Diciembre 18, 2008

El imperio de los ‘amateurs’

La raíz del término francés ‘amateur’ es el verbo ‘amar’. Un ‘amateur’ es una persona que hace algo por amor, no por dinero; que recibe satisfacción por el mero hecho de llevar a cabo una actividad, aunque ello no le proporcione beneficio económico. Un ‘amateur’ no recibe compensación económica, sino de otro tipo: prestigio, placer en el trabajo bien hecho o satisfacción de su curiosidad. No es extraño, por tanto, que a la hora de encontrar los mejores ejemplos de un arte o profesión, o de realizar hazañas imposibles, encontremos no a un profesional, sino a un ‘amateur’. La tendencia no deja de crecer y de extenderse a campos bastante extraños, como podemos ver en dos noticias recientes. Un aficionado trabajando en sus horas libres ha reconstruido el Mecanismo de Antikythera, un amasijo de engranajes de época griega que ha resultado ser el primer ordenador analógico conocido, capaz de mostrar las posiciones relativas de los planetas en el cielo en diferentes momentos y de marcar toda una serie de eventos astronómicos. El mecanismo fue hallado cuando llevaba casi 2.000 años en el fondo del mar, y estaba corroído y convertido en poco más que una masa informe de bronce oxidado. Los historiadores profesionales llevan años tratando de reconstruir su funcionamiento por medio de todo tipo de sofisticadas tecnologías. Pero integrar toda esa información era una labor de amor, y por eso necesitaba de un ‘amateur’. Y por eso ha sido un aficionado quien ha culminado la tarea de reconstruir a partir de información no clasificada el funcionamiento interno de las dos primeras bombas atómicas. Las formas externas de Little Boy y Fat Man son bien conocidas, así como los principios generales de su funcionamiento. Lo que no se conocían son los detalles: de qué manera estaban ensamblados los elementos, cómo se conectaban unas partes con otras y de qué manera encajaba todo. Ha hecho falta un camionero obsesionado trabajando durante años para que podamos conocer estos detalles; nuevamente, una labor de amor. No serán los últimos ejemplos: la tecnología ha quitado las cadenas a los ‘amateurs’ y eliminado las protecciones de que disfrutaban en muchos campos los profesionales. Si no se espabilan, el futuro será de los amantes.

Deja un comentario

Requerido

Requerido (permanecerá oculto)

Subscríbete a los comentarios via RSS


Es una de las mentes más reconocidas de la Internet hispana. Cómo biólogo empezó estudiando el pasado en Atapuerca, pero pronto se dejó atrapar por la economía. Ahora escribe sobre las cosas aún no nacidas del universo futuro. La barra de bookmarks de su navegador debería cotizar en bolsa.