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	<title>Hannah y sus hormonas</title>
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		<title>Mayores</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Mar 2010 14:35:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridas caris:
Ayer fue el Día de la Mujer Trabajadora y hoy he leído una frase interesante al respecto. Por supuesto, no me acuerdo quién es su autora, en qué entorno lo dijo y dónde demonios lo he visto. Pero era algo así como que “el año que no tengamos que celebrar nuestro día será porque [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-242" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2010/03/hanna_102.jpg" alt="hanna_102" width="200" height="369" />Queridas caris:</p>
<p>Ayer fue el <strong>Día de la Mujer Trabajadora</strong> y hoy he leído una frase interesante al respecto. Por supuesto, no me acuerdo quién es su autora, en qué entorno lo dijo y dónde demonios lo he visto. Pero era algo así como que “el año que no tengamos que celebrar nuestro día será porque habremos alcanzado la igualdad los restantes 364”.<br />
Las cifras están ahí: cobramos un tercio menos que los hombres por el mismo trabajo; la temporalidad se ceba con las mujeres en estos tiempos de crisis; nuestro techo de cristal hace que el 94% de los puestos ejecutivos sean masculinos, pese a que, en la universidad, hay mayoría de estudiantes femeninas.<br />
“Familia o trabajo” parece ser la única disyuntiva que las empresas plantean a mujeres sobradamente preparadas para alcanzar puestos de responsabilidad. Y muchas, grupo en el que me incluyo por voluntad propia (como mujer, no por mi preparación), optamos por lo primero. Entre otras razones porque, como nuestros ingresos suelen ser menores, la economía familiar se resiente menos.<br />
Como siempre vamos con una década de retraso respecto a algunos problemas sociales, no nos hemos enterado aún: en países como Estados Unidos, por ejemplo, las compañías están incentivando la permanencia de mujeres con hijos o su vuelta a ellas tras una etapa dedicadas a sus labores.<br />
Allí es relativamente sencillo volver al trabajo tras quince años cuidando de la propia house and the churumbels. Aquí, simplemente, estás muerta para el mercado laboral de licenciados, salvo que te importe una higa desempeñar un puesto de cajera en híper o de limpiadora por horas.<br />
He leído también que, con las cifras de paro que nos abruman, muchas madres de familia se han lanzado a las colas del INEM en el intento de paliar la situación económica familiar. Y aquí viene mi pregunta: ¿qué sucederá entonces con los miles de niños y adultos con discapacidad, con nuestros mayores enfermos de Alzheimer y otras demencias seniles, de los que nos ocupamos mayoritariamente nosotras?<br />
Ni siquiera me atrevo a entrar en la valoración económica del tema y sus muchas vertientes (gastos hospitalarios, de residencias, de sueldos de cuidadores profesionales, de pensiones ahora impensables…).<br />
Hace poco, mi amiga Carmen –otra MUMYSP (mujer universitaria mayor y sobradamente preparada)- y yo nos contábamos nuestras cuitas cuidando ella de su madre y yo de mi suegra, cada vez más desmemoriadas (las cuatro). Aunque haya gente a la que pueda parecer cruel reírse de estas situaciones, siempre he creído que el sentido del humor es la mejor forma de sobrellevarlas.<br />
Como Carmen rezuma guasa por cada uno de sus casi 180 centímetros de altura, llegó a la conclusión de que lo mejor era –visto el panorama- fundar un club de amig@s para cuando nos llegara el momento de ser dependientes. Así, tod@s iríamos pasando de casa en casa, ayudándonos mutuamente sin tener que depender de  hijas, nueras o sobrinas (en casos como el de mi amiga, donde no hay descendencia).<br />
Me temo que mucho han de cambiar las cosas para que no sean ellas las que se vean obligadas a cuidar de nosotr@s. ¿Tendrán que renunciar también a sus carreras profesionales?<br />
Yo, por si acaso, procuraré ser muy cariñosa con mis futuras hijas políticas por si no prospera el club. O, en su defecto, montaré una residencia que no sea un aparcaviejos, donde no faltarán un spa, fiestas diarias, biblioteca y cursos variados mucho más allá de los talleres de manualidades, gimnasia de mantenimiento y memoria. Ya tengo el nombre:<strong> Cocoon.</strong><br />
<strong>Hannah Malauva</strong></p>
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		<title>Entroido</title>
		<link>http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/2010/02/24/entroido/</link>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 11:02:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridas caris:
Estuve de tapas por Coruña con un grupo de buenos amigos hace unos días. Comenzamos al caer la tarde y acabamos bien entrada la madrugada. Durante esas horas, bailé&#8217; El corro de la patata&#8217; con unos pitufos de tamaño natural, me abracé a una fashion victim (según rezaba un cartel en su solapa), seguí [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-236" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2010/02/hannah_carnaval.jpg" alt="hannah_carnaval" width="283" height="379" />Queridas caris:</p>
<p>Estuve de tapas por Coruña con un grupo de buenos amigos hace unos días. Comenzamos al caer la tarde y acabamos bien entrada la madrugada. Durante esas horas, bailé&#8217; El corro de la patata&#8217; con unos pitufos de tamaño natural, me abracé a una fashion victim (según rezaba un cartel en su solapa), seguí los pasos lunares de varios <strong>michaeljacksons</strong> y  jaleé a una pandilla de cleopatras y<strong> tutankhamones.</strong><br />
