Julio 31, 2008
La publicidad convencional se está desplomando. Es un hecho que la gente ya no presta la más mÃnima atención a los anuncios, especialmente cuando hay tantas fuentes de entretenimiento e información disponibles. La gente hace zapping en los anuncios televisivos, utiliza discos duros para saltarse los anuncios o simplemente mira DVDs o pelÃculas bajadas de Internet; los publicitarios se las ven y se las desean para conseguir que el telespectador aguante el impacto publicitario sin pestañear.

Pero cada vez es más difÃcil, y las empresas, anunciantes y publicitarios, están cada vez mas desesperadas. Una de las medidas que se está tomando es el llamado product placement, colocar el producto a anunciar dentro de la propia pelÃcula o programa, de modo que saltárselo sea imposible. Asà James Bond conduce un coche diferente en cada pelÃcula, según la marca que más pague, y los famosos desayunos de ‘Médico de Familia’ eran todo un muestrario de alimentos.
Hasta ahora el product placement se hacÃa en series o en pelÃculas, pero según avanza la desesperación también lo hace el ingenio. El último lugar donde ha aparecido un producto para que el espectador lo reciba sin poder esquivarlo ha sido en un telediario; varias televisiones estadounidenses están mostrando a sus presentadores equipados conspicuamente con cafés con hielo de McDonalds. Esta intrusión publicitaria en las noticias está provocando polémica, pero no es más que el principio: tanto los medios como los anunciantes serán cada vez más impulsivos con este tipo de mezcolanzas, por mucho que protesten los comités éticos. En este caso los cafés ni siquiera son de verdad; los falsos (con cubitos de pega) ‘dan’ mejor en cámara. ¿Cuánto tardará en aparecer esta moda en España? Minutos.
Julio 25, 2008

Es la última moda en ciencia: para algunos hipermodernos, la teorÃa se ha quedado obsoleta, es una cosa del pasado. La disponibilidad de enormes potencias de cálculo informático asociadas a gigantescas bases de datos permiten un nuevo y radical enfoque a nuestra búsqueda de conocimiento del universo. Ya no se tratarÃa de observar, fabricar hipótesis a partir de las observaciones, diseñar experimentos para poner a prueba esas hipótesis, descartar las rechazadas por la experimentación y elaborar teorÃas con las restantes, como se ha hecho desde la invención del método cientÃfico hasta ahora. No; el saber serÃa un problema de correlación, un asunto de pura fuerza bruta. Se reúnen todos los datos que sea posible acumular, se lanza un programa de análisis multivariante sobre el conjunto, y zas; las leyes de la naturaleza surgen en forma de relaciones entre distintas variables. La inteligencia, con sus concomitantes prejuicios, sobra; la verdad brilla por sà misma en las aristas de la matemática. La correlación reemplaza a la teorÃa.
¿O no es asÃ? Pese al entusiasmo de algunos sobre el potencial de este método de conocimiento, y los nuevos campos de saber que se están abriendo (desde la Genómica a la Metabolómica) lo cierto es que las perspectivas no son muy halagueñas. La clave del asunto es la definición de ‘dato’, que es una variable significativa en el entorno del problema en que nos movemos; y el que sea o no significativa depende de una teorÃa previa. Einstein decÃa que “la posibilidad de observar algo o no depende de la teorÃa utilizada; es la teorÃa la que decide qué se puede observar”, o en una trasposición más jocosa, ‘nunca confÃes en un dato sin conocer en que teorÃa se basa’. En el Universo ocurren muchillones de cosas simultáneamente, y una de las tareas fundamentales de la hipótesis es decidir cuáles son relevantes, y por tanto proporcionan conocimiento al ser analizadas. La idea de medir todo lo mensurable y esperar que un análisis matemático nos proporcione las respuestas sin tener que pensar suena tentadora, pero aún no se ha demostrado que funcione.
De hecho su aplicación en otros ámbitos donde hay mucha mayor necesidad y mucho más dinero, como el de la seguridad, está demostrando ser un fracaso. Nunca consiguieron nada proyectos como el Total Information Awareness del Departamento de Defensa de los EE UU, que intentaban hacer precisamente esto: identificar rasgos únicos de posibles terroristas analizando ingentes cantidades de información indiscriminada y hallando patrones caracterÃsticos. Tampoco la gran cantidad de videocámaras que se han instalado en el Reino Unido han permitido reducir significativamente el crimen o la amenaza terrorista, al carecer sus imágenes de un mecanismo que permita distinguir a quien tiene malas intenciones de quien no. Reemplazar el ingenio y la creatividad humana por una ‘máquina de generar ideas’ a pura fuerza bruta puede resultar interesante, pero de momento parece más bien lejana. Aunque eso no detendrá a los partidarios de los grandes números; el sufijo ‘-ómica’ se acabará convirtiendo en plaga.