Junio 23, 2009

Dilema

hananh.jpgQueridas caris:

Cuando tomo una decisión, sigo dudando de si ha sido la más acertada. Soy un ser de naturaleza dubitativa, como la mayoría de las personas inseguras. Os cuento.
Tengo una amiga, una amiga íntima, una de esas “mejores amigas”, si no la mejor, con la que he compartido secretos, risas, lágrimas, alegrías y penas. O la tenía.
Hace unos meses, comenzó a tener problemas serios: con su pareja, con sus hijos, con su situación económica. Cada vez que intentaba hablar con ella, se deshacía en un mar de lágrimas. En varias ocasiones, le ofrecí –como tantas otras veces- una tarde de café y confidencias para que, al menos, pudiera desahogarse. No quiso o no fue posible. Sólo conseguí que me dijera que, como siempre, yo tenía razón y que su vida y ella misma eran un completo desastre.
Parte de nuestra relación se ha basado en ese juego: ella definiéndose como una persona que nunca estaba a mi altura; yo, intentando convencerla de que eso era una sandez a la que no encontraba justificación alguna. Veía en mi amiga cualidades (y aún las veo) que, según ella, eran puro espejismo por mi parte.
Es cierto que, a lo largo de los años, he hablado con ella mil veces sobre actitudes hacia sus seres queridos que me parecían erradas o injustas. Como en cualquier amistad, en ese camino de ida y vuelta ella también ha comentado mis decisiones, mis vivencias o mis errores. Ambas nos hemos aconsejado siempre con respeto y cariño, conscientes de que –por encima de nuestras diferencias- estaba nuestra amistad, nuestra sintonía vital.
Pero algo cambió de repente. Comenzó a esquivarme, a evitar por cualquier medio la posibilidad de un encuentro a solas para que pudiéramos hablar tranquilas. Al principio, pensé que necesitaba un margen de tiempo para charlar sin que un nudo le atenazase la garganta. Pero ese tiempo se alargaba cada vez más.
Los únicos testigos de que nuestra amistad seguía en pie eran los mensajes por el móvil (“Estoy aquí siempre que me necesites” o “Lo sé”), que cada vez escaseaban más. Cuando nos reencontrábamos en reuniones familiares o de amigos, nuestros besos de bienvenida y despedida tenían (y espero que aún tengan) idéntico significado.
No hubo un momento preciso en el que decidiera que no podía perseguirla más; que ambas somos lo suficientemente “mayores” como para recurrir a la otra motu proprio. Fue, más bien, una certeza que fue creciendo y asentándose poco a poco.
Pero bailo continuamente en la cuerda floja de la duda. ¿Habré hecho todo lo posible para acercarme a ella? ¿Seré yo la que se aleja y no al revés? Conozco de sobra mi acentuado hábito de encerrarme en mi misma cuando me acosan los problemas y siento que no puedo enfrentarme a ellos. Y no estoy hablando de mi amiga.
Siempre me había parecido observar en alguna gente mayor (sé que es un término muy elástico) cierta tendencia al egoísmo. Estoy empezando a justificarlo porque, cuando la vida te atiza garrotazos que te dejan seca, es natural huir de la tragedia como de la peste y refugiarse en la tranquilidad del “ojos que no ven…”. El problema es que el corazón siente incluso con los ojos vendados.
¿Envejezco? ¿Me estoy volviendo egoísta? ¿No puedo o no quiero hacer más? Ni idea. Sólo sé que no quisiera perder a una buena amiga.

Hannah Malauva

P.D.: Hablando de amigas, Nora ha superado con éxito su primer “chute” de quimio. ¡Sé fue de compras con su hijo mayor tras la sesión! Está contenta, feliz y “de subidón” porque esperaba efectos secundarios que –afortunadamente- no se han presentado apenas.
Como a ella, y para todas las que estáis viviendo de cerca la enfermedad, os recomiendo la web de AEERI (Asociación Española de Estética Reparadora Integral), www.aeeri.org. Verse bien es parte de sentirse bien.

9 Comentarios

  • 1. Esther  |  Junio 23, 2009 at 11:59

    Querida Hannah:
    No quisiera ser tú, ahora mismo. Las relaciones entre amigas, como en la pareja o con la madre o con quien sea, atraviesan fases. A veces hay momentos en que la conexión es instantánea, y otros en que, aunque una sepa que la conexión sigue existiendo, la percibe como con grumos, con interferencias. ¿De dónde vienen esas interferencias, del emisor o del receptor? ¡Ay, si fuera fácil saberlo! El problema es que las cosas no son nunca enteramente blancas o negras, a veces nos alejamos de alguien porque notamos que somos molestos, y a lo mejor a esa persona le resultamos molestos porque ha percibido en nosotros algo que a su vez también le resulta molesto. No sé, lo único que se me ocurre es que llames a tu amiga (nada de mensajes) y que quedes con ella, cuando ella quiera, para merendar, para ir de rebajas, para tomar una cerveza… que por ti que no quede. Y quizá, si llegáis a veros, que no le preguntes nada, porque a veces hacemos cosas que en el fondo sabemos que no están bien y precisamente no queremos hablar de ellas para que no nos “regañen” o tengamos que confesar “nuestras culpas”. Yo tengo una amiga que me contaba todo, hasta que me dí cuenta de que empezó a “filtrarme” cosas porque a veces soy vehemente con mis juicios, y demasiado tajante, y eso me enseñó (te estoy hablando de mí ahora) que se puede opinar pero sin juzgar, aunque a veces sea difícil separar las dos cosas.
    Bueno, que parezco la madre de Elena Francis… ¡Besitos!