En nuestro grupo, varias sherezades y jeques árabes, una Mammy de <strong>Lo que el viento se llevó</strong>, diablo y diablesa, el <strong>Zorro</strong> y su señora, un <strong>Lobo Feroz</strong>, una <strong>Bitelchus</strong> y un <strong>Cristobalito Gazmoño</strong>. De este último, sólo os acordaréis aquell@s que tenéis, como yo, una edad. Ahora, tratad de imaginar aquel personaje de Tony Leblanc con la envergadura de un armario de la abuela: efectivamente, caris, era mi santo (no puedo parar de reír cada vez que miro las fotos).<br />
Por una vez y sin que sirva de precedente, me alegró constatar que, de todos los que nos cruzamos  por la calle o en los bares, nuestro grupo era de los más añosos (entre cincuenta y sesenta y tantos). Quiero decir disfrazados (no es que en Coruña no haya gente de esa edad). Ello me lleva a enlazar con el post anterior para afirmar que el optimismo y las ganas de divertirse no tienen –o no deberían tener- edad. Recuerdo especialmente el momento “risas” en el pasillo del hotel, tras salir de las habitaciones y vernos disfrazados por primera vez.<br />
Fueron unos días de carnaval (Entroido, como lo llaman en Galicia) inolvidables.<br />
La casualidad quiso que, nada más aterrizar en Madrid de nuevo, tuviera que acudir a una jornada de Risoterapia. Para l@s escéptic@s, no se trata únicamente de reírse sin ton ni son ante un montón de desconocidos. La técnica pretende liberarnos de tensiones, conocernos y aceptarnos mejor y, cuando las cosas se ponen feas, adoptar una actitud positiva ante ellas.<br />
Esto último tiene mucho que ver con un término que se está poniendo de moda entre los psicólogos y que lleva por nombre “resiliencia”. O lo que en castellano de toda la vida se ha llamado “temple” (“fortaleza enérgica y valentía serena para afrontar las dificultades y los riesgos”, RAE dixit).<br />
Después de estos hechos acaecidos en los últimos (que no postreros) días de mi existencia, llego a dos de esas profundas opciones que tanto me gustan:<br />
1.- Para que la gente pudiera seguir bailando, besando y saludándose por la calle, habría que decretar el Carnaval Perpetuo. Eso sí, con una semana de descanso al año para comprobar lo mal que se vive a cara de perro y retomar cuanto antes la actitud carnavalesca.<br />
2.- Si la moción no prospera, propongo que la sanidad pública y las empresas costeen un taller de Risoterapia al año para trabajadores, empresarios, amas de casa, desempleados, funcionarios, políticos… Algunos tendrían que repetir curso, claro.<br />
Debería ser, también, asignatura de obligada asistencia en colegios, FP,  universidades y masters varios.<br />
Que lo riais bien.</p>
<p>Hannah Malauva</p>
<p>P.D.: ¡Bienvenida, Ana, a este club de la revolución post hormonal! Espero que te sientas como en casa.</p>
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		<title>Optimismo</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Feb 2010 10:23:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridas caris:
Echando la vista atrás (o hacia abajo) de los últimos posts, veo que en este blog escasea –cada vez más y por mi parte- el sentido del humor. De hecho, había empezando titulando éste “Pesimismo”. Pero, rauda cuál gacela digital, he utilizado la tecla “Supr” para cambiarlo por el que se lee ahora.
Y me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-229" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2010/02/hannah_risa.jpg" alt="hannah_risa" width="300" height="462" />Queridas caris:</p>
<p>Echando la vista atrás (o hacia abajo) de los últimos posts, veo que en este blog escasea –cada vez más y por mi parte- el sentido del humor. De hecho, había empezando titulando éste “Pesimismo”. Pero, rauda cuál gacela digital, he utilizado la tecla “Supr” para cambiarlo por el que se lee ahora.<br />
Y me pregunto, con esta hondura de pensamiento que me caracteriza, la siguiente cuestión fundamental: ¿puede el pesimismo contagiar a todo un país?  Según las acepciones de mi socorrida RAE, pesimismo puede ser: <em>1.- Propensión a ver las cosas en su aspecto más desfavorable. 2.- Sistema filosófico que consiste en atribuir al universo la mayor imperfección posible.</em> Utilizo las definiciones según el momento. Si me miro al espejo, pongamos por caso, soy más de la 1. Si estoy enfadada con mi santo o mi suegra, me viene mejor la 2, sustituyendo “pesimismo” por sus nombres propios.<br />
No pretendo parecer insensible al momento. El otro día, en una cafetería, escuché a una pija rubia de bote y con Gucci al hombro (el bolso; no era un loro) “¡O sea, como vuelva a escucharos una vez más lo de la dichosa crisis, os juro por Dior que me marcho a Sotogrande unos días para relajarme jugando al golf!”. Quise atravesar a la cretina como mi mirada especial de rayos y centellas, pero no me vio (este tipo de personas tiene esa facultad: que sólo se ven a sí mismas y no reparan en los demás).<br />
Tampoco estoy hablando de ideologías: los gobiernos siempre ven la botella rebosante y la oposición, completamente vacía, que para eso se dedican todos a la política. (Y sí, como casi todos, creo que en nuestro país queda ya muy poca gente que se dedique a la Política, denigrada hasta dejarla con una “p” minúscula.<br />
Soy muy consciente de lo que pasa: cada día, llegan a mis manos unos cuantos curricula de compañeros que se han quedado en la calle. Veo cómo cierran comercios de este o aquel barrio. Me llaman amigos y conocidos para contarme que han tenido que cerrar su pequeña empresa o, en el mejor de los casos, reducir su actividad para complementar sus ingresos con otro trabajo. Me siento una privilegiada.<br />
Desde hace un tiempo, desayunamos todos los días con portadas repletas de siglas, números y palabros que no habíamos leído nunca: FMI, PIB, <em>hedge funds</em>, SWAP’s, ratings… De lo poco que retengo, se me ha grabado el término PIGS (literalmente, cerdos), con el que los mercados financieros denominan las delicadas economías de Portugal, Irlanda, Grecia y España ( pero ¿qué se habrán creído estos IDIOTS de <strong>I</strong>nglaterra, <strong>D</strong>eutschland, los de Sark<strong>O</strong>zy y los o<strong>T</strong>ro<strong>S</strong>?).<br />
