El día que vi a Karl Malden
Con una nariz tan imposible como la suya (tal vez la más imposible de todas las que se vieron en el cine hasta que apareció la de Gerard Depardieu) estaba claro que lo tenía difícil para llegar a ser una estrella de Hollywood. Nunca militó en esa categoría, la de los grandes ídolos de la pantalla, pero Karl Malden forjó su carrera y su prestigio en la de los actores de carácter, alternando los papeles de secundario de lustre con ocasionales intervenciones como protagonista.
Fue gran amigo y cómplice de Elia Kazan y Marlon Brando, y cualquier película con él dentro era mucho mejor. Ahí están Yo confieso (Alfred Hitchcock, 1953), El rey del juego (Norman Jewison, 1965) y El gran combate (John Ford, 1964), para demostrarlo. Mucha gente le recordará sin duda por haber protagonizado junto a un jovencísimo Michael Douglas aquella preciosa serie de policías de los años 70 titulada Las calles de San Francisco. Pero aquí vamos a rendirle homenaje recuperando una de las mejores escenas de toda su carrera, el encendido discurso sobre el compromiso ético que pronuncia en esa joya titulada La ley del silencio (Elia Kazan, 1953).
No quiero terminar esta slíneas sin recordar una anécdota personal. Cuando era niño, muy niño, allá en los lejanos 70, me encontraba con mi madre en el aeropuerto de Barajas. Veníamos de pasar el verano en Asturias, y regresábamos a Málaga, donde vivíamos. Un hombre pasó sonriendo por delante de nosotros, y mi madre comentó: “Anda, si es Karl Malden“. Muchos años después, recordando aqul suceso, he atado cabos y por la fecha deduzco que se trataba del momento en el que el actor americano vino a nuestro país a rodar Un verano para matar, dirigida por el vasco Antonio Isasi Isasmendi. Creo que fue la única incursión del actor norteamericano en el cine español, y curiosamente en ella compartió reparto con el inefable Chris Mitchun. Otro actor por el que tengo una extraña admiración: por ser hijo de Robert Mitchum y porque en otra apelícula titulada Dark mission (Operación cocaína), tuvo la ocasión de trabajar junto a la Cyd Charisse española (de la que tengo el placer y el honor de ser amigo suyo).
1 comentario Deja tu comentario Julio 2, 2009
