El teleadicto

“¿Crees que las personas como tu madre no deberían tener hijos”?, pregunta Emma García en El juego de tu vida. Yo, insomne masoca, le respondo desde el sofá: ¿Y tú crees que las presentadoras que abusan del colorete y las tenacillas de pelo no deberían tener un poquito de vergüenza? Pero la concursante pronuncia un tímido “sí”, se lleva 100.000 euros a la saca y hasta la madre que ha sido brutalmente despreciada aplaude el alarde de sinceridad. Pensará que con ese dinero, la nena podrá inflarse los pechos y convertirse en tronista de Hombres y mujeres y viceversa. Allí volvería a ver a Emma, sentada en la escalera del plató. Y juntas subirían un peldaño más hacia el Olimpo de la televisión.
La autoridad moral de Emma encaja bien en las terapias de Generación Ni Ni. Podría impartir un taller de cómo sacar dinero contando cómo insultan a sus padres, qué roban para comprar drogas o cuántas veces han practicado sexo sin protección en el parking de la discoteca. Porque los pobres chavales lo están haciendo gratis en La Sexta. ¡El único premio al que aspiran es reconducir sus vidas! Normal que estén así de apáticos…




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