Pese a todo, quiero creer que la mayoría sacamos lo mejor de nosotros mismos en los momentos difíciles (salvo los políticos y aquella pija rubia de bote). Que intentamos ayudar a los demás en lo que podemos. Que el pesimismo es contagioso y no resuelve problemas. Que el optimismo sin decisión ni acción, tampoco. Pero que todos y cada uno nos merecemos (salvo los políticos y aquella pija rubia de bote) una sonrisa, una palabra amable y una esperanza cada mañana.<br />
Vale, no resuelve nada, pero nuestro universo sería un poquito menos desfavorable. Y nuestro sistema filosófico, algo menos imperfecto. (¿Algún político por ahí que quiera contratarme como escritora de discursos?</p>
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		<title>Horrores silenciados</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jan 2010 12:48:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridas caris:
No ha cumplido aún los treinta años, pero la mirada de Caddy Adzuba (República Democrática del Congo, 1981) rezuma una tristeza que estremece. Tanta como determinación.
Esta periodista llegó a España el pasado 26 de diciembre, huyendo de las amenazas de muerte que llegaban a su teléfono móvil prometiendo “cerrarle la boca con una bala [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-221" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2010/01/hannah.jpg" alt="hannah" width="300" height="287" />Queridas caris:</p>
<p>No ha cumplido aún los treinta años, pero la mirada de Caddy Adzuba (República Democrática del Congo, 1981) rezuma una tristeza que estremece. Tanta como determinación.<br />
Esta periodista llegó a España el pasado 26 de diciembre, huyendo de las amenazas de muerte que llegaban a su teléfono móvil prometiendo “cerrarle la boca con una bala en la cabeza”. De hecho, ya había esquivado alguna milagrosamente: una mañana, recibió una visita inesperada en su propia casa antes de acudir al trabajo en Radio Okaki (emisora de la ONU), donde denunciaba sin desaliento las atrocidades. Allí ha visto morir a tres de sus colegas masculinos.<br />
Hace unos días, tuve el honor de compartir con ella una comida que organizaba el Club de las 25. Esta asociación de mujeres feministas le otorgó el pasado año un merecido premio a su lucha por la libertad de expresión y de prensa en su país. (No pudo recoger el galardón entonces y fue Amelia Valcárcel quien lo recibió en su nombre.) También le concedieron, unos meses antes, el premio internacional de Periodismo Julio Anguita Parrado.<br />
De Caddy impresiona no sólo<strong> <a href="http://www.fundea.org/noticias/277-conferencia-caddy-adzuba.html" target="_blank">su trayectoria vital y profesional,</a></strong> sino su forma de narrar. Como en las viejas tradiciones orales, recojo su testigo e intento trasladaros su historia lo más fielmente posible.<br />
Imaginaos la escena: una noche, después de la cena, la tranquilidad de una familia –madre, padre y cinco hijos- se ve bruscamente quebrada por la entrada en su hogar de los rebeldes. La mujer es violada una y otra vez delante de sus seres queridos e incluso fuerzan a su hijo mayor a que lo haga. Mientras, el marido intenta oponer resistencia. Y comienzan a cortarle la lengua, las orejas, la nariz… hasta que se desangra vivo allí mismo.<br />
Se llevan a la madre y a los niños a la jungla, donde ella es utilizada como esclava sexual y les separan. Al quinto día, cuando ella pregunta por ellos, le dicen que la carne que ha estado comiendo durante esas jornadas pertenece a sus hijos. Y, para demostrárselo, le enseñan las cinco cabezas.<br />
La mujer suplica entonces por su muerte porque, como católica, no puede quitarse la vida. La respuesta de los bárbaros es que no tiene derecho a morir y que debe vivir con esa pena.<br />
Cuando una de las asociaciones en las que Caddy participa la encuentra vagando por la carretera, se la llevan aferrada a una bolsa de plástico: allí están los restos de sus hijos y no permite que nadie la separe de ellos ni los entierre.<br />
Caddy estuvo con ella en el hospital el 20 de diciembre.<br />
Esta es sólo una historia entre las de 300.000 mujeres agredidas sexualmente y utilizadas como estrategia de guerra en el Congo. 300.000 vidas rotas con edades comprendidas entre los tres meses (sí, un bebé) y los 85 años. Y 40.000 niños-soldado reclutados por los grupos rebeldes. Y 350.000 huérfanos vagando por las carreteras.<br />
Mientras, los países ricos compramos su coltán y su casiterita (minerales que se utilizan en la fabricación de teléfonos móviles, videojuegos y componentes electrónicos), extraídos de las minas del este que controlan los guerrilleros de mil facciones. Los mismos que violan a las mujeres con sus penes, sus cuchillos, sus cigarrillos encendidos o guijarros y les seccionan desde la vagina hasta el año. Algunos de esos animales tienen hoy, incluso, puestos en el gobierno.<br />
Caddy está en España para pedirnos que, entre todos y aprovechando la presidencia española, reclamemos al Parlamento Europeo el cumplimiento de la Resolución 1325 de Naciones Unidas: se celebra este año su décimo aniversario y establece la protección de mujeres y niños en zonas de conflicto. Tan sólo 23 países en el mundo tienen un plan nacional para aplicar esa resolución.<br />
Sin duda, ella es también una “actora de paz”, figura para que la Cuarta Conferencia de la Mujer (Pekín, 1995) pidió apoyo expreso.<br />
