Ruinas egipcias en California

“Espero que dentro de 1.000 cuando los arqueólogos descubran estos edificios enterrados no piensen que la civilización egipcia se extendió hasta California”. Estas palabras las pronunció el mítico cineasta Cecil B. DeMille tras finalizar el rodaje de la primera versión de Los diez mandamientos (1925).

Para rodar aquella película, el director reconstruyó parte de una ciudad egipcia, con sus templos, pirámides, creando así los decorados más colosales de toda la historia del cine mudo. Superando incluso a los que David Wark Griffitfh utilizó en 1916 para recrear la antigua Babilonia en su obra maestra Intolerancia.

Pero una vez acabado el rodaje, DeMille hizo enterrar aquellas falsas ruinas bajo el las arenas del desierto californiano. Desde 1983, una asociación de fans de sus películas trata infructuosamente de sacarlas a la luz. En 1998 consiguieron una subvención de la Universidad de Berkeley y la ayuda de un grupo de investigadores que usando radares localizaron el lugar exacto en el que se encuentran enterradas. Pero la excavación no llegó a realizarse.

Ahora, se anuncia que por fin las ruinas serán desenterradas. Personalmente, espero que no se lleven a cabo. Y que la justicia poética haga que las humorísticas palabras de DeMille se conviertan en realidad y entro de varios miles de años los arqueólogos tropiecen con ellas por casualidad. Sería el mejor chiste de todos los tiempos.

3 comentarios Deja tu comentario March 13, 2009

Se abre la veda (I): la caza y la política

Después del futbol, la caza es el segundo ‘deporte’ con más personas federadas en España. Una pasión en la que se mezclan la naturaleza, la pólvora y las intrigas del poder.

El escritor Miguel Delibes, gran aficionado a salir al campo con su escopeta, dijo en cierta ocasión que: “A falta de heráldica, muchos poderosos se lanzan al monte a completar su carrera a golpe de talonario”. Se refería a las cantidades astronómicas (se dice que en el coto El Palomar de Albacete, te clavan 30.000 e por cada ciervo abatido) que algunos pagan para poder matar un corzo o una cabra hispánica.

Pese a ello, parece que muchos pagan el precio a gusto y no solo por el mero placer “deportivo”, sino por tener la oportunidad de codearse con algunas de las personas más influyentes del país.

Todos recordamos al pobre Sazatornil en La escopeta nacional de Berlanga, pagando una cacería durante los estertores del franquismo, para colocarle los retretes de su fábrica al ministro de turno. Pero las cosas no han cambiado mucho. Así, durante sus años de éxito, Mario Conde compró el coto de la finca La Salceda en Toledo, dicen que para poder acceder a esa “aristocracia de la escopeta”. Porque entrar en ese selecto grupo permite relacionarse hasta con presidentes de los EE.UU, como el primer George Bush, quien venía a nuestro país a cazar urogayos en el coto de Los Llanos.

Fuera de España, también se da esa atracción de muchos financieros y políticos por el llamado “arte cinegético”. Como la gobernadora de Alaska Sarah Palin, quien en 2007 autorizó la caza de lobos y osos polares desde el aire. Ella misma mató algún plantígrado desde un helicóptero.

Pero que nadie se engañe. No se libran los poderosos de ninguna ideología. Porque, como sentenció otro notable cazador, el miembro de Izquierda Unida Antonio Romero: “La caza no es solo de derechas”. Cierto, y seguro que a un muflón abatido a tiros le importaría un bledo el color político de quien apretó el gatillo.

1 comentario Deja tu comentario March 11, 2009

Pe y Bob

Al final lo ha conseguido. Penélope se ha convertido en la primera actriz española en ganar el Oscar de Hollywood.

La noticia ha hecho que todos repasen su carrera. Sus películas con Pedro Almodóvar, Fernando Trueba y Bigas Luna. Sus presuntos romances con Matt Damon y Tom Cruise.

Esforzándome por ser original, yo quiero rendir homenaje a nuestra Pe, sacando del olvido una de sus películas menos vistas, Anónimos (Masked and anonimous), en la que compartió protagonismo nada menos que al lado de una leyenda de la talla de Bob Dylan.

La película, sin ser redonda, es lo suficientemente extraña como para que se merezca que le echen un vistazo. Bob Dylan interpreta a un cantautor en decadencia contratado para dar un concierto solidario en un país centroamericano que está sumido en el caos revolucionarios y en la miseria. Pe encarna a la novia del promotor del invento, otro tirado interpretado en este caos por el gran Jeff Bridges. Y en torno a ellos pulula toda una fauna de personajes decadentes, miserables y arribistas, interpretados por actores como Billy Bob Thorton o John Goodman.

No se, pero me da que dentro de cincuenta años, nadie se acordará de ese engendro llamado Vicky Cristina Barcelona. En cambio , seguro que muchos aficionados si recordarán lo guapa que salía aquella chica llamada Penélope en esa película tan extraña y curiosa titulada Anónimos.

3 comentarios Deja tu comentario February 23, 2009

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