Bravo, ¡bravísimo!
Viajemos al inicio del proceso creativo.
Me imagino a José Luis Moreno, sentado en el trono de su mansión como el señor Burns de Los Simpsons, tocando una campanilla de oro. Aparecen raudos algunos sirvientes, esos que luego salen en sus series interpretando a fontaneros vigoréxicos o sirvientas recauchutadas. “Hoy quiero… Celeste no es un color”. Entonces los mozos sacan disfraces y pelucas de los baúles en que duermen Macario y Rockefeller y repasan mentalmente el texto que encumbró a Lina Morgan antes de recitarlo frente José Luis. Al final, él aplaude moviendo las manos muy rápido, “bravo, ¡bravísimo!”. Una tormenta de ideas aturde su cabeza, y llama corriendo a Vasile: “Lo tengo. Un sainete moderno, como un gran espectáculo de revista que haga que todos olvidemos la crisis por un momento. Con grandes estrellas, un decorado maravilloso… ¿Me sigues?”.
Viajemos al medio del proceso creativo.
Penélope Cruz no pudo coger el teléfono a José Luis porque estaba en el baño, así que el productor llamó a otra actriz de Oscar: Miriam Díaz-Aroca. Qué suerte, ella sí estaba libre. “Además he estado revisionando La del manojo de rosas y clavo el acento chulapo”, responde Miri.
Como coprotagonista había pensado en una mujer sensual y evocadora, pero Paz Vega, maldita casualidad, estaba en su ruta diaria por Hollywood Boulevard, llamando al telefonillo de todos los productores. Para consolarse, José Luis pidió para cenar dos morcillas de Burgos. Sin saber por qué, marcó el número de Neus Asensi.
Para diseñar los decorados tenía en mente a Gil Parrondo, pero debía andar remodelando su propia casa porque le oyó de lejos gritar algo así como “¡y unos cojines!”. En Tele 5 le comentaron que tenían sin usar un plató que simulaba un mercado, destinado en principio para el nuevo talk show de Emma García, en el que se le puede tirar una merluza a la boca del invitado si crees que no dice la verdad, o un puñado de gallinejas si te parece feo. “El polígrafo vale como caja de naranjas; total, está hueco…”.
En la lista de prioridades de José Luis está descubrir nuevas caras. Jóvenes con una técnica depurada, que sepan exprimir su talento artístico con elegancia y sutileza…
Viajemos al final del proceso creativo.
José Luis Moreno, sentado en el trono de su mansión, aplaude moviendo muy rápido las manos tras ver del tirón los dos capítulos de estreno de A ver si llego, la noche del domingo. Uno de sus sirvientes musculosos comenta que lo mejor ha sido cuando la señora de los labios le ha dicho al señor de la barba: “Camionero mío, te voy a arreglar el cigüeñal”, y acompaña el chascarrillo del gesto pertinente. José Luis se jacta de que él mismo escribió esa perla de guión, y se unta una tostadita de foie antes de retirarse a sus aposentos…




Deja un comentario
Subscríbete a los comentarios via RSS