Cady Adzuba estará en nuestro país hasta el 20 de abril -gracias a la fundación Euroárabe y a la Diputación de Granada-, explicando en seminarios y conferencias este horror silenciado que dura ya demasiado. Los periodistas estamos muy ocupados explicando en primera persona y en primer plano la catástrofe de Haití, de cuyo desastre también nos habíamos olvidado hasta el terremoto del pasado 12 de enero.</p>
<p><strong>Hannah Malauva</strong></p>
<p>P.D.: Se está creando una plataforma para exigir el cumplimiento de la Resolución 1325. Os mantendré informadas.</p>
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		<title>La buena educación</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jan 2010 15:29:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Queridas caris:
Como me sucede cada enero, se me hace raro escribir la fecha de un año distinto: ya estamos en el veinte diez. Os imagino a todas con vuestra lista de nuevos propósitos y buscando enloquecidas academias de chino, de danza tailandesa, de kite-surf  o de inmersión a pulmón libre.
Por mi parte, llevo desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-216" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2010/01/educacion.jpg" alt="educacion" width="300" height="383" />Queridas caris:</p>
<p>Como me sucede cada enero, se me hace raro escribir la fecha de un año distinto: ya estamos en el veinte diez. Os imagino a todas con vuestra lista de nuevos propósitos y buscando enloquecidas academias de chino, de danza tailandesa, de kite-surf  o de inmersión a pulmón libre.<br />
Por mi parte, llevo desde septiembre sudando tres veces por semana con el hip-hop, el funky y los bailes latinos. Ello me ha permitido enfundarme recientemente una talla 40, bien es verdad que con el trasero planchado, algunos rollitos de primavera aquí y allá, y la respiración entrecortada. Pero más contenta que unas pascuas.<br />
Así que estuve unos días reflexionando sobre cuál podría ser mi principal propósito para este año. En esas estaba cuando acontecieron varios hechos significativos que facilitaron mi decisión.<br />
Primero fue una conocida (yo creía que amiga), junto a la que estaba preparando con otras profesionales un proyecto de trabajo. Su llamada telefónica me sorprendió con la siguiente frase:<br />
- Lo siento, pero llamo para decirte que me causas mal rollo y no puedo trabajar contigo.<br />
Aún no me he repuesto. Las personas que utilizan una pretendida sinceridad para acallar sus egos y afanes de protagonismo me enferman. Es cierto que hay más o menos química con según quien, pero siempre he pensado que las buenas maneras y la profesionalidad pueden limar esas aristas.<br />
Lo siguiente sucedió con ese personaje estupendo y recurrente en mi vida: la dependienta de Zara. Una vez más, padecí su mirada autosuficiente y exploratoria de mis carnes, acompañada de un meneíllo de cabeza, cuando le pregunté por la talla 36 de una cazadora. Los sapos y culebras atorados en mi garganta me impidieron explicarle que era para mi sobrina.<br />
Además, aquella amiga de la que os he hablado alguna vez –que se ha distanciado de mí por sus muchísimos problemas- me ha enviado un mensaje. Y lo hace a través de terceras personas para decirme que me echa de menos, pero que –gracias a sus nuevos amigos- está superando conflictos.<br />
Lo último ha sido un rifirrafe vía mail con otra colega (ex jefa, para más inri), que se empeña en darme lecciones sobre lo bien que hace ella su trabajo y lo mal que lo hago yo, of course.<br />
Así que, en el comienzo de este nuevo año, he decidido mandar al carajo mi buena educación. En el dudoso caso de que estas situaciones se repitan, tengo ya preparadas las respuestas:<br />
1.- Pues, bonita, si querías los laureles para ti sola, no haberme llamado. (En vez de esto respondí algo así como que, puesto que yo no había generado ningún problema, no iba a aportar ninguna solución. Ni mucho menos dejar el proyecto. “Que me lo diga ella”, pensé.)<br />
2.- Sí, uso una talla 42 o 44, pero hay cerebros –como el tuyo, nena- a los que incluso les sobran las tallas infantiles. (La respuesta real fue un sofoco –no menopáusico, sino del cabreo- y la mudez más absoluta.)<br />
3.- Estoy tan dolida que ya no me vale con un “lo siento”. La amistad supone un esfuerzo diario y tú vas a tener que trabajar muy mucho para recuperar la nuestra. (Llevo meses sin llamarla para que no se sienta agobiada por mis consejos.)<br />
4.- No dudo de tus estupendas cualidades profesionales, pero ya soy mayorcita para que nadie me dé clases. Además, guapa, ya no trabajo para ti, qué más quisieras. (Escribí algo así como que quizá yo había malinterpretado su interés en el tema.)<br />
Lo dicho: al carajo mi buena educación. Puede que las respuestas previstas sean políticamente incorrectas. Pero yo me quedaré más ancha que larga (afirmación que, stricto sensu, se aproxima cada vez más a la realidad).<br />
¡Feliz Año a todas!</p>
<p><strong>Hannah Malauva</strong></p>
<p>P.D.: Pasé con Nora la Nochevieja. Está guapísima, elegantísima y estilosísima, pañuelos a la cabeza incluidos. Pero, sobre todo, la ví feliz y radiante por dentro, rodeada del cariño a raudales de su marido, sus hijos, familiares y amigos, entre los que me incluyo. Afronta ahora la radio con optimismo. Y estoy segura de que nosotras, la comunidad de este blog, con ella.</p>
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		<title>Emigrantes</title>
		<link>http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/2009/12/29/emigrantes/</link>
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		<pubDate>Tue, 29 Dec 2009 08:32:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Queridas caris:
Retomo donde lo dejé el post anterior: la solidaridad es una actitud ante la vida, no cuestión de modas o calendarios. Reflexionaba sobre esto cuando, hace unos días, me conmovía la mirada de agradecimiento de una persona muy especial en mi familia.
