Drácula era sordomudo

A lo largo de mi vida como espectador había visto casi de todo. Un Drácula negro, otro oriental, porno, homosexual… pero lo que no había visto hasta ahora era un Drácula sordomudo. Aunque existía y estaba ahi escondido, acechando en el proceloso mundo del infracine más costroso.

Deafula (1975) es una película de la que casi nadie había oido hablar. Y utilizo el término “oido” con doble sentido, ya que los actores del filme no pronuncian ni una sola palabra, porque se trata de la única película rodada integramente en el lenguaje de signos para sordomudos.

Semejante dato ya la convertiría en una rareza digna de ser tenida en cuenta; pero es que su argumento la sumerge ya de lleno en los páramos del cine más bizarro que se pueda imaginar. Steve es un joven sordo, estudiante de teología, que tiene una extraña fijación por la sangre. Más extraño resulta que, cuando por fin se decide a probar su sabor, se transforma en un extraño ser moreno y con bigote que resulta ser el mismísimo conde Drácula.

Y todo este delirio interpretado por un conjunto de actores que no se expresan con palabras sino mediante gestual que (sin subtítulo alguno) resultan incomprensibles para espectadores como yo. Tal vez por eso, los productores incluyeron ocasionalmente una voz en off que resume las incidencias de la trama. En definitiva, una película que demuestra que los abismos del infracine son nsondables.

3 comentarios Deja tu comentario Septiembre 15, 2008

Westerns

La Western Writers of América ha confeccionado la lista de los 100 mejores westerns de la historia. Una lista tan subjetiva como cualquier otra. realmente, cais todas las películas que la componen son fabulosas (si exceptuamos algunas menudencias como Bailando con lobos u Open range), aunque me choca bastante que aparezcan en ella títulos como The last picture show que, pese a su calidad, no creo que nadie en su snao juicio pueda considerarlos westerns.

Los tres primeros puestos están ocupados por tes filmes inapelables, Raíces profundas, Solo ante el peligro y Centauros del desierto. Lo que ocurre es que me parece una elección demasiado canónina. Los tres son westerns de qualite, en los que prima lo artístico sobre lo popular, y eso es algo que me tira un poco para atrás.

Por eso, y porque no tengo nada mejor que hacer a esta hora de la mañana. Aquí va la lista con mis cinco westerns preferidos:

1. Las aventuras de Jeremias Johnson (Sydney Pollack, 1972). Creo que puedo afirmar que es mi pelicula preferida de todos los tiempos. Robert Redford interpreta a un desertor del ejército que se va a vivir a las montañas rocosas y se convierte en un experimentado cazador. Forma una especie de familia disfuncional adoptando a un niño autista superviviente de una matanza y casándose con una india que no habla su idioma, y se convierte en una leyenda peleando con los pies negros.

2. La venganza de Ulzana (Robert Aldrich, 1972). Tiene una trama mínima. Un grupo de apaches escapa de la reserva en la que estaban confinados e inician una sangrienta razzia, mientras son perseguidos por un destacamento militar. Se la recuerda especialmente por sus sangrientas y violentas escenas, pero su gran mérito es su tono seco, polvoriento, de un realismo casi doloroso. Y un guión plagado de frases memorables. “Ya lo dijo el general Sheridad, si fuera propietario del infierno y de Arizona, viviría en el infierno y alquilaría Arizona’. “Pero señor, eso lo dijo de Texas”. “Puede ser, pero seguro que estaba pensando en Arizona”.

3. Murieron con las botas puestas (Raoul Walsh, 1941). ¿Existe aún alguien que no la haya visto? Esta biografía del general Custer se disfruta del principio al final.

4. El Dorado (Howard Hawks, 1966). Una especie de remake de Río Bravo pero mejor aun (si eso es posible), con John Wayne y Robert Mitchun como antihérores envejecidos. Humor, acción y exaltación de la amistad por encima de cualquier otra cosa.

5. Los profesionales (Richard Brooks, 1966). Burt Lancaster, Lee marvin, Robert Ryan y Woody Stroode son cuatro mercenarios contratados en 1913 para ir a México a liberar a una mujer supuestamente secuestrada por un bandolero. Es difícil encontrar un filme de acción tan magnífico que a la vez resulta ser una de las mejores reflexiones que el cine americano ha realizado sobre su politica intervencionista. Y si hablábamos de diálogos memorables esta tampoco se queda corta. Para muestra; “Es usted un bastardo”. “Puede ser. Pero en mi caso solo es un problema de nacimiento. En cambio, usted se ha hecho a sí mismo”.

Estos son los míos. Por supuesto, estoy esperando los vuestros.

5 comentarios Deja tu comentario Septiembre 12, 2008

Domingo en el centro comercial

Aunque cueste creerlo, llevaba más de cuatro años sin pisar un centro comercial. Y por mí habría seguido otros tantos. Pero, asuntos que no vienen al caso, me obligaron este fin de semana a pisar uno de estos “templos del ocio contemporáneo”. Lo bueno de tan desagradable experiencia es que me ha hecho recapacitar sobre dos asuntos.

Uno. La gran decepción que supuso para mí hace unos años leer La caverna de Saramago, novela que giraba en torno a este asunto, que cogí con enorme ilusión y que terminé con profundo desinterés.

Y dos. Que en el tema de los centros comerciales, ni Saramago ni nadie podrá superar nunca la labor de George A. Romero en su película Zombie (1978). Quien haya visto el filme sabrá lo que quiero decir, y quien no lo haya hecho ya puede ir corriendo a pillarse el DVD y disfrutar de una de las películas de terror más intelignetes que jamás se han realizado.

Sin destripar nada sustancial resumiré su argumento: los muertos han regresado a la vida devorando a los vivos. El caos se apodera por doquier en una gran ciudad, y un grupo de supervivientes (dos francotiradores de la policía, una periodista, un pandillero latino, una pareja en crisis…) se refugian en el interior de un centro comercial, con vertido en una especie de Álamo contemporáneo asediado por las hordas de zombis que pretenden entrar para comerse sus entrañas. Así, el centro comercial se transofrma en el último reducto de nuestra humana civilización. Un legado que quizás en el fondo no merezca la pena conservar.

Sobre todo esto pensé durante mi visita del domingo pasado, y me vino a la memoria una de las frases de la película (que pude releer hac eunos días en el magnífico El blog ausente), en la que uno de los polis protagonistas se refería a los zombis: “Cuando estaban vivos venían al centro comercial para divertirse. Ahora estan muertos pero siguen viniendo… aunque no sepan para qué”. Lo dicho. Romero era un visionario.

2 comentarios Deja tu comentario Septiembre 1, 2008

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