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Oh, la la… ia 2

Queridas Ragazzanautas…

Aquí me tenéis, vivita y tecleando, como siempre. O intentándolo al menos. Siento haber tardado taaanto en postear. Digamos que no he tenido una semana fácil… ¿Alguna vez habéis notado como todas vuestras neuronas se lanzaban a la caza y captura de vuestro corazón en una guerra sin tregua ni cuartel? Vaaale, acepto que la metáfora no me ha quedado muy lograda… Así que me dejo de rollos sin sentido y empiezo a largar por esta boquita.

Bien, os dejé con mi viaje paguisino. Un viaje que casi, casi acabó en tragedia… (no os asustéis mucho, ya sabéis que me gusta dramatizar). Ahí van los detalles morbosos (ains): podéis visualizarme el último día del viaje postrada en cama de habitación de hotel en país extranjero con el virus gastroenterítico más fuerte que hayáis podido imaginar… tratando de comunicar a V. con la mirada el siguiente mensaje:

“Baja. Al. Hall. Consigue. Manzanilla. Me. Muero”.

Si tenemos en cuenta que el citado V.
a. ni habla francés
b. ni inglés
c. ni por supuesto tiene el poder de telepatía necesario para desencriptar mensajes lanzados con la mirada…

La cosa estuvo compliqué, compliqué… Pero al final, conseguí que entendiera el concepto (quizás ayudó el hecho de que entrara y saliera del baño como alma que lleva el diablo unas mil millones de veces). Al final, V. volvió con la preciada manzanilla… Y tres litros y medio de infusión después logré ponerme en pie hacer la maleta, ir hasta el aeropuerto… y volver al territorio español. (A puntito estuve de pedir la silla de ruedas para viajeros con dificultades, no creáis).

Sin embargo, a pesar de este final, el viaje fue increíble… París es sencillamente espectacular. Grandioso. Colosal. Sin embargo, de nuevo, en mi interior empecé a sentir que algo no estaba bien. No era la ciudad. No era el hotel. No era la comida. No era V. Era… yo. Me visualizaba a mí misma pateando la ciudad junto a V. y senstía que eramos una pareja que alguien hubiera recortado de sitios distintos y hubiera pegado después en un rapto de locura transitoria. No sé si podéis entender cómo me sentía… ¿Superculpable? ¿Superestúpida? O sea, por fin estaba con un chico increíble… y era incapaz de ser feliz. Laia, ¿nunca podrás conformarte con lo que tienes?, me decía a mí misma una y otra vez.

Entonces, en Barajas de nuevo, según habíamos recogido las maletas, mis higadillos maltrechos dieron una última vuelta de tuerca cuando me encontré frente a frente ante… sí, el mismísimo, el inigualable…

J.A.

Verle y darme cuenta de una verdad que vivía agazapada en mi interior fue todo uno: le quiero. Le sigo quierendo. Es más, ¡nunca le he dejado de querer! Le quiero con todas mis fuerzas… y todo lo que intente vivir sin él es una mentira. Sin embargo, me coloqué detrás de V. y conseguí que J.A. no me viera. Del aeropuerto me fui directamente a mi cama a dejar que el virus hiciera con mi cuerpo lo que tuviera que hacer. Días después, creo que era miércoles por la tarde, un rumor fatídico llegó hasta mi habitación (ya os dije que estuve algunos días en cama)… un rumor fatídico que aseguraba que V. tenía una historia con otra chica. Después del estupor inicial y de quedarme con el corazón en un puño, el bazo en el pie izquierdo y el hígado por montera… No pude evitar sentirme aliviada. En parte, claro. (¿A quién le gusta que le engañen?). Al día siguiente él decidió sincerarse conmigo: V. tiene una pseudonovia en Burgos. (Gran tierra, ojo, aunque garantizo que no volveré a comer morcilla de ídem en mucho tiempo).

Sin embargo, como os he dicho, una parte de mí descansó tranquila. No era para mí. Yo no era para él. No estábamos destinados a estar juntos. Fin de la historia.

En cuanto a J.A… bueno, la semana pasada estuve tentada más de una… millonésima de veces de llamarle y posicionarme. Tío, te quiero. Tío, quiéreme. Tío, llévame contigo a Bruselas… ¿Desesperada? ¿Loca… mente enamorada y/o estúpida? No lo pongo en duda. Al final, el orgullo y el sentido común me hicieron recapacitar y hace unos días me prometí a mí misma que no iba a hacer esa fatídica llamada.

¿Y ahora? Ahora me he dado cuenta de que necesito un cambio. EL CAMBIO. Un cambio por mí mísma. Sin depender de ningún chico. Yo sola frente al mundo… (ya salió mi vena melodramática). Pero es cierto. En estos momentos, no he tomado ninguna decisión. No sé que haré ni a donde iré ni qué será de mí. Pero eso sí, estoy decidida a tirar p’alante.

¿Me apoyáis?

Bs mil

Laia

143 comentarios Diciembre 5, 2008

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