Quiero hablaros de Amparo, mi tocaya en la vida real. Es ecuatoriana y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-207" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2009/12/inmigrantes.jpg" alt="inmigrantes" width="300" height="423" />Queridas caris:</p>
<p>Retomo donde lo dejé el post anterior: la solidaridad es una actitud ante la vida, no cuestión de modas o calendarios. Reflexionaba sobre esto cuando, hace unos días, me conmovía la mirada de agradecimiento de una persona muy especial en mi familia.<br />
Quiero hablaros de Amparo, mi tocaya en la vida real. Es ecuatoriana y lleva diez años viviendo en España. Dos de sus tres hijos han nacido aquí. Cada mañana desde hace casi una década, ella es la responsable de que toda mi intendencia casera esté en orden para que mi familia pueda regresar –del trabajo o del cole- a un hogar en condiciones de llamarse tal. Es cariñosa con los niños, la abuela y hasta con el perro, al que pone la comida cada día (él le corresponde con aspavientos que ponen en peligro su integridad, dado su inmenso tamaño de San Bernardo). También se preocupa con discreción de nuestro bienestar emocional.<br />
Nosotros procuramos corresponderla con cariño, respeto a sus derechos como trabajadora y preocupación por sus seres queridos.<br />
Amparo se ha marchado a pasar la Navidad con los suyos en su país de origen, Ecuador. Antes de marcharse, rebuscamos en los armarios aquellas cosas –ropa, especialmente- que no estuviera en mal estado pero que ya no usáramos por haberse quedado pequeña (la de los niños) o estrecha (la de servidora y su santo).<br />
Ella me hizo pensar en la cantidad de cosas superfluas que acumulamos en las casas. Y en cómo un acto tan sencillo como desprenderte de objetos materiales puede convertirse en algo tan gratificante.<br />
Amparo y su familia volaron ya hacia Ecuador con equipajes de 40 kilos por persona. Les imagino siendo recibidos como los Reyes Magos por familiares y amigos, a los que no ven desde hace tanto tiempo. Les imagino emocionados por volver a una tierra que les vio partir llenos de esperanza e ilusiones hacia un destino lleno de interrogantes.<br />
Pero lo están consiguiendo a pesar de todas las dificultades: ofrecen a sus hijos una educación, construyen una casa en su país para la vuelta, pagan la hipoteca de un piso en España, envían dinero a sus familiares de allí, trajeron y cuidan de sus padres aquí…<br />
Son gente honrada, trabajadora y luchadora, que nos enriquecen con su ejemplo y sus aportaciones culturales.<br />
Vaya por ellos este homenaje a todos los que, un día, marcharon de su tierra para soñar una vida mejor. Algunos lo consiguen, otros –especialmente en esta época de crisis-, no. Miles pueden volver a casa en Navidad por primera vez en mucho tiempo (si Air Comet no les ha dejado en tierra).<br />
Hannah Malauva</p>
<p>P.D.: ¡Pasaré el fin de año con Nora y los suyos! Le daré un achuchón enorme de vuestra parte.</p>
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		<title>Calendarios</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Dec 2009 11:44:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridas caris:
Disculpad el retraso en mi cita semanal con vosotras. Me justifico telegráficamente con una ecuación:
Sofocos nocturnos x (- 5º C)  = destape = resfriado = complicaciones = sinusitis de caballo
Llevo dos semanas con la sensación de que un pulpo se ha instalado en mi nariz, boca, entrecejo y surco nasogeniano (me encanta este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-202" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2009/12/talita.jpg" alt="talita" width="250" height="240" />Queridas caris:</p>
<p>Disculpad el retraso en mi cita semanal con vosotras. Me justifico telegráficamente con una ecuación:</p>
<p>Sofocos nocturnos x (- 5º C)  = destape = resfriado = complicaciones = sinusitis de caballo</p>
<p>Llevo dos semanas con la sensación de que un pulpo se ha instalado en mi nariz, boca, entrecejo y surco nasogeniano (me encanta este adjetivo). El animalillo –cuyo interior está hecho de un líquido viscoso del que prefiero ahorrarme más detalles- no me deja pensar con mucha claridad (menos de la habitualmente escasa, mi santo <em>dixit</em>).<br />
Entre los pocos hechos que he podido apreciar con cierta lucidez está la proliferación de calendarios durante estas fechas. “Pues vaya estupidez”, pensaréis con razón: no van a empezar a vendernos agendas del año próximo en abril, pongamos por caso.<br />
Pero no me estoy refiriendo a las<em> luxindex</em> o<em> myrgas.</em> Lo que me sorprende es el uso y abuso de esos futuros de papel por las causas más diversas: el de los bomberos o amas de casa a lo Full Monty, el de los chavales de ESO o aquello que se quieren irse de viaje de fin de curso, el de la mercería PIMER, que es la de Pili y Merche, o el de la carnicería ANJE, regentada por Antonio y Jesús.<br />
