Archivo de Agosto, 2008
Agosto 19, 2008

Cuando ya dábamos por hecho que Anita no tendría rival para el TP de Oro a la Mejor Estrella Invitada –una categoría tan necesaria como como la de Mejor Reposición o Mejor Copia de Otra Serie Americana–, cobra protagonismo su última criatura, Darek, el alumno más aventajado del ‘método Obregón’ (Stanislavsky es historia). Ella le transmitió sus conocimientos digamos que por ósmosis, y él ahora los explota en Yo soy Bea, donde interpreta al chico cocacola light en versión extendida. Por ahora se le atraganta la asignatura de la gesticulación pero lo de
andar a saltitos como Ana por Hospital Central, lo clava.
A este Marlon Brando en potencia (o simplemente potente) le acompaña una voz grave que debe alegrar los sueñecitos de siesta de media España. Quienes consiguen mantener el ojo abierto ante las plomizas tramas –Be, cielo, nos da igual que te cases con el rubio o con el moreno–, pueden disfrutar de sus otros talentos. Que tiene que hacer una ñapa en la oficina, camiseta fuera; que la Puri va darle una clase de español, idem de idem. Ojo al diálogo:

–Darek, modosito él: “No me voy a quitar los pantalones”
–La Puri, en celo: “Todo se andará…”
Y que lo digas, Puri. Como la audiencia siga bajando, a Darek le tocará recordar sus tiempos mozos en los que era la guinda en las despedidas de soltera. De hecho, parece que la Bombi, la Chali y compañía
se han empapado de todo lo que ocurre en esos clubs para dar veracidad a su interpretación. Ni las leonas de los documentales de La 2 rugen como ellas.
Aunque las tardes hormonadas de Telecinco son un fracaso de audiencia –¡nuevos tronistas no, por Dios!–, insisten en esta táctica y hasta obligan a Alberto Herrera (se sospecha que es Emilio Pineda con peluquín) a ir más apretado que los nadadores olímpicos en Está pasando.
Por su credibilidad, esperamos que en su contrato haya incluido la cláusula “No presento sin camisa”, algo que recomendamos a todos los que firmen en verano con la cadena amiga.
Hablando de presentadores estrujados por estilismos imposibles, me veo obligado a hacer una mención especial a Edu Yanes. Le han colgado el llamativo título de
X-man para acompañar a Nuria Roca en la nueva edición de Factor X. Os dejo esta foto
para que comprobéis que sus poderes serán el ataque con el supercepillito de rímel, el supercamuflaje a base de bote ‘Sol del Caribe’ y los superbesitos con gloss. ¡Muac!
Agosto 19, 2008

Lo reconozco. La curiosidad ha podido conmigo. Vamos a ver, ¿qué tipo de serie puede ser una que se titula “Mujeres asesinas”, que te venden como un thriller serio y que está protagonizada por trece actrices mexicanas de culebrón? Pues una mezcla entre una película de terror y, efectivamente, una telenovela con equivocados aires de misterio.
Y es que es muy difícil creerse todo esto. Ellas quieren ser malas, malísimas. Ponen su cara más agresiva para torturar a sus víctimas. Y, aunque te cueste digerir la historia, les sale bien. Porque son expertas en poner este tipo de gestos. ¿Cuántas veces habrán tenido que hacerlo en las decenas de telenovelas que han protagonizado? Itatí Cantoral (“La viuda de blanco”), Verónica Castro (“Los ricos también lloran”), Leticia Calderón (“Amor real”) o Daniela Romo son algunas de las estrellonas de esta serie adaptada de un formato argentino que ha sido todo un éxito y en la que, en cada capítulo de trama autoconclusiva, se lleva a cabo una terrible venganza.



