El sueño
Queridas caris:
Voy a confesaros una adicción: soy una drogadicta de los libros de autoayuda (¿self-help-book-adict, diría un snob?) Los devoro con fruición y, lo que es peor, me los compro; nada de ir a la biblioteca o pedirlos prestados. La nena necesita droga de primera mano.
He probado de todo. Desde equilibrar mis yines, mis yanes y mis chakras, descubrir los secretos ocultos de mi mente y corregir mis zonas erróneas, hasta estimular mi autoestima, mi creatividad o mi productividad; pasando por perfeccionar mi gestión del tiempo, mis dotes de comunicación, las relaciones con los demás o mi apreciación de la felicidad en los gestos cotidianos; sin olvidar las guías para sanar mis emociones, controlar mi ira, desarrollar mi inconsciente consciente, escuchar mi voz interna, aprender a relajarme, elaborar mis duelos, potenciar mis puntos bionergéticos o librarme de mis miedos.
Intento llevar a la práctica la teoría que aprendo. Al menos, durante las dos horas posteriores al término de la lectura.
Si hay algo que todos esos libros tienen en común es la insistencia de sus autores en que hagamos listas: de nuestros defectos y virtudes; de cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo lo hacen los demás; de nuestros éxitos y fracasos; de nuestros objetivos realistas y de los inalcanzables… ¡Pero qué manía!
Sin embargo, me ha sucedido algo esta noche pasada. He tenido un sueño y he logrado interpretarlo.
Os cuento: iba como pasajera en la tercera fila de un extraño avión con un interior diáfano, sin separación entre la cabina de la tripulación y los asientos. El comandante de la aeronave es un tipo atlético y moreno al que, de repente, le da una especie de brote iracundo que nos pone a todos en peligro mortal de estrellarnos. Mientras tanto, el copiloto se asusta de tal manera que es incapaz de reaccionar y se queda paralizado, encogido, mirando al otro con ojos aterrorizados, como platos. El piloto intenta un aterrizaje de emergencia tras cortar –como si fuera mantequilla- la parte delantera de la aeronave con un cutter (a mi no preguntéis, los sueños son así).
Con el boquete abierto en el morro, el descenso es –sin embargo- suave. Es de noche y se vislumbra un camino de tierra con árboles a los lados. Por el sendero se intuyen las sombras de dos jóvenes, uno más alto que otro, tocados con sendos sombreros vaqueros. Caminan hacia una mansión iluminada al fondo. Tiene una gran escalinata central de mármol, perfilada por una balaustrada clásica. La fachada está pintada en ese tono burdeos de algunas villas toscanas (las he visto en las revistas de decoración, otra de mis drogas favoritas), que contrasta con el blanco de puertas y ventanas.
Los dos muchachos se agachan de repente, sobresaltados por el rugido de los motores. Milagrosamente, salvan sus vidas mientras el avión se dirige hacia un choque inexorable con la mansión. Desde mi tercera fila, me parece mucho más sólida que el aparato.
Sin embargo, y a pesar de las circunstancias, mantengo en todo momento una actitud de tranquilidad y sosiego. La casa se acerca. Diez metros, cinco, cuatro, tres… Lentísimo fundido a blanco.
Me despierto empapada en sudar y, tras reflexionar sobre el sueño, cojo la libreta y el lápiz que tengo en la mesilla de noche. Por primera vez pongo en práctica las recomendaciones de los autores. Esta es la transcripción de mis notas:
• Yo soy el piloto, en mi versión más temida (por mi misma) de descontrol absoluto.
• Yo soy el copiloto, atenazada por el miedo y la inseguridad.
• Yo soy la pasajera tranquila de la tercera fila.
• El avión es un símbolo del viaje de mi vida.
• La mansión es a donde quiero llegar, un lugar seguro y sólido, que resistirá el choque con todos mis otros “yo”. También puede ser mi santo, con idéntico resultado.
• Los dos jóvenes pudieran ser mis hijos.
Juro que no me tomé nada antes de dormir. Ni tampoco lo he hecho para escribir esto.
¿Queréis contarme vuestros sueños y cómo los habéis interpretado?

10 Comentarios
1. Valle | Mayo 29, 2009 at 16:51
Hola chicas:
Yo os diré que tengo fama de bruji entre los que me conocen, yo lo llamo “una intuición especial”, de hecho, mi jefe antes contratar a una persona, me pide que hable un rato con ella. Es más, cualquier comentario mío con respecto a alguien (bueno, regular o malo) en la ofi, es muy tenido en cuenta por la gente con la que trabajo. Además, yo miro una embarazada y sé perfectamente si es niño o niña: todavía no he cometido ni un error, a mis compis, amigas y conocidas, por mucho que les hayan dicho otra cosa, yo les “adivino” el bebé, jajajajajajajajajajajaajajaja ( y por supuesto incluída mi hermana).
Y creo que por eso me decidí a estudiar Psicología, a pesar de mi edad, porque todo lo relacionado con la mente, me apasiona.
En fin, yo recuerdo uno de mis sueños con mucho humor, fue el siguiente:
- Soñé con una niña con la que estudié en el colegio y que hacía 30 años no veía (desde entonces). Yo subía una escalera mecánica en el metro y ella la bajaba. Nos cruzamos sin vernos, pero en mi sueño ella no tenía su cara, sino una cara de mujer nativa peruana.
Bien, pues al cabo de los días me la encontré en el metro, e iba de la mano de un chico peruano ( así tal y como lo cuento ).
