Navidad, trabajos y niños
El tiempo pasa tan rápido que cuando me he querido dar cuenta ya está aquí la Navidad y tengo a mis dos hijos embobados mirando las luces que adornan la ciudad.
Es época de cuadrar agendas laborales con eventos y celebraciones varios, cenas-comidas navideñas con familia y amigos, encargos de los Reyes Magos y todo eso resulta una misión casi imposible si tienes dos niños en casa. Vamos, que es más complicado encontrar una hermana, cuñada, abuela, amiga que haga las veces de niñera que conseguir aparcamiento en pleno centro y en hora punta.
Si los Reyes Magos me hubieran enviado una carta con todo tipo de especificaciones con las peticiones pertinentes de Ana y Carlos, todo sería más fácil. Llegaríamos a la tienda o centro comercial de turno e iríamos a tiro fijo. Pero no es así de sencillo. Lo único que la niña tiene claro es que quiere una guitarra y un micrófono y una pizarra de tizas, “pero de colgar eh?” . Sí, ya sé que eso está tirado de encontrar, pero resulta que mis hijos se pasan la tarde con la abuela materna, es decir, mi madre, y sus Reyes Magos se me han adelantado y han decidido que esas peticiones van directas a su casa…. “Genial Mamá, gracias. Ya me volveré yo loca pensando en algo.” Y Ana sigue sin pedir nada más.
El caso es que sabes que si te metes en un centro comercial vas a encontrar mucha gente con la misma intención que tú: resolver la papeleta del tema regalos lo más rápido y mejor que se pueda. Así que todo el mundo corre por los pasillos, entran desesperados en las tiendas, aguantan como pueden la cola para pagar y luego a meter los paquetes en el maletero del coche sin que los niños lo vean otro día. Y claro, el plan no es muy apetecible y lo vas atrasando y atrasando hasta que te das cuenta de que ya no queda nada para los Reyes Magos y empieza a ser urgente encontrar niñera para escaparse una tarde a cumplir la misión.
Como hay varias cosas que le hacen ilusión a Ana ( o eso creemos su padre y yo) y que no son los últimos lanzamientos de la industria juguetera esperamos encontrarlo todo sin problemas. En alguna ocasión Ana ha insinuado querer pinturas de dedos, cuentos, unos Pequeños Ponys para peinarlos (el anterior parece Amy Winehouse y tiene tal cardado que resulta imposible quitarle las gomas que la niña ha ido poniéndole) y unas botas de agua de Spiderman. Supongo que a estos presentes, al final se le unirán otros más que irán surgiendo por el camino.
De Carlos no os cuento nada porque él es feliz con muy poquito, el pobre. Con ir de exploración por toda la casa le vale. De hecho ahora su mayor diversión es acercarse sigilosamente al Arbol de Navidad y pillar cualquier tipo de adorno que esté a su alcance antes de que yo lo descubra y él intente escapar con su presa por el pasillo gateando a toda velocidad cuando escucha mi voz diciendo “noooooooooo”.
Espero que paseis unas Felices Fiestas con vuestros seres queridos.
¡FELIZ NAVIDAD!

Así que hemos cubierto todos los picos con protectores especiales para que Carlos no termine empotrando en ellos su cabecita, hemos protegido todos y cada uno de los enchufes de la casa, colocado topes en las puertas y cajones y, de momento, el niño no nos ha dado ningún disgusto serio.


