La gran crisis
Queridas Ragazzanautas…
Aquí me tenéis, al pie de la tecla ¡y de la deshidratación más absoluta! Un grado más y alcanzo el punto de cocción. No os digo más. Tooodos los días al borde de la pulmonía por culpa de las gélidas temperaturas que alcanza el aire acondicionado en la redacción… ¡y hoy se pueden freír huevos sobre la mesa de luces! O san-aire-acondicionado vuelve a funcionar en breve… o me derrito. Y no es una amenaza. Es una (caliente y sudorosa) realidad. ¡Esto no hay desodorante que lo resista!
Dejando al lado el tema escatológico, estaréis conmigo en que no puede ser sano esto de pasar del modo non frost al tipo asador-de-pollos… Espero al menos que la revista sea solvente y no se trate de un recorte de gastos… Ejem. (Superjefa, si me lee, no se lo tome como algo personal… plis). De todas formas, debe ser lo que tiene tanto oír hablar de la crisis por activa y por pasiva. Dicen que todo se pega… y así me va a mí, que todo se me ha vuelto crisis de un tiempo a esta parte.
Crisis… amorosa. Ausencia de iniciales nuevas que llevarme al corazón… o a la boca, hablando en plata.
Crisis… televisiva. Tras la muerte de Lucas (descanse en paz), no paro de cantar eso de que “algo se muere en la tele, cuando Hugo se va”.
Crisis… de vacaciones. ¿Alguien adivina cuántos viajes o miniviajes tengo en mente para los dos próximos meses? (Pista: la respuesta está entre 0 y -1).
Crisis… de amistad. Y es que, queridas ragazzanautas, podría decirse que he ganado un ligue… pero me temo que he perdido un (gran) amigo. Uff. Uffff. Ufffff.
Aunque esto me pasa a mí por no leer más a fondo la revista… A ver, el mes pasado una compañera de la redacción me habló de una noticia que iba a publicar, a la que por falta de tiempo no presté toda la atención que debiera… Ains. Al parecer, un estudio de las Universidades de Yale e Indiana (estamos muy leídas por aquí, no creáis), había descubierto que uno de los problemas principales de falta de comunicación entre chicos y chicas era que el homo sapiens masculinis (los tíos) tiene una facilidad pasmosa para malinterpretar nuestros gestos. Nosotras solo les sonreímos como colegas, les miramos como colegas, les reímos los chistes como colegas, les invitamos a tomar una copa como colegas… y en su cerebro solo hay dos conceptos “Le” y “Molo”.
Y eso, justo eso, es lo que me ha pasado con mi amigo I, según me ha confesado una amiga en común. ¿Lo peor de todo? Está planeando contármelo todo en plan capítulo-300-del-culebrón-de-la-primera… ¡con cena romántica y regalo incluido!
¿Por qué me tiene que pasar esto a mí? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
La duda, la gran duda, la enooorme duda es… ¿cómo decirle/ sugerirle/ insinuarle/ responderle NO… sin perder su amistad?
Bs mil
51 comentarios Julio 9, 2008