Los guiones no hay por dónde cogerlos. Sabes perfectamente lo que va a pasar en cada momento y, evidentemente, cómo va a acabar la historia. ¿Pero sabéis qué es lo peor –o lo mejor– de todo? ¡Que estás pegado a la tele durante los cuarenta y cinco minutos de cada capítulo! No me preguntéis por qué, pero pasa.
¡Ah! Y otra cosa. Los títulos de los episodios no tienen desperdicio. Están compuestos por el nombre del personaje protagonista y un adjetivo de la talla de desalmada, cuchillera, acorralada, tóxica, ponzoñosa, vengadora, asfixiante, trepadora, rebelde, corrosiva… ¡Uff! Eso para que nos vayamos haciendo una idea de lo que vamos a ver. En resumen: intérpretes sobreactuadas, guiones que no se los cree ni un niño de ocho años y violencia, mucha violencia. ¡Pero cómo mola!
Agosto 6, 2008

No había visto ningún capítulo de las tropecientas temporadas de Hospital Central, pero el anzuelo Obregón es superior a mis fuerzas. Formo parte de ese 6,1 por ciento de españoles que se siente huérfano desde la cancelación de Ellas y el sexo débil; de hecho no puedo perdonar a Antena 3 que nos privara del momento en que Anita juraba sobre la Constitución como presidenta del Gobierno. No sé si ese capítulo se llegó grabar. Si alguien sabe de su existencia, por favor, en esta web estamos dispuestos a pujar alto.
Mi profunda desazón al fin se ha visto recompensada por la intervención de la estrella en Hospital Central.
Todavía hoy, cuando cierro los ojos, vienen a mi mente las imágenes de la ¡por fin! bióloga correteando por los inmaculados suelos del centro médico, con la bata ondulante porque no había forma de abrocharla.
Como homenaje a sus dotes interpretativas, os regalo una galería de gestos que a partir de ahora serán asignatura obligatoria en las escuelas de arte dramático. (Advertencia: la naricilla de Embrujada requiere pasar por el quirófano).




El clímax llegó con el mano a mano entre Ana y Carolina Cerezuela, primas en la ficción –se rumorea que en el guión original la diferencia de edad era mayor–. No sólo comparten tinte, sino ese talento innato que permite ser “sexy, sexy” hasta cuando se comunica la muerte de un paciente. Durante una conversación entre ambas tuve un deja vu fantástico: aquella serie de Lina Morgan en la que interpretaba a unas gemelas. Y ahí se me encendió la bombilla: ¡Obregón y Cerezuela son la misma persona! Conociendo el gusto de Ana por la ciencia ficción, he deducido que ella ha creado un clon de sí misma, 20 años más joven. ¿Lo generó con aquella costilla flotante que dicen que se quitó? ¡Qué bíblico! Y según mi teoría, hay más clones obregonianos sueltos por el mundo, como Mischa Barton, Lara Dibildos…
Hay que tener cuidado, porque se reproducen más rápido que la legionella que Anita descubrió –en plan House con cintura estrangulada– en el jacuzzi de una transexual.
Otra secuencia inolvidable que refuerza mi intención de recoger firmas para que Telecinco dedique un spin off a su neumática medida.
Agosto 6, 2008

A primera vista parece una mezcla entre C.S.I. y, la excelente Millennium, en la que Lance Henriksen resolvía crímenes gracias a las imagenes que le venían a la cabeza. Sin embargo, el tipo de esta nueva serie que me tiene impactado no se parece a ninguno de los que hayamos visto. Por fortuna. Por eso engancha.
Se llama Patrick Jane y es un detective que trabaja por su cuenta, como la mayoría de los metomentodo al estilo Harper-Newman –en eso sí se parece a los clásicos– y al que de vez en cuando recurre el California Bureau of Investigation en busca de sus contactos extraoficiales. En este caso son más extra de lo que uno imagina: son paranormales. Con sólo observar la escena del crimen y mirar fijamente a los sospechosos descubre cosas imposibles de averiguar.
La aguafiestas, la escéptica, la desconfiada es Teresa, a quien irrita esa autosuficiencia y se empeña en menospreciarle caso tras caso. La tensión entre ellos, que apunta a convertise en sexual, cómo no, es una de las bazas de este thriller.
Al medium, Simon Baker, no lo conocemos, pero al bombón, Robin Tunney, la hemos visto en el papel de Verónica en Prison Break.
La inquietante, serena y cuidada interpretación del protagonista se apoya en unos casos nada comunes que evitan que el producto sea una copia barata de las mil series policíacas que inundan la pantalla. Mientras, el sorprendente pasado de Patrick se va descubriendo, lo que añade un plus de intriga.
Desde aquí, valoramos los bemoles de los productores para meterse en semejante berenjenal, tal y como está hoy día el patio televisivo, y que el producto resulte, si no creíble, al menos original. Esperemos que The mentalist no tarde mucho en llegar a España porque esta producción promete.