Hay una categoría más: la de los calendarios solidarios. Estuve hace unos días en la presentación del de la Fundación TALITA (<a href="http://www.fundaciontalita.org" target="_blank">www.fundaciontalita.org</a>), que lucha por los derechos de los niños con síndrome de Down. Doce famosos ha prestado su imagen para fotografiarse con ellos, con un resultado precioso un año más.<br />
Esta iniciativa de Talita ha tenido imitadores desde sus comienzos, de tal manera que muchas ONG’s utilizan el mismo formato para intentar captar fondos de idéntica forma.<br />
Mi crítica no es, desde luego, para ellas: todas las causas necesitan financiación y está claro que los dineros públicos no llegan a todos. Insisto en la idea de que son las empresas las obligadas a devolver a la sociedad una parte del beneficio que extrae de ella. Lo mismo sucede con los personajes públicos. Por ética. Y deberían hacerlo a través de los colectivos que más lo necesitan, como suelen ser los que representan las ONG’s.<br />
El donativo no es la única alternativa. Hay muchas formas de ser solidario: prestar una sala para una rueda de prensa (como hizo la escuela de negocios ESERP con TALITA), ceder gratuitamente el trabajo (como los fotógrafos de su calendario), dejar habitaciones de  hotel para las familias de niños con cardiopatías congénitas hospitalizados (como hace NH con la fundación Menudos Corazones), ofrecer gratuitamente productos, servicios o conocimientos profesionales, concederles más espacio en los medios de comunicación…<br />
Ser solidario es una actitud ante la vida todos y cada uno de los días del año. No sólo en diciembre.</p>
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		<title>Chip alienígena</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 08:39:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridas caris:
Algo se mueve en el mundo de la moda, las revistas y, sobre todo, la imagen femenina que nos devuelve la sociedad. Me diréis, con razón, que ya que he escrito en alguna ocasión sobre el tema, pero han sucedido cosas que me empujan a hablar de ello otra vez.
Por ejemplo, la revista alemana [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-196" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2009/11/lagewrfeld.jpg" alt="lagewrfeld" width="350" height="455" />Queridas caris:</p>
<p>Algo se mueve en el mundo de la moda, las revistas y, sobre todo, la imagen femenina que nos devuelve la sociedad. Me diréis, con razón, que ya que he escrito en alguna ocasión sobre el tema, pero han sucedido cosas que me empujan a hablar de ello otra vez.<br />
Por ejemplo, la revista alemana Brigitte decidía hace unas semanas aparcar el Photoshop, ese bisturí virtual que convierte a mujeres estupendas en seres irreales. Eso significa, entre otras cosas, que buscará modelos de tallas reales para no tener que “rellenar” a las maniquíes esqueléticas de aspecto poco saludable que parecen un canto a la anorexia. (¿Recordáis aquella foto del matrimonio Beckham promocionando el perfume Intimately? La mano de David se posaba sobre un trasero que, a todas luces, era algo más que un retoque de ordenador sobre el cuerpo de Victoria.)<br />
Esta decisión ha sido aplaudida por muchas lectoras de la publicación y criticada por gurús de la moda como Kart Lagerfeld, diseñador de Chanel. Ha dicho este elemento que “es una cosa absurda. Todas esas que critican a las modelos por aparecer huesudas o anoréxicas son las típicas momias de grasa que se sientan en el sofá todo el día comiendo patatas fritas”. Es el mismo individuo que afirmó que Heidi Klum estaba gorda para las pasarelas; o que se negó a hacer tallas superiores a la 38 cuando colaboró con la cadena H&amp;M, alegando que él no hacía ropa para mujeres con sobrepeso. Dicho lo cual, cabe señalar que “el Kaiser” –ese señor de pelo blanco, traje negro, cara bronceada y pellejo estirado- era hace unos años un tipo regordete que ahora vive perpetuamente sometido a una dieta estricta con la que logró deshacerse de sus aborrecidos kilos.<br />
No sólo están sobre el tapete las conocidas polémicas sobre el índice de masa corporal en las pasarelas de Madrid, Milán o París. Resulta que, por fin, alguien está descubriendo que no sólo existe un mercado de mujeres por encima de la talla 40 (un diez por la pionera campaña de Dove “por la belleza real” y su Fundación por la Autoestima); sino que, además, muchas de ellas tienen 45, 50, 60 y 70 años. Y, normalmente, una cuenta corriente más saneada que la de una jovencita de quince años para comprarse cremas o trapos de cierto nivel. La imagen de Jane Fonda para L’Oreal es un buen ejemplo.<br />
