Diciembre 11, 2008

¿El fin del portaaviones?

Los acorazados dominaron la guerra naval y la estrategia de las naciones desde que se botó el HMS Dreadnought en 1905 hasta que los aviones japoneses hundieron el HMS Prince of Wales en 1941, aunque los ataques aéreos de Tarento y Pearl Harbor habían demostrado ya su vulnerabilidad. Los acorazados rindieron su supremacía ante los portaaviones porque éstos podían acabar con ellos, y la Segunda Guerra Mundial la ganó el contendiente más versado en este nuevo tipo de guerra naval: los EE UU. A partir de entonces los estadounidenses han dominado por completo los mares con sus Grupos de Combate de Portaaviones, unidades de batalla compuestas de un portaaviones nuclear y sus buques de protección y apoyo; la marina de los EE UU cuenta con doce de estos grupos operativos. Como comparación, todas las recientes actividades de la flota rusa combinan aproximadamente el poder de un único grupo. Los poderes emergentes, como China y (muy por delante) la India desarrollan sus propios grupos de portaaviones. Aunque China trabaja también en un nuevo tipo de arma que podría acabar con el predominio del portaaviones como éste acabó con el acorazado. China trabaja en la creación de un misil balístico antibuque que, disparado desde miles de kilómetros de distancia, sea capaz de aproximarse a alta velocidad en la vertical de un portaaviones y liberar una carga explosiva o nuclear capaz de destruirlo. En conjunción con satélites de búsqueda y sistemas de radar OTH (Over The Horizon, sobre el horizonte), un misil balístico antibuque podría revelarse como el fin del portaaviones. La amenaza es tan seria que los estadounidenses han puesto a punto un sofisticado sistema de misiles anti misil balístico a bordo de sus buques, para proteger sus Grupos de Portaaviones; la mera posibilidad está influyendo ya en sus decisiones estratégicas. Todavía no se sabe si el sistema chino es operativo, ni si sería capaz de atravesar el escudo antimisiles estadounidense, que dista de ser perfecto. Pero tal vez seamos testigos de una nueva revolución naval y estratégica: el reemplazo del portaaviones por… otra cosa.

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Es una de las mentes más reconocidas de la Internet hispana. Cómo biólogo empezó estudiando el pasado en Atapuerca, pero pronto se dejó atrapar por la economía. Ahora escribe sobre las cosas aún no nacidas del universo futuro. La barra de bookmarks de su navegador debería cotizar en bolsa.