En un principio, me pareció curioso, pero reconozco que pensándolo más tarde se me heló la sangre un poco.
Besos a todas.
2. Hannah | Mayo 29, 2009 at 20:00
Escalofríos me dan, Valle, cari!
Besos
3. maria coimbra | Mayo 29, 2009 at 20:49
Yo no puedo con los libros de autoayuda. Tantas instrucciones para vivir cada día me ponen un pelín nerviosa.
Prefiero dejarme llevar por mis instintos.
Aún así, sé bien que el practicar yoga me ayuda, pero es algo que hago yo. Con las indicaciones de una profe estupenda, desde luego.
Todos los jueves tengo esa cita que me sirve de muchísimo. Me hace sentir realmente bien.
Lo demás, pues supongo que como la mayoría de los mortales, a veces regular, a veces no tan bien, y de vez en cuando bastante bien.
Y lo de los sueños, no me queda más remedio que reírme. No recuerdo los sueños, nunca, no hay manera. Eso en condiciones normales.
Pero como me tome un vaso de vino en la comida y después duerma la siesta, o lo tome con la cena, entonces sí que sueño, sí y sí que los recuerdo, pero esos no se pueden contar, porque suelen ser subiditos de tono, y además con mi contrario, ni siquiera con alguien diferente. Así que mejor no digo nada, que forma parte de las intimidades de una y uno. Lo siento, pero no.
Leyendo vuestros sueños, casi, casi que me alegro de no recordar nada. Qué angustias!
4. Esther | Mayo 30, 2009 at 13:20
Confieso que desde que empecé a leerme “Tus zonas erróneas” pensando que el título en realidad era “Tus zonas erógenas” y no llegábamos nunca al meollo de lo que yo creía que era la cuestión, los libros de autoayuda no me emocionan. Pero confieso también que siempre que me encuentro ante un artículo o algo que habla de cómo superar miedos, organizarse, ser feliz, etc. me lo leo de un tirón. Es más, Hannah, yo metería este blog bajo el concepto de autoayuda: es una gimnasia para el cerebro y para el ánimo que me ayuda a estar mejor. Como dirían en las terapias de grupo… ¡te queremos, Hahhan!
5. Valle | Junio 1, 2009 at 13:29
….. jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja… Esther cariño, me parto con lo del libro. Esto en Psicología tiene un nombre: ACTO FALLIDO.
Los actos fallidos son acciones defectuosas debido a la interferencia de algún deseo, conflicto o cadena de pensamientos inconscientes. Los actos fallidos pueden ser lapsus de la lengua o de la pluma, o también “meteduras de pata” motivadas por algún deseo o pensamiento inconsciente no controlado. Para Freud los casos de actos fallidos no son producto de la casualidad o el descuido, sino que están movidos por un deseo inconsciente que no encontraría otra forma de aflorar a la conciencia que burlando de esta manera la censura.
Así que mi niña Esther…, lo que viene a decir es que estabas pensando en LO ÚNICO cuando lo compraste, jajajajajjajajajajajjajja.
6. Laia | Junio 1, 2009 at 13:58
Querida Hanna: tus sueños son películas de largo metraje. ¡Qué bárbaro! ¡Qué cantidad de detalles! ¡No falta de nada! Yo, que presumo de buena memoria, y ahora no recuerdo ningún sueño, me he quedado a la altura del betún.
Dedicado a Esther y Valle. (Acto fallido). Una mujer se encuentra a un amigo y le dice: “Hola Follardo, ay, qué cabeza, Gerardo, ¿en qué estaría yo pensando?. Pues eso.
7. Esther | Junio 1, 2009 at 23:00
¡Ja, ja, ja! Laia, me ha encantado lo de Follardo… A fin de cuentas, entre fallido y f*llado no hay mucha diferencia, ja ja ja (pongo el asterisco para que no nos censuren los amantes de lo políticamente correcto…)
Valle, me ha encantado también lo de “lo único”. Cierto es
(Cómo se nota que es primavera)
8. Valle | Junio 2, 2009 at 13:31
Sí Esther:
Yo confirmo y RE-confirmo que sólo pensamos en LO ÚNICO.
Yo estudiando para un examen de Neuropsicología, recuerdo un tema sobre Ictus y hablaba de las consecuencias POSTICTALES y yo no leía más que POSTCOITALES. Te juro que cuando me paré 10 minutos a separar las letras, me dio un ataque de risa, (claro, con eso de que uno no sabe, piensa que todo puede ser posible).
Si hubiera sido una exposición de doctorado…
9. Laia | Junio 2, 2009 at 16:15
Pues yo ahora con este calor y pensando en una obra que voy a hacer y que me está quitando la vida, lo único para mí no es LO ÚNICO. Ahora pienso en albañiles, enchufes (no sabéis que pasta cuestan), inodoros, suelo… ¡ay, quién me mandará meterme en estos berenjenales! Si unas sillas medio rotas, el suelo decorado con las miles de manchas con que mi hijo de 7 años salpica la madera, los grifos que gotean y la pared sucia no son nada de nada… Pues yo, venga, a pedir presupuestos y a llenarme la cabeza de números. Qué pereeeeeezaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
10. Hannah | Junio 2, 2009 at 21:25
Caris: veo que no soy la única a la que afectan los calores, ya sean climatológicos, climatéricos o “unicales”. Ozú, y yo pensaba que me había salido un post rarrro, rarrro, rarrrro!!!!!
Bsts a todas.
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