Como os comentaba al principio, algo está cambiando. Pero creo que el escollo más difícil está aún por vencer. Hace unos días, durante una cena con unas amigas, comentábamos el mal humor que nos invade ante el espejo. Ese momento en el que comenzamos a quitarnos los sujetadores <em>push-up, </em>las medias <em>stay-in</em> y las braulias<em> fit-on…</em> y todo se desparrama por la puñetera ley de la gravedad y la edad. Y claro, con esa mala<em> milk, </em>a una se le quitan las ganas de arrumacos y de lo que viene después.<br />
¿Cuándo y cómo aprenderemos a mirar nuestro reflejo sin sentirnos avergonzadas? ¿Por qué hay que explicar que a los 50, 60, 70 y 80 también nos gusta el sexo, que no nos convertimos en ángeles asexuados? ¿Quién decidió que la elegancia sólo puede ser delgada? ¿En qué momento alguien nos convenció de que las lorzillas, las patas de gallo, los alegres hoyuelos de la celulitis eran incompatibles con la sensualidad? ¿Por qué nos machacan con la liposucción, el bótox, las prótesis de pecho y trasero o el balón intragástrico? ¿Por qué los grandes de la moda que han dictado tendencias y sentencias suelen ser tíos?<br />
Caris, creo que ese último escollo está insertado en nuestras cabezas cual chip alienígena, como sucede en las pelis de ciencia ficción. Y será lo más difícil de extirpar en todo el proceso.</p>
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		<title>Reloj biológico</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2009 09:24:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Queridas caris:
Dicen los expertos que tardamos más en adaptarnos al cambio de horario de verano, porque nos restan una hora de sueño, que al de invierno, porque la ganamos. Mi reloj biológico se empeña en llevar la contraria (una, que es Marialacontra por naturaleza) y se resiente más cuando, en la madrugada del último domingo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-190" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2009/11/reloj.jpg" alt="reloj" width="350" height="262" />Queridas caris:</p>
<p>Dicen los expertos que tardamos más en adaptarnos al cambio de horario de verano, porque nos restan una hora de sueño, que al de invierno, porque la ganamos. Mi reloj biológico se empeña en llevar la contraria (una, que es <em>Marialacontra </em>por naturaleza) y se resiente más cuando, en la madrugada del último domingo de octubre, de repente, a las tres de la madrugada son las dos.<br />
Estos días he leído artículos tanto en contra como a favor de la medida: que si se ahorra en energía, que si no; que si el resultado no es el mismo en Canarias que en Andalucía, o en Dinamarca que en Italia… Pero la mayoría coinciden en que lo que no está realmente cuantificado (además del ahorro energético!!??) es el gasto sanitario que conlleva. Y que afecta, sobre todo, a bebés y ancianos, especialmente en lo que a trastornos del sueño se refiere. Dado que ya es difícil incluirme en la primera categoría, tengo que llegar a la conclusión de que estoy entrando en la vejez rozando la cincuentena.<br />
Por si el revuelo hormonal y sus consecuencias (insomnio, sofocos o irritabilidad, entre otros) no fueran suficientes, tengo que luchar contra la pereza, la tristeza y la estrategia del caracol que me invaden cuando a las seis de la tarde ya es de noche. Mi escasa vida social se ve seriamente perjudicada porque suelo rechazar cualquier invitación más allá de esa hora. A veces añoro los horarios anglosajones, para los que un evento a las 21 horas es seriamente sospechoso de aquelarre de brujas, como poco.<br />
(De hecho, creo que mi estómago es más bien<em> british: </em>desayunaría con gusto a lo bestia, me reclama manduca hacia la una del mediodía y comienza a protestar de nuevo hacia las ocho de la tarde.)<br />
Hay quien aduce que, si no cambiáramos la hora, el efecto sería el mismo pero por la mañana: el hecho de levantarse a oscuras (y mucha gente lo hace todos los días aun en invierno), nos deprimiría lo mismo. Desde mi punto de vista, no es cierto: el hecho de contemplar el amanecer, o la certeza de que llegará, es infinitamente más positivo para el ánimo que el saber que restan, al menos, doce horas de oscuridad por delante.<br />
En fin, caris, queda el largo invierno por delante, con sus lluvias, fríos, nubes, navidades, carnavales, <em>sanvalentines, semanasantas</em>… Pero también con su aroma a leña en la chimenea, paseos por la nieve, regalos, risas, familia, amores y vacaciones.<br />
¡Feliz invierno a todas!</p>
<p>Hannah Malauva</p>
<p>P.D.: Siendo incongruente conmigo misma, el próximo jueves 12 de noviembre he aceptado una invitación para presentar el libro de Carmen Robles “El reencuentro. ¿Cómo aman las mujeres?” (ed. Cálamo). Será a las 19 horas en Ámbito Cultural de El Corte Inglés (c/Serrano, 52 de Madrid). Estáis todas invitadas. Un euro de cada ejemplar vendido será destinado a la lucha contra la mutilación genital femenina.</p>
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		<title>Erótica de la fregona</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Oct 2009 14:51:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hannah Malauva</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Queridas caris:
