¡Europoyeya!
Hay que ser profundamente eurofan para tragarse la gala de elección de nuestro representante para el Festival. Y aun así, se hace duro. Para aguantar las cuatro horas de torpe y ramplón directo, también resulta imprescindible rodearse de amigos viperinos, porque los comentarios del jurado de TVE, liderado por Uribarri –madre, qué fular–, eran más previsibles que las votaciones de Estonia y Letonia.
Por no hablar de la hierática Alaska: al anunciar las votos decisivos del público, parecía que estaba leyendo la lista de la compra –en la que debería incluir bandas depilatorias para su marido, que lució pecho lobo durante su actuación en riguroso playback–.
Antes de nada, quiero felicitar a Soraya, la vencedora. Tiene vozarrón, es muy profesional y se estoy seguro de que se lo va a currar para presentar un buen show en Moscú. Sobre todo debe pulir la coreografía, porque esos movimientos espasmódicos no pegan con los ritmos árabes (tan pasados de moda, añadiría yo). Tampoco nos engañemos: la canción, La noche es para mí, da una pereza mortal, aunque confiamos en que meta un fallo de dicción (o de micro, como ella guste) para darle vidilla. Al menos la triunfita es llamativa.
También lo era Melody, la gran perdedora de la noche, aunque con los sustitutos descamisados de los Vivancos se le notaba un poco huérfana. Y al final de la actuación le faltaba el aire y cantaba regulín; con Soraya, al menos en eso, vamos sobre seguro.
Mi favorita (aquí se va a notar que para ser eurofan hay que tener el gusto un poco tortuoso) era una tal Virginia. No la de OT –por cierto, chulísimo el disco de Labuat–, sino un clon de Nuria Roca que trinaba a lo Pasión Vega una balada cursisísima titulada True love.
Supongo que el público acabó descartándola por su alergia al suavizante capilar. Una lástima.
De la ristra de ex triunfitos destacó Anabel, la flamenquita del último año, curiosamente arropada por otra ex de Factor X y el grupo Santa Fe; el collage sonaba raro, pero al menos le ponían alegría.
Jorge, el chico rescatado de los mercadillos de ropa para la música y que finalmente ha sido descartado para Física o química, lució unos pantalones brillantes brillantes para una deslucida actuación. La peor fue sin duda Noelia, vestida y peinada para matar (del susto) y pegando gritos sin sentido.
Y luego había unos muy majos pero que se habían equivocado de garito que se llamaban Baobab, uno que había plagiado a Ricky Martin descaradamente, “un, dos, tres” y camisa reventona incluida, una tal Isi (por su pelo y tatuaje barriguero, probablemente era la abreviatura de Isidora) y del resto ni me acuerdo.
Bueno sí, la joven Mirela, habitual en estas quinielas, que en cualquier momento dará en la diana porque tiene una calidad vocal alucinante.
En conclusión, Soraya cuenta con todo el apoyo de los eurofans. Los frikis le estamos eternamente agradecidos desde que entonó nuestro himno, Poyeya, y no vamos a abandonarla en su cruzada europea contra los temibles cantores de los países del este.




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