficina, tienda, taller o almacén más de un@ está haciendo cuentas para ver cómo estira su nómina para comprar la casa de sus sueños, sea como sea, que al fin y al cabo, tu casa es tu castillo aunque tenga 40 m2.