El personal ya no sabe que inventarse para que los tíos empuñen, de una vez por todas, el mocho. Titulares en televisión y webs:
LAS TAREAS DEL HOGAR EN PAREJA SON UN POTENTE AFRODISÍACO. Lo pongo así, en mayúsculas, porque todavía no me he repuesto del impacto, por más que lo leo una y otra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-184" src="http://www.servicioshf.com/hfblogs/hannah_hormonas/files/2009/10/frefona.jpg" alt="fregona" width="200" height="494" />Queridas caris:</p>
<p>El personal ya no sabe que inventarse para que los tíos empuñen, de una vez por todas, el mocho. Titulares en televisión y webs:</p>
<p>LAS TAREAS DEL HOGAR EN PAREJA SON UN POTENTE AFRODISÍACO. Lo pongo así, en mayúsculas, porque todavía no me he repuesto del impacto, por más que lo leo una y otra vez.</p>
<p>Para curarse en salud, dice el redactor de la <a href="http://www.antena3noticias.com/PortalA3N/noticia/sociedad/Las-tareas-del-hogar-pareja-son-potente-afrodisiaco/8721431" target="_blank">noticia</a> que “puede parecer una afirmación gratuita, pero es lo que asegura un estudio realizado en EE.UU y publicado por un periódico ‘tan serio’ como <em>The Wall Sreet Journal”</em>.</p>
<p>Vayamos por partes. ¿Quiere esto decir que si la “investigación” se hubiera realizado en Kazajastán, por ejemplo, le restaría validez? ¿O que si lo hubiese publicado, sin ir más lejos, la edición americana de Elle nadie se habría fijado en ella? Pero, claro, lo publica un diario de esos “serios” que leen –entre otros- los mismos tiburones que nos han llevado a la crisis financiera mundial. Supongo que, al quedarse sin empleo, algunos han tenido que prescindir del ama de llaves, de la <em>nanny </em>y de la cocinera. Y se habrán visto obligados a enfangarse con algo tan engorroso como lavar los platos o pasar la aspiradora.</p>
<p>Prosigamos: FREGAR Y COCINA, UN POTENTE AFRODISÍACO, dicen nada menos que 7.000 parejas. Como dice Nora, pa’mi que las han buscado con lupa para llegar a esa conclusión. Porque, caris, confieso que lo del cubo con agua sucia y la fregona no me pone pero lo que se dice nada. Lo de los pucheros, tampoco. Y no digamos ya lo de planchar en el mes de agosto, <em>toa </em>sudadita y de mal humor (O-D-I-O esta tarea doméstica).</p>
<p>La escena de “El cartero siempre llama dos veces” (Bob Rafelson, 1981), donde Jessica Lange y Jack Nicholson tienen un arrebato sobre la mesa de la cocina, me provoca siempre las mismas reflexiones, a saber:</p>
<p>¡Qué lástima de panecillos horneados, todos al suelo de un manotazo!</p>
<p>¡Qué pringue, con toda la harina espolvoreada por el cuerpo! (Quizá sea mi vena Mrs. Proper.) ¡Qué dolor de huesos, con esa mesa de madera como único punto de apoyo!</p>
<p>El cine (y ahora también la televisión) nos ha vendido siempre escenas de este tipo. ¡Pero qué manía con las relaciones sexuales sobre la encimera de la cocina, la mesa del despacho o la del quirófano! (Y ojito, que nadie se hiere nunca con los cristales de un plato o un jarrón rotos, ni con el bisturí; y tampoco explican si el portátil que ha volado al suelo se ha escacharrado para siempre.) Con lo cómoda y blandita que está la cama…</p>
<p>Prefiero los largos preámbulos, cena con velas incluida, y los fuegos artificiales en un colchón amplio. Podría decir que, a estas edades, lo del “aquí te pillo, aquí te mato” ya no me atrae. Pero estaría mintiendo: ni cuando era jovencita me gustaban los achuchones incómodos en un coche, pendientes de si alguien te iba a sorprender o de si se iba a manchar la tapicería (debería hacerme mirar esto, ¿no creéis?).</p>
<p>Y para terminar, esta perla: “Los autores del estudio concluyen que compartir las tareas de la casa incide en el núcleo duro del matrimonio, porque es una renovación cotidiana de la voluntad de compromiso y del espíritu de equipo. Y eso, claro, es mano de santo para entenderse en la cama…”.</p>
<p>Aún estoy<em> ojiplática.</em> Tentada estoy de correr hacia mi santo, melena al viento y plancha en mano, para preguntarle si quiere que renovemos nuestra voluntad cotidiana de compromiso.  Y tiemblo porque no sé si nuestro espíritu de equipo se está resquebrajando: se niega a planchar desde hace décadas (de las pocas cosas que no hace, además de su total extrañeza por otro electrodoméstico llamado lavadora).</p>
<p>En fin, sólo espero que el estudio sirva para que algunos se animen a remangarse la camisa y fregar los platos o barrer. Bienvenidos sean entonces informes tan sesudos.</p>
<p>Se me ocurre que, como en las cajetillas de tabaco pero en positivo, los fabricantes podrían incluir en el palo de la fregona o en el tubo del aspirador mensajes como éste: UTILIZAR ESTE ARTILUGIO INCREMENTA LA FRECUENCIA DE LAS RELACIONES SEXUALES.</p>
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