  • 2. Valle  |  Junio 23, 2009 at 13:30

    Querida Hanna:

    Yo me arriesgo y voy más allá, a pesar de que no conozco personalmente a tu amiga y debo guiarme por lo que cuentas. Si tu amiga siempre te ha puesto de ejemplo, echándose ella tierra encima, si afirma que siempre tienes razón, quizá le está pesando esa percepción (errónea o no) que tiene de ti y siente rechazo hacia lo que significas para ella ( lo que no tiene, o piensa que no tiene, envidia sana, vamos). Me explico: si le pareces mejor en todos los sentidos, no querrá compararse continuamente. Quedar contigo significa “recordarle” lo que le falta a ella (lo que piensa le falta, por supuesto).
    Yo soy de la opinión de que merece la pena luchar por los amigos de verdad, por la gente que realmente merece la pena, pero también pienso que si al hacer todo lo posible, la otra parte no lucha también, se la debe dejar temporalmente respirar. Creo que a veces pasamos por etapas en la vida de reflexión acerca de nuestras amistades, familiares, acerca de dónde estamos y hacia dónde vamos, etc… y no significa que queramos perderlos de vista para siempre, es simplemente que sentimos la necesidad de apartarnos de lo conocido para poder expresarnos nosotros mismos como seres individuales, es una manera de reafirmarnos, de probarnos hasta qué punto somos capaces de solucionar nuestros problemas con nosotros mismos (sabiendo, por supuesto que los amigos están ahí para cuando “volvamos”). Si tu amiga está pelín cansada de la relación, pero sabe que puede contar contigo, quizá haya que dejarla respirar y evitarle la saturación que le produce el seguir en la misma línea, quizá haya que renovar la amistad y evolucionarla hacia otro punto, aunque sin perder su intensidad. ¿Por qué no le preguntas si necesita que vuestra amistad sea diferente?, no hay que dar nada por hecho, deja que sea ella la que vaya a ti. Espero de corazón que vuestra relación siga siendo profunda y verdadera, porque ese tipo de amistad es difícil de conseguir y merece la pena, no la desgasteis con malos entendidos o cabezonerías. Quizá sea el momento de renovarla, como los matrimonios, jajajajajaja.
    Besos.

  • 3. Esther  |  Junio 23, 2009 at 18:29

    ¡Y, por supuesto, un beso enorme a Nora! Lo que bien empieza…

  • 4. Hannah  |  Junio 23, 2009 at 19:31

    Gracias a las dos por vuestros consejos! Creo que ambas tenéis parte de razón: he sido vehemente en mis juicios y ella, quizá, necesita respirar de mi. Tres corazones sienten más que uno, y desde fuera siempre se piensa mejor.
    Besos.

  • 5. nora  |  Junio 23, 2009 at 19:49

    hola a todasssssss
    estoy de vuelta, mientras la nausea no me acose …..,contenta y deseosa de continuar donde lo habíamos dejado.
    gracias a todas de corazón.
    querida hanna: estoy de acuerdo también con valle y esther.
    Creo que tu amiga está cansada de hablar de sus problemas porque se encuentra en un punto en el que comentarlos contigo le provoca más tristeza que alivio. Necesita descansar y puede que enfrentarse sola o de otra manera.
    Quizá se sienta culpable de su situación actual por errores cometidos que ya no tienen remedio y que posiblemente no quiera recordar.
    Es hora de solucionar el ya inmediato sin mirar atrás contínuamente.
    “Lo hecho, hecho está”, lo resume. Hay que mirar al futuro con una nota de esperanza, ayudale a ver ese punto positivo.
    besos
    nora

  • 6. Valle  |  Junio 24, 2009 at 9:38

    ¡Bien por ti Nora!

    Esa es la actitud que debes tener siempre, incluso cuando te fallen un pelín las fuerzas y lo veas todo “oscurillo”. Piensa que la mente es muy poderosa a la hora de afrontar cualquier tipo de enfermedad, pero sobre todo ésta, que es “muy psicológica”.
    ¡Sigue así que te sorprenderá la fortaleza tan enorme que tienes!
    ¡Muchos besos! ¡ANIMO Y A LUCHAR!
    Valle.

  • 7. Laia  |  Junio 24, 2009 at 16:28

    Nora, qué bien leerte por aquí.

  • 8. Marta  |  Junio 29, 2009 at 17:03

    Hola Hannah:

    Lo que parece claro es tu buena amiga no está bien…yo intentaría la “solución de emergencia”: dale una sorpresa, una cenita, una copita, un musical y promete que en ese encuentro de amigas está “prohibido quejarse” y hablar de penas…o problemas…sólo vale reir. A lo mejor sólo necesita eso: reirse…

    Besitos.

  • 9. marisol  |  Agosto 30, 2009 at 10:18

    por una verdadera amiga hay que hacer todo el esfuerzo posible,para que la amistad no se pierda, un amigo lo elejimos nosotros, y debemos luchar por no perderlos, yo he perdido varios en el camino y se añoran mucho.

Deja un comentario

Requerido

Requerido (permanecerá oculto)

Subscríbete a los comentarios via RSS



Hannah es Amparo Mendo, una periodista de raza, con un currículum que así lo avala: fue redactora jefe de la revista GEO, corresponsal en Washington para la agencia EFE, profesora de Comunicación en la Escuela de negocios ESERP, directora de contenidos de canales digitales, jefe de prensa de una productora audiovisual y actual blogger de excepción para AR. Todo un lujo... ¡a vuestro servicio!
Últimos posts
Archivo
Enlaces